26 de agosto de 2007

Desmilitarización de la policía

En una columna reciente (El Tiempo, 18-08-2007) manifesté que “para construir una cultura de fuerza exclusivamente civil, un primer paso es la creación de un Viceministerio de la Policía…. Un segundo paso es la división de tareas entre esta policía civil dedicada a la seguridad en las ciudades y una policía más rural con estatus militar (…) al estilo de gendarmería francesa”. La pregunta de fondo es: ¿Cuál es la organización institucional de las fuerzas militares y policiales que más conviene a la situación actual y de mediano plazo en Colombia? No pocas personas han reaccionado y por ello van algunas ampliaciones a estas ideas.

La desmilitarización de la Policía es un propósito ya expuesto por algunos analistas. El tema es cuándo y cómo. Para muchos habría que esperar a salir del conflicto armado. La realidad es que en las zonas urbanas la problemática de seguridad no es precisamente el conflicto armado, sino el delito común, la violencia no letal, los problemas de convivencia y el control de la normatividad urbana.

Esto exige respuestas modernas distintas a las tradicionales de seguridad nacional, tal como Bogotá o Medellín lo han venido experimentando. El cuándo puede ser ahora. Colombia podría contar con un cuerpo de Policía Nacional para las grandes zonas urbanas manejado desde un Viceministerio de la Policía, en el Ministerio del Interior. No pocos advierten, con algo de razón, el riesgo de exponer el manejo de la policía a la negociación política ejecutivo-legislativo. Frente a esto se puede considerar, jugársela definitivamente con un Ministerio de la Seguridad Pública, como en Québec, o bien, concentrar la interlocución con el legislativo en un Ministerio de Relaciones con el Congreso.

La idea de separar policía urbana y policía rural nace de una lectura de la seguridad en clave territorial. La diversidad de situaciones territoriales hace pensar que hay que tratar distinto lo que es diferente. En seguridad esto es particularmente cierto y haría necesario concebir un esquema y una organización de la policía para zonas urbanas y otros para zonas rurales.

Martha Lucía Ramírez había introducido la reflexión sobre la policía rural. Vamos en que la Policía Nacional ha incluido en su organigrama y objetivos la referencia a la Policía Rural, asumida por los carabineros; incluso se ha propuesto una formación técnica en temas agropecuarios para este cuerpo. La iniciativa debe ir más allá. A diferencia de la policía urbana, una policía rural en zonas de conflicto armado debería tener estatus militar y complementar la tarea de recuperación del territorio que cumple el Ejército, con la de permanencia y orden público, más cercanas a la función policial. Como lo plantean Haenel y Lizurey en su libro La gendarmerie, esta opción representa una perspectiva realista para las zonas en las que la herramienta militar vaya ameritando una reorientación hacia las necesidades de la seguridad pública.

Publicado El Nuevo Siglo 26-08-2007
Publicado
www.lapalabradigital.com

20 de agosto de 2007

Evoluciones necesarias de la policía urbana

Causaron indignación y preguntas en la ciudad las imágenes de las agresiones policiales a un taxista. Indignación, porque contrastan con esfuerzos de varios años para construir una cultura ciudadana y una política de seguridad en perspectiva de derechos humanos. Preguntas, pues obligan a reflexionar sobre su significado como indicio de necesarias evoluciones en la fuerza pública de Bogotá.

El comandante de la Policía de Bogotá ha advertido que se trata de un caso aislado. La ciudadanía se pregunta por la existencia de casos similares. En el fondo, la pregunta significa plantear la necesidad de una mayor relación entre la Policía y la ciudadanía. Es sano que la cultura policial incorpore nuevos esquemas de diálogo con la población y luego, sustentados en cifras de delitos, de percepción y de prevención y en información periodística, nuevos esquemas de rendición ciudadana de cuentas.

La imagen de la Policía se ha vista afectada. El comandante de la Policía de Bogotá hizo lo correcto tomando de inmediato las medidas que el caso ameritaba. La pregunta que surge es cómo se evitarán en el futuro este tipo de actos. Para ello se debe entender bien qué pudo determinar la reacción de patrulleros. ¿Se trata de un problema de formación policial? ¿De cultura de algún grupo pequeño? ¿De secuelas del servicio anterior en zonas con situaciones críticas de violencia? ¿Fue una mala interpretación de la legítima defensa? ¿Una reacción a la presión por resultados? El análisis profundo que pueda liderar el Gral Naranjo y luego compartir con la ciudadanía, contribuirá a superar la situación.

También son necesarias reflexiones de fondo sobre los desafíos futuros para la fuerza policial. A los debates sobre el pie de fuerza y sobre las divergencias entre seguridad ciudadana y seguridad nacional o entre políticas nacionales y distritales, se suman hoy interrogantes sobre las nuevas prioridades de la seguridad urbana y las formas de asumirlas: delito común, problemas de convivencia, control del cumplimiento de normas distritales, etc.

Es entendible que una Policía con creciente militarización en los últimos lustros y además solicitada en Bogotá para muchas responsabilidades adicionales a la vigilancia (escoltas, policía de tránsito, de turismo, diplomática, de menores, comunitaria, ambiental, judicial, SMAT, etc.) tenga que dar menor prioridad efectiva a tareas como la prevención del delito común, la promoción de la convivencia, las tareas de policía comunitaria, el control de las normas distritales o aún la resolución temprana de conflictos. La seguridad de Bogotá necesita un fortalecimiento de las funciones de proximidad y prevención frente a problemas como las lesiones personales, asociadas a la conflictividad en los barrios; o como el delito callejero, que depende en mucho de la presencia disuasiva de funcionarios y agentes en la vía pública.

Se debe analizar de manera serena y argumentada la creación –experimental y sólo en Bogotá- de un cuerpo distrital que cumpla funciones específicas de complemento, que no de reemplazo, a la Policía Metropolitana. Sería un cuerpo distrital no armado destinado a la prevención de problemas de convivencia y al control de la normatividad distrital, temas fundamentales en la concepción moderna de la seguridad ciudadana.

Desde el nivel nacional el esfuerzo de militarización de la Policía no facilita la focalización en estos temas de la seguridad ciudadana. Para construir una cultura de fuerza exclusivamente civil, un primer paso es la creación de un Viceministerio de la Policía en el Ministerio del Interior. Un segundo paso es la división de tareas entre esta policía civil dedicada a la seguridad en las ciudades y una policía más rural con estatus militar y ligada al Ministerio de Defensa, al estilo de gendarmería francesa, que mantenga el orden público en las zonas y pueblos aún amenazados por el conflicto armado.

Este sería el comienzo del camino para darle a la institución policial en el país y en Bogotá un campo de acción moderno y afín a las necesidades actuales de los ciudadanos urbanos.

Publicado El Tiempo 18-08-2007

17 de agosto de 2007

Cómo gana Samuel

Samuel Moreno puede ser el próximo alcalde de Bogotá. Hasta ahora ha demostrado con habilidad la mejor estrategia política. Ganó bien la consulta interna del Polo, con los apoyos del sector más pragmático y del ala más radical, que aplicó la lógica de Francisco Mosquera según la cual los grandes ríos no sólo se hacen con aguas cristalinas. Estos grupos hicieron una mejor lectura de la forma de ganar jugando la carta de exacerbar la aversión que existe a quedar inscrito en el Polo en simpatizantes de centro-político e independientes.

Pero Samuel ahora esta aglutinando más allá de la izquierda radical y los sectores pragmáticos. Maria Emma, Parmenio, Petro, Navarro y De Roux serían decisivos a la hora de atraer el voto de opinión y contribuir a la solidez programática. Una parte del liberalismo, principalmente la base, no tendrá complejo para tomar la vía de Samuel. También se acercarán conservadores, unos rosaristas amigos de vieja data de Samuel, otros amigos de Maria Eugenia Rojas de tiempos de Belisario. Hasta uno que otro uribista lo acompañaría, a pesar del llamado al orden por parte del Presidente al partido de la U, pues el debate local se está apartando de la polarización nacional. La estrategia de Samuel se parece a la de Mitterrand en 1981 que, camino a la presidencia de Francia, primero aglutinó la izquierda y después unió a su aspiración sectores de centro y hasta algunos de derecha.

Un tema por analizar es el rápido crecimiento de Samuel. Seguela, el estratega de Mitterrand, sostenía que había que ser preciso en el tempo y sobrepasar al opositor en el momento oportuno, ni antes ni después. Planeado o no, fue el caso de Garzón y de Mockus II. Pero la encuesta reciente, positiva para Samuel, a más de dos meses de la elección, ya ha debido permitir al equipo de Peñalosa hacer un replanteamiento.

Samuel gana si mantiene la izquierda unida, brindando espacio real a todos sus sectores, históricos o de opinión. Si termina de seducir a la base liberal y consolida el apoyo conservador, que podría tener la tentación de hacerse contar con Leyva. Pero lo más importante es desarrollar la campaña de opinión, sustentada en propuestas sólidas y un equipo técnicamente competitivo. Hasta ahora los sectores de opinión, que finalmente eligen alcalde en Bogotá, no tienen todos los elementos para valorar lo que Samuel puede significar. Los que hoy consideran antipático a Peñalosa, podrían cambiar de posición. La clave del triunfo de Samuel está en la dinámica de conquista de la opinión. Como Lucho en 2003. Incluso, si lograra vencer con un “sinfalla” de los grupos pragmáticos y con exitosas alianzas políticas, los sectores independientes y de opinión serán claves para contrarrestar apetitos burocráticos postelectorales y para gobernar. La gobernabilidad de Bogotá dependería de las “justas proporciones” en la conformación del equipo de gobierno de Samuel.

Publicado El Nuevo Siglo 20-08-2007

15 de agosto de 2007

Cómo gana Peñalosa

Peñalosa lideró las encuestas para la Alcaldía de Bogotá hasta el mes de julio. Después, Samuel Moreno repuntó y lo sobrepasó en algunas de ellas. Se decía que lo de Samuel era resultado de la exposición a medios durante la consulta interna del Polo, pero las cifras muestran una tendencia de crecimiento.

Peñalosa, otrora candidato independiente, organizó esta vez una campaña apoyado en Cambio Radical y la dirigencia liberal. Sus asesores le aconsejaron además abstenerse de asistir a los debates, pues suponían que los candidatos pequeños, sin nada que perder, buscarían ponerlo en aprietos. Empero, a más de dos meses de las elecciones, la disparada de Samuel puede estar obligando a un replanteamiento de la campaña y tal vez veamos a Peñalosa en próximos debates.

Peñalosa adolece también de un fenómeno sui generis. Es calificado de “antipático” por no pocos. Sus respaldos políticos han agregado incluso que “Samuel es más simpático”. Un análisis racional diría que la gente no debería ocuparse de esas frivolidades, mas en política juegan mucho el carisma del candidato y las pasiones de los electores. Ser considerado como antipático incide en la imagen negativa del candidato y perfectamente puede costar una elección.

Por otra parte, el discurso de Peñalosa parece más referirse a la Bogotá de 1997 que a la de 2007. Para una parte importante del electorado Bogotá siempre fue como es hoy y poco o nada recuerdan las crisis de los 90s o las acciones de Peñalosa. No es claro para esos electores porqué alguien se autoadjudica los éxitos de la ciudad. Se ha invertido mucho esfuerzo para construir el imaginario de un Peñalosa responsable de los avances en infraestructura, incluso de la construida después del 2000. Pero ese mismo fenómeno hace que muchos atribuyan a Peñalosa las fallas o los efectos asociados a esa misma infraestructura, incluso después de su alcaldía. Un ejemplo es el “efecto balón” sobre la inseguridad de obras de renovación urbana, que mejoraron los espacios intervenidos, pero tuvieron efectos en otro lado, como en los barrios alrededor del Parque Tercer Milenio o en la Cra 13 con el Trasmilenio de la Caracas.

Peñalosa puede ganar si no comete más errores. Debe reclamar lealtad a sus apoyos políticos y asumir el debate con todos los candidatos. Debe igualmente “revisar la cartilla” y adecuar su propuesta a la realidad de la ciudad exitosa de 2007. Finalmente, tiene dos cartas a la mano, arriesgadas por cierto. Primo, la "carta Uribe”. Un apoyo decidido del Presidente, a través de sus hijos, sería como un “todo o nada”, pues no es seguro que las polarizaciones nacionales se trasladen a las elecciones locales. Secondo, la "carta seguridad”. Pero los delitos de alto impacto siguen mejorando y, a pesar de la persistencia del delito común, la percepción no ha desmejorado según lo dijo recientemente Bogotá como Vamos.

Próxima columna: Cómo gana Samuel

Publicado El Nuevo Siglo 13-08-2007

4 de agosto de 2007

Es....¡verdad!

Bogotá es la ciudad del país con mayor cantidad de voto de opinión. Pero también, por su tamaño, la política tradicional se aprecia en distintos rincones de la capital. Se siguen comprando y vendiendo votos. Siguen apareciendo “líderes” que dicen tener algunos cientos de votos pero que necesitan un "incentivo" para poderlos "trabajar". Sus “clientes” pueden pertenecer a cualquier partido. Y los que saben de casos concretos difícilmente asumen la responsabilidad ciudadana de denunciar.

También siguen funcionando los “votos por empleos” o “votos por obras” y tal vez por eso muchos ciudadanos preguntan a los candidatos: "¿Y Ud qué da?". La promesa del favor político es la antesala del clientelismo. Encuentra su explicación en la tendencia tan colombiana de entender la intermediación como elemento central de la política, particularmente al elegir cuerpos colegiados. Pero como es difícil pagar favores individuales a tantos, la contracara de la promesa es la decepción por que "vino por aquí pero no lo volvimos a ver". Y vuelve y pasa.

A vuelo de pájaro, el electorado de Bogotá esta dividido en tres partes más o menos iguales: una muy proclive a la compra-venta de votos, una muy corporativizada y vulnerable al clientelismo y, afortunadamente, una de opinión que decide en función de propuestas concretas. Según la coyuntura y el tipo de elección la relación varía. La primera y la segunda encuentran su caldo de cultivo en las elecciones a corporaciones. En las elecciones de mandatarios, el voto de opinión tiende a ser más amplio.

¿Cómo hacer crecer el voto de opinión por encima del voto comprado y del voto amarrado? Depende de las responsabilidades que asuman unos y otros. Por ejemplo, los candidatos a la alcaldía tienen la responsabilidad de no eludir el debate y de someter sus propuestas a la confrontación democrática y al libre examen. En la actual campaña a la alcaldía de Bogotá, muchos sectores de opinión siguen extrañando la falta de debate serio. Pero eludir el debate tiene sus costos. No falta el candidato evasivo percibido como “antipático”, incluso por sus respaldos políticos, y que termina siendo el mayor enemigo de su propia aspiración.

Los candidatos a corporaciones tienen una responsabilidad de construir plataformas programáticas consistentes e integrales, si bien por el modo de elección pululan candidatos sin propuesta pero que han “trabajado bien” sus votos. También los hay con mucho músculo financiero para la compra de votos. Pero finalmente es la ciudadanía quien decide y sobre ella recae la mayor responsabilidad. Elegir candidatos sin propuestas, por venta del voto o buscando favores personales, se paga caro en las futuras decisiones sobre lo público.

En democracia de opinión, a falta de circunscripciones uninominales que facilitan la relación elegido-elector y la responsabilización de los candidatos, los medios de comunicación tienen también la responsabilidad de visibilizar los candidatos a corporaciones que por el tipo de elección “se pierden” fácilmente frente a la opinión.

Publicado El Nuevo Siglo 06-08-2007
Publicado
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