En 2018 la región avanzó. Desde una mirada a 18 mil pies de altura, la región cuenta ya con un proceso de articulación que cubre todo el continente y que está liderado por la ONU y por MINURVI, la asamblea regional de ministras y ministros de vivienda y desarrollo urbano. Además, se está construyendo una plataforma regional para el seguimiento de las transformaciones socio-económicas que genere la implementación y, lo que es importante para las instituciones nacionales y locales, se está integrando cada vez más la Nueva Agenda Urbana-NAU con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Lo anterior es loable y ha generado procesos conscientes y concretos de apropiación de la NAU a nivel nacional en países como Chile, Argentina, Paraguay, Ecuador, Bolivia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, México, Haití y República Dominicana entre otros. MINURVI como foro de cooperación regional espacio regional jugó un papel crucial en 2018 bajo la presidencia de Argentina. Y ya en 2018 con la presidencia de Costa Rica está desarrollando pasos concretos para avanzar: Consolidando bases de indicadores clave, iniciando un proceso de negociación de un acuerdo regional vinculante sobre temas urbanos, articulando con los ODS, etc. Todo apunta a que el próximo Octubre Urbano, durante la Asamblea de MINURVI y la Conferencia de las Ciudades de CEPAL/ONU-Habitat, será posible constatar un buen avance regional.
Dicho lo anterior, hay que seguir bajando a nivel de la “trinchera” y constatar que los niveles de implementación local de la NAU aún tienen mucho por avanzar. Durante 2019 debería poder trabajarse en los temas clave para que en los próximos años sea posible una transformación a escala:
1) Mas comunicación y sensibilización sobre la NAU. Que todos los municipios sepan que existe. Que todos conozcan porqué es importante. Que todos queden motivados para integrarla en su gestión. Que todos conozcan el Plan de Acción Regional para la implementación. En esta tarea la alianza con las asociaciones regionales de municipios y ciudades es crítica: FLACMA, Mercociudades, Red ALLAS, UCCI.
2) Mayor disponibilización de herramientas para la implementación local. Entidades regionales y nacionales deben avanzar en poner a disposición de metodologías y posibilidades de capacitación y de intercambio sobre buenas prácticas que muestren la relevancia de una cadena de valor de la urbanización sostenible.
3) Desarrollar el “business model” de la NAU y movilizar más fondos públicos y privados para apoyar operaciones e iniciativas urbanas integrales que materialicen la NAU. El mayor esfuerzo para 2019 está en apoyar y consolidar equipos capaces de estructurar operaciones e iniciativas urbanas integrales a escala y con diferentes niveles de complejidad. Para ir a escala, es necesaria una especie de revolución de procesos pequeños y efectivos en comunidades, barrios y ciudades diversas.
4) Desarrollar más mecanismos de seguimiento de la NAU a nivel local. El Indice de Prosperidad Urbana es una de las herramientas disponibles para ello y amerita una mayor promoción y divulgación.
5) Comunicar, comunicar y comunicar. Hay que hacer todos los esfuerzos posibles este 2019 para contar mejor las historias de impacto transformador de la NAU. Y esto a diferentes públicos y audiencias, utilizando todas las herramientas y recursos técnicos disponibles para el mejor “storytelling” posible.
Este es el esfuerzo técnico que debe estar contextualizado y tener en cuenta las realidades y dinámicas propias de América Latina y el Caribe en un 2019 en el que se prevén crecimientos económicos mediocres a moderados, si bien comprensibles por la coyuntura mundial. Todo esto marcado por acelerados procesos de movilidad humana principalmente desde Venezuela hacia Suramérica y desde Centroamérica hacia Norteamérica. Y con un telón de fondo ya conocido en esta región: Las trampas de la renta media que incluyen la baja productividad urbana; la integración social incompleta en las ciudades con un saldo además de violencias urbanas y exclusiones; y las asimetrías y debilidades en las instituciones locales. Que la implementación de la Nueva Agenda Urbana aparece como un proceso que puede ayudar a hacer frente a estos desafíos a la vez que se aprovechan las oportunidades de nuestra región. Tal es el desafío en 2019.
Rio de Janeiro, febrero 27 de 2019
Mis opiniones sobre temas territoriales, urbanos, sociales, políticos e institucionales.
4 de marzo de 2019
6 de febrero de 2019
El legado brasilero en la Nueva Agenda Urbana
En 2016 se promulgó en la reunión de Habitat III en Quito, Ecuador, la Nueva Agenda Urbana. Fue un documento de referencia para darle marco a la acción. Hoy cuenta ya con un Plan Regional, liderado desde CEPAL y ONU-Habitat a solicitud de los Ministros de Desarrollo Urbano y Vivienda de América Latina y el Caribe agrupados en MINURVI. Cuenta también con la iniciativa de plataformas a la Nueva Agenda Urbana que permitirá hacer seguimiento y al mismo tiempo apoyar su implementación. En la construcción de dicha carta de navegación urbana, América Latina contribuyó de manera importante a partir de sus experiencias, de sus logros en algunas ciudades, de sus avances en política pública nacional y en sistemas de referencia legal e institucional, de sus impulsos en política pública. También contribuyó con sus aspiraciones y sueños, muchos de ellos aún por escalar.
Ciudades como Curitiba, Buenos Aires, Montevideo, Rosario, Quito, Guayaquil, Bogotá, Medellín, Aguascalientes y muchas más, cuentan todas con ejemplos y casos “piloto” que han sido considerados como inspiraciones y contribuciones sólidas a la discusión que permitió llegar a la Nueva Agenda Urbana global. Esto es cierto en áreas como planificación urbana, espacios públicos, gestión de la pobreza urbana, mejoramiento integral de barrios, etc.
Pero en el campo de marcos institucionales y legales de política pública, es donde tal vez más contribuyó la experiencia latinoamericana a la concepción de la estructura y contenidos de la Nueva Agenda Urbana. Y en ello, Brasil ha sido un referente.
En las últimas dos décadas Brasil construyó un marco legal y normativo robusto orientado a sustentar la implementación efectiva de sus reformas urbanas. De esa manera pudo avanzar en temas como la regularización de tierras, con gran impacto en la posibilidad de brindar oportunidad de mejoramiento a las favelas y asentamientos precarios.
El avance normativo brasilero también permitió implementar instrumentos importantes, como las zonas especiales de interés social (Zeis) que permitieron un marco específico en materia de uso y gestión del suelo para apoyar el desarrollo de vivienda social y por ende un impacto positivo en la reducción de los déficits cuantitativo y cualitativo de vivienda en las ciudades brasileras.
Y hay varios hitos brasileros que han sido ampliamente reconocidos por América Latina y que han contribuido a forjar un imaginario sobre lo que debe ser la implementación de la Nueva Agenda Urbana. Esto incluye la aprobación del Estatuto de la Ciudad en 2001, la creación de una institucionalidad para las ciudades, en este caso el Ministerio de las Ciudades, en 2003; y la constitución de un órgano plural para facilitar la dialéctica, el intercambio de visiones y la concertación de diferentes actores sobre los temas urbanos, esto es el Consejo de las Ciudades, en 2004. Estos hitos facilitaron el desarrollo de políticas para acompañar a las ciudades en sus desafíos y oportunidades, estableciendo metas en sus planes y previendo importantes inversiones inicialmente en los sectores de saneamiento básico y movilidad urbana, y luego desde 2009 en vivienda social a través del Programa Mi Casa, Mi Vida. Todas estas experiencias han sido objeto de evaluaciones y análisis que han arrojado un acervo importante de orientaciones y lecciones aprendidas. Este activo también contribuye hoy como referente para algunos países en la implementación de la Nueva Agenda Urbana.
Finalmente, Brasil a través de sus instituciones y organizaciones ha impulsado el marco del Derecho a la Ciudad como concepto central de la Nueva Agenda Urbana. El Derecho a la Ciudad propende por una ciudad en la que todos puedan tener acceso a los servicios básicos y el goce de las oportunidades del desarrollo, y disfrutar de ello en libertad. En el leguaje más contemporáneo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el Derecho a la Ciudad propende por No Dejar a Nadie Atrás en las Ciudades. Si bien el concepto de Derecho a la Ciudad fue objeto de amplias discusiones durante los trabajos preliminares de Habitat III, logró ser incorporado ya que varios países que lo aceptaron como sinónimo de “Ciudades para todos” .
Será importante que la nueva institucionalidad brasilera en torno al Ministerio de Desarrollo Regional, que integrará las funciones del antiguo Ministerio de las Ciudades, pueda construir sobre lo construido y dar un paso nuevo en acciones, marcos de referencia y aspiraciones para las ciudades brasileras. América Latina toda podría seguir inspirándose de las futuras experiencias brasileras.
Rio de Janeiro, enero 30 de 2019
Ciudades como Curitiba, Buenos Aires, Montevideo, Rosario, Quito, Guayaquil, Bogotá, Medellín, Aguascalientes y muchas más, cuentan todas con ejemplos y casos “piloto” que han sido considerados como inspiraciones y contribuciones sólidas a la discusión que permitió llegar a la Nueva Agenda Urbana global. Esto es cierto en áreas como planificación urbana, espacios públicos, gestión de la pobreza urbana, mejoramiento integral de barrios, etc.
Pero en el campo de marcos institucionales y legales de política pública, es donde tal vez más contribuyó la experiencia latinoamericana a la concepción de la estructura y contenidos de la Nueva Agenda Urbana. Y en ello, Brasil ha sido un referente.
En las últimas dos décadas Brasil construyó un marco legal y normativo robusto orientado a sustentar la implementación efectiva de sus reformas urbanas. De esa manera pudo avanzar en temas como la regularización de tierras, con gran impacto en la posibilidad de brindar oportunidad de mejoramiento a las favelas y asentamientos precarios.
El avance normativo brasilero también permitió implementar instrumentos importantes, como las zonas especiales de interés social (Zeis) que permitieron un marco específico en materia de uso y gestión del suelo para apoyar el desarrollo de vivienda social y por ende un impacto positivo en la reducción de los déficits cuantitativo y cualitativo de vivienda en las ciudades brasileras.
Y hay varios hitos brasileros que han sido ampliamente reconocidos por América Latina y que han contribuido a forjar un imaginario sobre lo que debe ser la implementación de la Nueva Agenda Urbana. Esto incluye la aprobación del Estatuto de la Ciudad en 2001, la creación de una institucionalidad para las ciudades, en este caso el Ministerio de las Ciudades, en 2003; y la constitución de un órgano plural para facilitar la dialéctica, el intercambio de visiones y la concertación de diferentes actores sobre los temas urbanos, esto es el Consejo de las Ciudades, en 2004. Estos hitos facilitaron el desarrollo de políticas para acompañar a las ciudades en sus desafíos y oportunidades, estableciendo metas en sus planes y previendo importantes inversiones inicialmente en los sectores de saneamiento básico y movilidad urbana, y luego desde 2009 en vivienda social a través del Programa Mi Casa, Mi Vida. Todas estas experiencias han sido objeto de evaluaciones y análisis que han arrojado un acervo importante de orientaciones y lecciones aprendidas. Este activo también contribuye hoy como referente para algunos países en la implementación de la Nueva Agenda Urbana.
Finalmente, Brasil a través de sus instituciones y organizaciones ha impulsado el marco del Derecho a la Ciudad como concepto central de la Nueva Agenda Urbana. El Derecho a la Ciudad propende por una ciudad en la que todos puedan tener acceso a los servicios básicos y el goce de las oportunidades del desarrollo, y disfrutar de ello en libertad. En el leguaje más contemporáneo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el Derecho a la Ciudad propende por No Dejar a Nadie Atrás en las Ciudades. Si bien el concepto de Derecho a la Ciudad fue objeto de amplias discusiones durante los trabajos preliminares de Habitat III, logró ser incorporado ya que varios países que lo aceptaron como sinónimo de “Ciudades para todos” .
Será importante que la nueva institucionalidad brasilera en torno al Ministerio de Desarrollo Regional, que integrará las funciones del antiguo Ministerio de las Ciudades, pueda construir sobre lo construido y dar un paso nuevo en acciones, marcos de referencia y aspiraciones para las ciudades brasileras. América Latina toda podría seguir inspirándose de las futuras experiencias brasileras.
Rio de Janeiro, enero 30 de 2019
28 de octubre de 2018
Implementación de la Nueva Agenda Urbana en América Latina: Quo vadis?
En 2016 se promulgó en la reunión de Habitat III en Quito, Ecuador, la Nueva Agenda Urbana. Este documento de referencia es un marco para la acción. Esta acción ha comenzado y hay importantes avances en América Latina y el Caribe. También queda un gran trabajo por hacer para ir a escala en el número de iniciativas y acciones que permiten materializar su potencial.En 2016 se promulgó en la reunión de Habitat III en Quito, Ecuador, la Nueva Agenda Urbana. Este documento de referencia es un marco para la acción. Esta acción ha comenzado y hay importantes avances en América Latina y el Caribe. También queda un gran trabajo por hacer para ir a escala en el número de iniciativas y acciones que permiten materializar su potencial.
Un primer punto a rescatar es que la región “picó en punta” y fue la primera a nivel global en dotarse de un Plan de Acción Regional para la implementación de la Nueva Agenda Urbana. En efecto, MINURVI (la Asamblea Regional de Ministros de Desarrollo Urbano y Vivienda) solicitó a agencias de la ONU (ONU-Habitat y CEPAL) liderar un proceso para su configuración. Con más de 200 expertos participando, el plan fue lanzado inicialmente en 2017 y validado durante el Foro Urbano Mundial de Kuala Lumpur, Malasia, al inicio de 2018. Además, el Caribe tomo la iniciativa para realizar un plan sub-regional y más recientemente Centro América ha anunciado que va por el mismo camino.
En este marco, varios países han emprendido Políticas Nacionales Urbanas de Nueva Generación (Ej. Argentina y Bolivia), revisiones de sus marcos legales urbanos (Ej. México y Ecuador), fortalecimiento del marco de planificación urbana y territorial (Ej. Costa Rica, Cuba), adaptaciones del marco de inversiones en el territorio (Ej. Costa Rica, El Salvador, República Dominicana apoyados por el Banco Centroamericano de Integración Económica). Y una cantidad importante de ciudades han avanzado en la elaboración de planes explícitos para aplicar la nueva agenda urbana a nivel local (Ej. Zapopan, Querétaro, Mérida, San Salvador, San José, Santo Domingo, Bucaramanga, Cuenca, etc.). Se cuentan además iniciativas tendientes a consolidar el proceso de implementación: Ecosistema de Fondos para el Desarrollo Urbano Sostenible (Mercociudades), Plataforma Urbana y de las Ciudades para monitorear la implementación (CEPAL, ONU-Habitat, MINURVI), diálogo regional sobre Nueva Agenda Urbana y accesibilidad universal (colectivo World Enabled, GAATES); plataforma de jóvenes por la Nueva Agenda Urbana (Techo et al), entre otras.
En suma, la Nueva Agenda Urbana ya ha generado una dinámica nueva en la región y en general conectada a la Agenda 2030. Por ello, no pocos han adoptado la idea de utilizar la NAU como un acelerador de los ODSs en las ciudades. Esta perspectiva no solo es innovadora, sino también eficiente en la medida en que las ciudades podrán obtener resultados en la aplicación de ambas agendas globales y orientar mejor tanto su desarrollo y como la inversión pública. Ahora bien, todo esto debe ser consolidado y desarrollado exponencialmente si se quiere tener efecto y resultados a escala en la transformación real de ciudades y barrios. No hay que olvidar que América Latina sigue presentando niveles inaceptables de desigualdad que afectan el desarrollo sostenible de sus cerca de 18.000 municipios. El reto sigue siendo ir a escala, involucrar a todos los actores de la sociedad y poder financiar una diversidad de programas, iniciativas y operaciones de la NAU. Para esto se requiere más innovación que permita enfrentar las trampas propias de las economías en transición propias de América Latina: La trampa de la baja productividad urbana, la trampa de la integración social incompleta en las ciudades, la trampa de las asimetrías y debilidades en las instituciones locales.
Un nuevo marco de trabajo propuesto por CEPAL, Unión Europea y OCDE ha aparecido para relanzar las modalidades de cooperación internacional con economías en transición latinoamericanas que presentan estas patologías. La perspectiva de la implementación de la Nueva Agenda Urbana aparece como una que puede ayudar a acelerar la adaptación de la región a su nueva realidad de renta media al tiempo que se impulsa la innovación urbana.
Al día de hoy también cabe decir que esto podrá funcionar en la medida en que se proyecte para ser construido con, y apropiado por, la ciudadanía. Esto es condición sine qua non. Y como todo cambia, también es necesario que la Nueva Agenda Urbana se pueda adaptar para absorber la nueva ola migratoria regional producto de las crisis políticas de última generación en algunos países. Queda también por esperar que la vida en las ciudades no se vea afectada por los nuevos tiempos políticos de la región que parecen querer revivir viejos autoritarismos superados 30-40 años atrás.
Río de Janeiro, Octubre 26 2018
Un primer punto a rescatar es que la región “picó en punta” y fue la primera a nivel global en dotarse de un Plan de Acción Regional para la implementación de la Nueva Agenda Urbana. En efecto, MINURVI (la Asamblea Regional de Ministros de Desarrollo Urbano y Vivienda) solicitó a agencias de la ONU (ONU-Habitat y CEPAL) liderar un proceso para su configuración. Con más de 200 expertos participando, el plan fue lanzado inicialmente en 2017 y validado durante el Foro Urbano Mundial de Kuala Lumpur, Malasia, al inicio de 2018. Además, el Caribe tomo la iniciativa para realizar un plan sub-regional y más recientemente Centro América ha anunciado que va por el mismo camino.
En este marco, varios países han emprendido Políticas Nacionales Urbanas de Nueva Generación (Ej. Argentina y Bolivia), revisiones de sus marcos legales urbanos (Ej. México y Ecuador), fortalecimiento del marco de planificación urbana y territorial (Ej. Costa Rica, Cuba), adaptaciones del marco de inversiones en el territorio (Ej. Costa Rica, El Salvador, República Dominicana apoyados por el Banco Centroamericano de Integración Económica). Y una cantidad importante de ciudades han avanzado en la elaboración de planes explícitos para aplicar la nueva agenda urbana a nivel local (Ej. Zapopan, Querétaro, Mérida, San Salvador, San José, Santo Domingo, Bucaramanga, Cuenca, etc.). Se cuentan además iniciativas tendientes a consolidar el proceso de implementación: Ecosistema de Fondos para el Desarrollo Urbano Sostenible (Mercociudades), Plataforma Urbana y de las Ciudades para monitorear la implementación (CEPAL, ONU-Habitat, MINURVI), diálogo regional sobre Nueva Agenda Urbana y accesibilidad universal (colectivo World Enabled, GAATES); plataforma de jóvenes por la Nueva Agenda Urbana (Techo et al), entre otras.
En suma, la Nueva Agenda Urbana ya ha generado una dinámica nueva en la región y en general conectada a la Agenda 2030. Por ello, no pocos han adoptado la idea de utilizar la NAU como un acelerador de los ODSs en las ciudades. Esta perspectiva no solo es innovadora, sino también eficiente en la medida en que las ciudades podrán obtener resultados en la aplicación de ambas agendas globales y orientar mejor tanto su desarrollo y como la inversión pública. Ahora bien, todo esto debe ser consolidado y desarrollado exponencialmente si se quiere tener efecto y resultados a escala en la transformación real de ciudades y barrios. No hay que olvidar que América Latina sigue presentando niveles inaceptables de desigualdad que afectan el desarrollo sostenible de sus cerca de 18.000 municipios. El reto sigue siendo ir a escala, involucrar a todos los actores de la sociedad y poder financiar una diversidad de programas, iniciativas y operaciones de la NAU. Para esto se requiere más innovación que permita enfrentar las trampas propias de las economías en transición propias de América Latina: La trampa de la baja productividad urbana, la trampa de la integración social incompleta en las ciudades, la trampa de las asimetrías y debilidades en las instituciones locales.
Un nuevo marco de trabajo propuesto por CEPAL, Unión Europea y OCDE ha aparecido para relanzar las modalidades de cooperación internacional con economías en transición latinoamericanas que presentan estas patologías. La perspectiva de la implementación de la Nueva Agenda Urbana aparece como una que puede ayudar a acelerar la adaptación de la región a su nueva realidad de renta media al tiempo que se impulsa la innovación urbana.
Al día de hoy también cabe decir que esto podrá funcionar en la medida en que se proyecte para ser construido con, y apropiado por, la ciudadanía. Esto es condición sine qua non. Y como todo cambia, también es necesario que la Nueva Agenda Urbana se pueda adaptar para absorber la nueva ola migratoria regional producto de las crisis políticas de última generación en algunos países. Queda también por esperar que la vida en las ciudades no se vea afectada por los nuevos tiempos políticos de la región que parecen querer revivir viejos autoritarismos superados 30-40 años atrás.
Río de Janeiro, Octubre 26 2018
3 de enero de 2018
Por una cultura positiva y de esperanza
En 2009 interrumpí uno de los ejercicios que más me gustan: Escribir regularmente un blog, a manera de columna, para compartir ideas y pareceres, para aventurar propuestas y proyectar perspectivas surgidas de mis actividades, principalmente locales. El ejercicio duró unos tres años y me permitió intercambiar con personas cercanas y menos cercanas, sobre todo con aquellos que piensan diferente. Lo interrumpí al comenzar mi nueva vida en el servicio público internacional que es la ONU. Consideré que era momento de una pausa para dedicar más tiempo a las nuevas tareas y escenarios. Además pensé que era un acto de responsabilidad escribir menos sobre mi entorno cuando iba a estar alejado de la adrenalina del día a día.
Llegada la abstinencia bloguera al inicio de 2018, he decidido retomar el ejercicio, para volver a compartir ideas y pareceres por esta vía, para seguir aventurando propuestas y proyectando perspectivas, seguramente muy influenciadas por casi diez años de recorrido por muchos países y de constatar que las ciudades del mundo cada vez más están ganando nuevos espacios en la mesa de las decisiones globales. Lo que se decide (o no) y se hace (o no) en las ciudades, tiene cada vez más incidencia en el debate y en las agendas globales y regionales. Serán clave, aún sin advertirlo, no solamente las vivencias de estos años, sino también las conversaciones con líderes locales y con ciudadanos de a pie de América Latina y del mundo.
Y para completar el marco que me moverá, también estaré más influenciado por mis logros y mis frustraciones; por la creciente curiosidad por los misterios del comportamiento humano y por la indeclinable convicción de que el futuro personal, familiar y de la sociedad, depende al final del día de tres capacidades: De nuestra capacidad de hacer, de nuestra capacidad de dar significado a nuestros fracasos y de nuestra capacidad de llenarnos de razones para impulsar posiciones positivas y activas frente a los retos y las oportunidades de nuestra sociedad.
Y retomaré donde dejé. En diciembre de 2009 escribí sobre la necesidad (el deseo) de una cultura de esperanza en medio de un orden mundial en proceso de cambio. El cambio climático se ha confirmado como marco. Las guerras han cambiado de intensidad y ligeramente su geografía, pero siguen. Acabamos de pasar un período de recesión y seguimos esperanzados en el comportamiento de las economías emergentes, más allá de Brasil, México, Nigeria, Suráfrica, India y China. Peto tal vez, lo que más se ha confirmado de mi escrito de 2009, es que el motor del cambio, local o global, siguen siendo las emociones y la explotación de estas emociones. Emociones que, como el colesterol, las hay buenas y malas.
Las emociones y los sentimientos han seguido motivando decisiones nacionales y locales. Brexit, elecciones estadounidenses, votaciones catalanas, plebiscito de paz en Colombia, etc. Las sociedades siguen preguntándose por su identidad y por su futuro. Y los medios de comunicación y las redes, siguen no solamente difundiendo, sino acelerando y dando impulso a sentimientos y emociones. Seguimos constatando que muchos comportamientos colectivos e individuales que explican conflictos, se sustentan en sentimientos de humillación y o de miedo. Quien ha experimentado humillación, pierde confianza e identidad y es más propenso a alienarse con movimientos que promueven la venganza, la rabia y la intolerancia. Quien ha experimentado el miedo es más propenso a apoyar propuestas que promueven la desconfianza, la represión o el aislamiento.
No hay que bajar los brazos para pasar la página y construir escenarios locales, nacionales y globales donde la esperanza y el pensamiento positivo sean la esencia. Es necesario acabar con el pesimismo reinante y contribuir a la construcción de esperanza de manera sistemática y sistémica. Y eso no se logra sólo con la sola idea del optimista naif que piensa simplemente espera que mañana sea mejor. Se logra con la acción del positivo que piensa que mañana puede ser mejor y que hay que actuar en consecuencia para ello. Mi invitación, que no sólo mi deseo, para América Latina y el Caribe en 2018 es que actuemos en consecuencia y hagamos cosas concretas en las ciudades y las regiones que hagan posible esa cultura positiva y de esperanza. Seguimos.
Rio de Janeiro, Enero 3 de 2018
Llegada la abstinencia bloguera al inicio de 2018, he decidido retomar el ejercicio, para volver a compartir ideas y pareceres por esta vía, para seguir aventurando propuestas y proyectando perspectivas, seguramente muy influenciadas por casi diez años de recorrido por muchos países y de constatar que las ciudades del mundo cada vez más están ganando nuevos espacios en la mesa de las decisiones globales. Lo que se decide (o no) y se hace (o no) en las ciudades, tiene cada vez más incidencia en el debate y en las agendas globales y regionales. Serán clave, aún sin advertirlo, no solamente las vivencias de estos años, sino también las conversaciones con líderes locales y con ciudadanos de a pie de América Latina y del mundo.
Y para completar el marco que me moverá, también estaré más influenciado por mis logros y mis frustraciones; por la creciente curiosidad por los misterios del comportamiento humano y por la indeclinable convicción de que el futuro personal, familiar y de la sociedad, depende al final del día de tres capacidades: De nuestra capacidad de hacer, de nuestra capacidad de dar significado a nuestros fracasos y de nuestra capacidad de llenarnos de razones para impulsar posiciones positivas y activas frente a los retos y las oportunidades de nuestra sociedad.
Y retomaré donde dejé. En diciembre de 2009 escribí sobre la necesidad (el deseo) de una cultura de esperanza en medio de un orden mundial en proceso de cambio. El cambio climático se ha confirmado como marco. Las guerras han cambiado de intensidad y ligeramente su geografía, pero siguen. Acabamos de pasar un período de recesión y seguimos esperanzados en el comportamiento de las economías emergentes, más allá de Brasil, México, Nigeria, Suráfrica, India y China. Peto tal vez, lo que más se ha confirmado de mi escrito de 2009, es que el motor del cambio, local o global, siguen siendo las emociones y la explotación de estas emociones. Emociones que, como el colesterol, las hay buenas y malas.
Las emociones y los sentimientos han seguido motivando decisiones nacionales y locales. Brexit, elecciones estadounidenses, votaciones catalanas, plebiscito de paz en Colombia, etc. Las sociedades siguen preguntándose por su identidad y por su futuro. Y los medios de comunicación y las redes, siguen no solamente difundiendo, sino acelerando y dando impulso a sentimientos y emociones. Seguimos constatando que muchos comportamientos colectivos e individuales que explican conflictos, se sustentan en sentimientos de humillación y o de miedo. Quien ha experimentado humillación, pierde confianza e identidad y es más propenso a alienarse con movimientos que promueven la venganza, la rabia y la intolerancia. Quien ha experimentado el miedo es más propenso a apoyar propuestas que promueven la desconfianza, la represión o el aislamiento.
No hay que bajar los brazos para pasar la página y construir escenarios locales, nacionales y globales donde la esperanza y el pensamiento positivo sean la esencia. Es necesario acabar con el pesimismo reinante y contribuir a la construcción de esperanza de manera sistemática y sistémica. Y eso no se logra sólo con la sola idea del optimista naif que piensa simplemente espera que mañana sea mejor. Se logra con la acción del positivo que piensa que mañana puede ser mejor y que hay que actuar en consecuencia para ello. Mi invitación, que no sólo mi deseo, para América Latina y el Caribe en 2018 es que actuemos en consecuencia y hagamos cosas concretas en las ciudades y las regiones que hagan posible esa cultura positiva y de esperanza. Seguimos.
Rio de Janeiro, Enero 3 de 2018
19 de diciembre de 2009
Por una cultura de la esperanza
El orden mundial del siglo XXI está en proceso de cambio. Pero no a causa del cambio climático, tan de moda por estos días, ni de las guerras en Irak y Afganistán. Tampoco se debe al crecimiento económico y demográfico de los “big six” (Brasil, México, Nigeria, Suráfrica, India, China). Son las emociones el motor de este cambio. En realidad, inclusive en la vida cotidiana, no es posible entender al ser humano, ni a la humanidad sin integrar sus emociones, que como el colesterol, pueden las hay buenas y malas.
El siglo XX fue el siglo de la razón y de la ideología. Entre 1917 y 1989 las decisiones geopolíticas fueron fáciles en un mundo bipolar. El siglo XXI es el siglo de las emociones. Los argumentos y los cálculos racionales, propios de un juego de ajedrez, primaron en las decisiones geopolíticas del siglo XX. Las emociones y los sentimientos están direccionando las decisiones de las naciones y las subregiones en este siglo XXI. Hoy muchos más pueblos se están preguntando por su identidad y por su futuro. Y los medios de comunicación están allí para difundir los sentimientos y emociones de estos pueblos.
Son numerosas las emociones de los pueblos: resentimiento, rabia, honor, solidaridad, amor, desespero, etc. Pero la noción de confianza, necesaria para la evolución de una nación, parece estar atada principalmente a tres emociones: miedo, humillación y esperanza. El miedo es la ausencia de confianza al interior de una nación. La esperanza, por el contrario, es la expresión de esta confianza. La humillación es la confianza y la dignidad maltratadas, situación propia de aquellos que han perdido la esperanza de un mejor futuro. Cuando el pasado idealizado contrasta con la frustración del presente, el resultado es la humillación.
Muchos de los conflictos actuales, mundiales, nacionales y locales, pudieran encontrar una nueva explicación en estos términos. Cuando se ha experimentado humillación, y se ha perdido la confianza y la identidad, prevalecen las condiciones necesarias para un conflicto. También el miedo, utilizado en muchos países como herramienta de gobierno, consolida la desconfianza entre unos y otros miembros de la misma sociedad, es decir, la latencia de un conflicto.
Según Dominique Moisi, en “Geopolitics of Emotions”, son las culturas del miedo, la humillación y la esperanza las que están moldeando el nuevo orden mundial. Demasiado miedo, demasiada humillación e insuficiente esperanza constituyen la más peligrosa de todas las combinaciones sociales en el siglo XXI. Para prevenir este coctel, habría que desarrollar más capacidad para entender esta ecuación de emociones sociales. Tarea para Napoleón Franco y cia.
Muchos quisiéramos que fuera la esperanza la que dominara y que todas las naciones pudieran actuar en función de su confianza en el futuro. Muchos quisiéramos ser capaces de sobrevivir a la cultura dominante de miedo y humillación para comenzar a enseñar la esperanza. Ese es mi deseo para Colombia en 2010.
Publicado El Nuevo Siglo 21-12-2009
El siglo XX fue el siglo de la razón y de la ideología. Entre 1917 y 1989 las decisiones geopolíticas fueron fáciles en un mundo bipolar. El siglo XXI es el siglo de las emociones. Los argumentos y los cálculos racionales, propios de un juego de ajedrez, primaron en las decisiones geopolíticas del siglo XX. Las emociones y los sentimientos están direccionando las decisiones de las naciones y las subregiones en este siglo XXI. Hoy muchos más pueblos se están preguntando por su identidad y por su futuro. Y los medios de comunicación están allí para difundir los sentimientos y emociones de estos pueblos.
Son numerosas las emociones de los pueblos: resentimiento, rabia, honor, solidaridad, amor, desespero, etc. Pero la noción de confianza, necesaria para la evolución de una nación, parece estar atada principalmente a tres emociones: miedo, humillación y esperanza. El miedo es la ausencia de confianza al interior de una nación. La esperanza, por el contrario, es la expresión de esta confianza. La humillación es la confianza y la dignidad maltratadas, situación propia de aquellos que han perdido la esperanza de un mejor futuro. Cuando el pasado idealizado contrasta con la frustración del presente, el resultado es la humillación.
Muchos de los conflictos actuales, mundiales, nacionales y locales, pudieran encontrar una nueva explicación en estos términos. Cuando se ha experimentado humillación, y se ha perdido la confianza y la identidad, prevalecen las condiciones necesarias para un conflicto. También el miedo, utilizado en muchos países como herramienta de gobierno, consolida la desconfianza entre unos y otros miembros de la misma sociedad, es decir, la latencia de un conflicto.
Según Dominique Moisi, en “Geopolitics of Emotions”, son las culturas del miedo, la humillación y la esperanza las que están moldeando el nuevo orden mundial. Demasiado miedo, demasiada humillación e insuficiente esperanza constituyen la más peligrosa de todas las combinaciones sociales en el siglo XXI. Para prevenir este coctel, habría que desarrollar más capacidad para entender esta ecuación de emociones sociales. Tarea para Napoleón Franco y cia.
Muchos quisiéramos que fuera la esperanza la que dominara y que todas las naciones pudieran actuar en función de su confianza en el futuro. Muchos quisiéramos ser capaces de sobrevivir a la cultura dominante de miedo y humillación para comenzar a enseñar la esperanza. Ese es mi deseo para Colombia en 2010.
Publicado El Nuevo Siglo 21-12-2009
8 de diciembre de 2009
Las preguntas existenciales de María
María es una española de clase alta. Vive en Ibiza. Le gusta viajar. Le gusta el jet-set y vive en él. También es empresaria. Ha logrado una articulación comercial global exitosa entre artesanos en Malindi, en la costa Este de Kenia, y la costa española. Desde hace 10 años produce kikoi, especie de chal multiuso para los locales kenianos, a costos muy bajos, es decir, en el lenguaje global, a costos muy competitivos. Y los distribuye a los almacenes de productos de clase alta en España. Por supuesto que venderlos en los almacenes de clase alta en España es fundamental para el negocio: no solamente se puede multiplicar el precio por más de diez, sino que se vuelve un producto aspiracional para la clase media. María es una pequeña empresaria exitosa.
María llegó por casualidad a esta “buena plaza”. La primera vez llegó a visitar a un médico amigo que se había instalado allí. Y María, que siempre ha tenido aquella facilidad que manifiestan algunas mujeres de clase alta para crear la moda con prendas normales, se imaginó el kikoi semicubriendo las caderas de las europeas refinadas en la playa. Desde ese momento comenzó a trabajar con un keniano indio (los indios suelen dominar el comercio y la pequeña industria en las ex colonias inglesas), quien por ocho años ha asegurado desde su microempresa la producción artesanal que María necesita para su pequeño mercado de lujo en la costa española.
María viaja seis semanas al año a Malindi, tiempo durante el cual trabaja duro. También, al finalizar cada sesión anual de seis semanas de trabajo, suele hacerse preguntas cruciales. Su última pregunta fue sobre el salario de los empleados del señor indio, que reciben unos sesenta dólares al mes. Para estos empleados locales, tener este trabajo es un privilegio, si se les compara con muchos otros kenianos.
¿Cómo es posible que el precio de un exclusivo cereal que María lleva desde España para sus desayunos equivalga a lo que gana uno de sus trabajadores al mes? Esta pregunta surgió la misma noche reciente en la que, contrariada, escuchó al conserje de su apartamento en Malindi explicarle que no moriría de calor por no tener aire acondicionado esa noche. Él mismo no había muerto de lo mismo en sus treinta años de existencia.
María se está haciendo preguntas globales y existenciales. Está percibiendo que tal vez hay algo que no debería ser como es, en términos de equidad global. Probablemente no pueda hacer mucho, pero no está mal que en el inicio de su edad madura entienda que algo anda mal en el mundo. No importa si tal vez lo olvide en su siguiente viaje, para navidad, a Santa Lucía en el Caribe, donde la espera su marido y varios amigos en su velero, para ir a Cartagena y luego a Bocas del Toro.
Publicado El Nuevo Siglo, 30-11-2009
María llegó por casualidad a esta “buena plaza”. La primera vez llegó a visitar a un médico amigo que se había instalado allí. Y María, que siempre ha tenido aquella facilidad que manifiestan algunas mujeres de clase alta para crear la moda con prendas normales, se imaginó el kikoi semicubriendo las caderas de las europeas refinadas en la playa. Desde ese momento comenzó a trabajar con un keniano indio (los indios suelen dominar el comercio y la pequeña industria en las ex colonias inglesas), quien por ocho años ha asegurado desde su microempresa la producción artesanal que María necesita para su pequeño mercado de lujo en la costa española.
María viaja seis semanas al año a Malindi, tiempo durante el cual trabaja duro. También, al finalizar cada sesión anual de seis semanas de trabajo, suele hacerse preguntas cruciales. Su última pregunta fue sobre el salario de los empleados del señor indio, que reciben unos sesenta dólares al mes. Para estos empleados locales, tener este trabajo es un privilegio, si se les compara con muchos otros kenianos.
¿Cómo es posible que el precio de un exclusivo cereal que María lleva desde España para sus desayunos equivalga a lo que gana uno de sus trabajadores al mes? Esta pregunta surgió la misma noche reciente en la que, contrariada, escuchó al conserje de su apartamento en Malindi explicarle que no moriría de calor por no tener aire acondicionado esa noche. Él mismo no había muerto de lo mismo en sus treinta años de existencia.
María se está haciendo preguntas globales y existenciales. Está percibiendo que tal vez hay algo que no debería ser como es, en términos de equidad global. Probablemente no pueda hacer mucho, pero no está mal que en el inicio de su edad madura entienda que algo anda mal en el mundo. No importa si tal vez lo olvide en su siguiente viaje, para navidad, a Santa Lucía en el Caribe, donde la espera su marido y varios amigos en su velero, para ir a Cartagena y luego a Bocas del Toro.
Publicado El Nuevo Siglo, 30-11-2009
29 de noviembre de 2009
La ilusión de Kamau
Gitau Kamau es un joven keniano. No es de los famosos maratonistas que se conocen en todo el mundo y que han forjado su gran resistencia en el Valle del Rift, al occidente de Kenia, recorriendo desde pequeño unos dieciséis para ir de la casa a la escuela y regresar. La escuela de Kamau estaba mucho más cerca de su casa. Y por ello, en lugar de correr, Kamau dedicaba más tiempo de niño a jugar al futbol en las calles polvorientas de su pueblo Kitui. Y resultó ser un gran jugador, como tantos muchachos de las favelas de Rio de Janeiro, de Pescadito en Santa Marta o de Tumaco. Y de allí nació la ilusión que se convirtió en problema.
Kamau no escapó a los ojos de tantos “cazadores de talentos” que viajan por los pueblos africanos en busca de prospectos para el futbol internacional. Uno de esos cazatalentos identificó a Kamau cuando tenía trece años. Un día, a los catorce, Kamau recibió del cazatalentos la invitación a llevarlo a Europa. Y se fue con la ilusión del Barcelona, del Ajax o del Arsenal. Pero sólo había logrado entrar en la red de trata de personas que también lleva a jóvenes africanos a Europa, con los propósitos más disímiles y por supuesto ninguno de ellos bueno para un adolescente. Kamau logró afortunadamente escapar y fue acogido, gracias a alguien que en su refugio lo orientó, por una ONG que atiende adolescentes llevados a Europa con fines de explotación.
¿Además de la ilusión de ser un gran jugador de futbol hubo algo más que hiciera a Kamau una víctima fácil de esta red de trata de personas? Muchos de los jóvenes, hombres y mujeres, víctimas de estas redes tienen en común una serie de rasgos de vulnerabilidad social y económica. Uno de los intereses actuales de diferentes organismos internacionales es identificar estos elementos de vulnerabilidad en las ciudades origen de estos jóvenes. Si las características son semejantes y fueran agrupables, habría la posibilidad de intervenir de manera integrada en comunidades o barrios específicos de las ciudades origen, para reducir la vulnerabilidad económica y social que los hace presa fácil de la emigración ilegal inducida.
La emigración es un fenómeno propio de la dinámica de las sociedades. La emigración inducida por la coacción o el engaño para fines de explotación económica, es un delito. Sin embargo esta última ocurre con bastante frecuencia entre los países del sur y los países del norte. Más allá de las posiciones conservadores de algunos países del norte que ven en la inmigración uno de los mayores problemas, lo que el mundo necesita es mayor cooperación entre las ciudades origen y las ciudades de acogida de los migrantes. De esta manera los migrantes como Kamau serán menos objeto de explotación y no verán sus derechos abusados.
Publicado El Nuevo Siglo 23-11-2009
Kamau no escapó a los ojos de tantos “cazadores de talentos” que viajan por los pueblos africanos en busca de prospectos para el futbol internacional. Uno de esos cazatalentos identificó a Kamau cuando tenía trece años. Un día, a los catorce, Kamau recibió del cazatalentos la invitación a llevarlo a Europa. Y se fue con la ilusión del Barcelona, del Ajax o del Arsenal. Pero sólo había logrado entrar en la red de trata de personas que también lleva a jóvenes africanos a Europa, con los propósitos más disímiles y por supuesto ninguno de ellos bueno para un adolescente. Kamau logró afortunadamente escapar y fue acogido, gracias a alguien que en su refugio lo orientó, por una ONG que atiende adolescentes llevados a Europa con fines de explotación.
¿Además de la ilusión de ser un gran jugador de futbol hubo algo más que hiciera a Kamau una víctima fácil de esta red de trata de personas? Muchos de los jóvenes, hombres y mujeres, víctimas de estas redes tienen en común una serie de rasgos de vulnerabilidad social y económica. Uno de los intereses actuales de diferentes organismos internacionales es identificar estos elementos de vulnerabilidad en las ciudades origen de estos jóvenes. Si las características son semejantes y fueran agrupables, habría la posibilidad de intervenir de manera integrada en comunidades o barrios específicos de las ciudades origen, para reducir la vulnerabilidad económica y social que los hace presa fácil de la emigración ilegal inducida.
La emigración es un fenómeno propio de la dinámica de las sociedades. La emigración inducida por la coacción o el engaño para fines de explotación económica, es un delito. Sin embargo esta última ocurre con bastante frecuencia entre los países del sur y los países del norte. Más allá de las posiciones conservadores de algunos países del norte que ven en la inmigración uno de los mayores problemas, lo que el mundo necesita es mayor cooperación entre las ciudades origen y las ciudades de acogida de los migrantes. De esta manera los migrantes como Kamau serán menos objeto de explotación y no verán sus derechos abusados.
Publicado El Nuevo Siglo 23-11-2009
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