21 de abril de 2008

Entendiendo la percepción de inseguridad

Según la más reciente encuesta de victimización y percepción de inseguridad de la Cámara de Comercio de Bogotá, realizada para el segundo semestre de 2007, el 39 por ciento de los bogotanos se sienten inseguros, cinco puntos más que en la encuesta inmediatamente anterior. La misma encuesta constata que los encuestados que dijeron haber sido víctimas de la delincuencia en meses anteriores, bajó del 34 al 26%. ¿Por qué los ciudadanos dicen que ha bajado la victimización, pero al mismo tiempo aumenta la percepción de inseguridad en la ciudad? Es una paradoja que merece explicación.

Las cifras de victimización, como las cifras policiales, muestran que la tendencia global de la seguridad en Bogotá es a seguir mejorando. Pero los ciudadanos se sienten más inseguros. La percepción de inseguridad no depende exclusivamente de la evolución objetiva de la delincuencia y hay otros aspectos que inciden en ello: la vulnerabilidad individual, los imaginarios construidos a través de los medios de comunicación, la disminución del umbral de tolerancia al riesgo, la presencia institucional en la calle.

La situación de vulnerabilidad personal o individual incide en la percepción de inseguridad. Las personas de la tercera edad se sienten más vulnerables que las de otras franjas de edad. Las mujeres tienden a sentirse más inseguras que los hombres. Los grupos vulnerables cultural, social y económicamente, tienen razones para sentirse más inseguras en la sociedad urbana que no los incluye.

Las noticias e imágenes que circulan por los medios de comunicación inciden en la percepción. Lo que ocurre en otras zonas del país o en otras ciudades del mundo contribuye a la percepción de inseguridad aquí. El ciudadano puede pensar perfectamente: “Esto también me puede ocurrir a mi”. Mediciones empíricas muestran que personas que ven noticias de manera regular desarrollan, en relación con la violencia, mayores temores que otras personas que no acostumbran mirar las noticias a través de la televisión.

Pero también el desarrollo económico y social de una sociedad genera una actitud diferente frente a los fenómenos sociales. Las sociedades más desarrolladas, que han resuelto el problema de las necesidades básicas, tienden a desarrollar aversión frente a problemas y conflictos de la vida cotidiana cada vez más pequeños. Esta aversión al riesgo o a los problemas de inconvivencia, una especie de “infantilización de la sociedad”, habla bien de los avances socioeconómicos de la sociedad, pero es real y afecta al ciudadano.

Por otro lado, la mayor presencia de funcionarios públicos, identificables como tales, incluida la Policía, contribuyen a construir confianza y sensación de seguridad entre los ciudadanos, incluso en los lugares más complejos.

Por más explicable que sea el fenómeno de la percepción de inseguridad, la política pública urbana del siglo XXI debe incorporar, además de las medidas para prevenir y combatir la delincuencia, medidas para mejorar la sensación de seguridad. Las grandes ciudades deben tomar nota de ello.

Publicado El Nuevo Siglo 21-04-2008
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13 de abril de 2008

Tasa "natural" de homicidios

Para la elaboración del Plan de Desarrollo de Bogotá y la fijación de metas, se viene discutiendo cuál debe ser la meta en materia de indicadores de seguridad. El indicador tasa de homicidios por 100.000 habitantes ha sido tomado desde antes para ilustrar y medir los avances de Bogotá en seguridad. ¿Hasta dónde puede comprometerse hoy la Administración Distrital en materia de tasa de homicidios?

Según los registros policiales, la tasa de homicidios en Bogotá no superaba los 20 por 100.000 habitantes en los años 70. Fue durante los 80 que aumentó hasta alcanzar su paroxismo en 1993: 80 homicidios por 100.000 habitantes. Los analistas explican esta alza por una combinación de factores: desde el coletazo de la criminalidad organizada asociada al narcotráfico y al conflicto armado, hasta la intolerancia y los problemas de convivencia. Desde 1993, comenzó un proceso continuo de descenso de la tasa de homicidios, hasta el nivel actual de 18 homicidios por 100.000 habitantes. No hay explicación única de los motivos de este descenso. Una confluencia de factores podría explicarlo: desde factores nacionales como el fortalecimiento de la fuerza pública y el desmantelamiento de los grandes carteles de la droga, hasta factores de la ciudad como la cultura ciudadana, el mejoramiento del entorno urbano, la corresponsabilidad y la política social.

La pregunta es si las condiciones de conflictividad social que existen hoy en Bogotá permiten, incluso aplicando las mismas medidas de antes, que el homicidio siga cayendo de la misma manera. Nada permite afirmarlo. Tampoco negarlo. A juzgar por la tendencia, parecería que el fenómeno de violencia homicida ha comenzado a llegar a un nivel “natural”, parecido al de los años 70. Expertos dicen que “la curva de la tasa de homicidios se está aplanando”.

Existen fenómenos estructurales que no facilitan pronóstico o prospectiva alguna sobre la cifra de homicidios en los próximos años. El narcotráfico en el país no ha cedido y los grupos paramilitares y de guerrilla parecen migrar hacia bandas con armas, autonomía y claros fines lucrativos. Bogotá sigue recibiendo parte importante de población desplazada por la violencia y de población desmovilizada. El porte de armas no tiene grandes restricciones. El control de estos aspectos no depende hoy de la Administración Distrital. Parecería que, ceteris paribus, Bogotá está llegando a una “tasa natural de homicidios”, retomando el término de expertos como Isaac Beltrán y Bernardo Pérez. Moreno debería comprometerse, más que con una cifra de homicidios, con el desarrollo una política que, mínimo, mantenga la tasa actual y fortalezca la prevención de la delincuencia y violencia física. También, junto con la Policía Metropolitana, con una mayor focalización en la lucha contra las manifestaciones de criminalidad organizada que puedan afectar a Bogotá. Debe la Administración discutir con la Nación y otros actores nacionales, la acción privilegiada sobre factores que afectan la ciudad y cuyo abordaje no es competencia distrital.

Publicado El Nuevo Siglo 14-04-2008
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7 de abril de 2008

Obama y Colombia

Muchos en Colombia están pendientes de lo que ocurra con Obama. El Gobierno Nacional desearía que la campaña electoral no afectara la privilegiada relación con Bush. La oposición espera que con Obama soplen vientos nuevos pero contrarios para el gobierno nacional. Los gremios ven con desesperanza las posiciones de Obama contra el TLC. Hasta los navegantes de Cartagena y Tominé cruzan los dedos para que los demócratas no se opongan al tratado y así poder importar veleros baratos…

Para el gobierno, los gremios y los esporádicos navegantes las últimas noticias no fueron buenas. La semana pasada Obama ratificó su oposición al TLC. Allí sigue primando la posición de los sindicatos norteamericanos sobre la necesidad de verificar una mayor protección a la actividad sindical en Colombia. Y en plena campaña electoral, Obama, o Clinton si recupera el terreno perdido, no se dará el lujo de contrariar una maquinaria sindical, que el día D es responsable de movilizar a parte del electorado. Así las cosas, gobierno, gremios y particulares expectantes tendrán que prever sus soluciones y posiciones sin TLC, al menos por este año.

Si se impone Obama en la primaria y además gana la presidencia norteamericana, el mundo percibirá un importante cambio en la sociedad norteamericana. Muchos en Colombia creerán en la posibilidad de una nueva relación con Estados Unidos. Otros, así no lo expresen, quedarán preocupados. No hay que olvidar que el presidente Uribe cometió el año pasado el error de decir que la oposición demócrata al TLC era una posición politiquera. Las sensibilidades y el malestar de algunos demócratas norteamericanos aún persisten.

En Colombia, gobierno y oposición, deben ser estratégicos y pensar que el escenario Obama no es inverosímil. Deben prepararse nuevas estrategias y ello impone un ejercicio de anticipación, con algunas consideraciones:

1) Las posiciones y las pasiones de los tiempos electorales suelen cambiar hacia tonos más moderados cuando se está en el gobierno. Pasadas las elecciones un TLC modificado tendría su cuarto de hora.
2) Los Demócratas continuarían teniendo la lucha contra el narcotráfico como tema crucial de la relación con Colombia. Los medios podrán cambiar pero no el objetivo;
3) Los demócratas en campaña han sido cautos frente al tema Chávez. Pero la burocracia y la diplomacia de Washington siguen percibiéndolo como factor desestabilizador, incluso en la perspectiva geopolítica internacional. Allí también pueden cambiar los medios, pero no el objetivo.
4) La visión demócrata es más propensa a aceptar liderazgos regionales que favorezcan una estabilidad conveniente para los intereses norteamericanos. La posición de Brasil como un líder “natural” en la región podría verse favorecida.
Con Obama el escenario cambia para Colombia. Gobierno y gremios económicos deberían asumirlo. La izquierda, más allá de cruzar los dedos, tendrá que desarrollar una propuesta que sea creíble para los norteamericanos. A los navegantes sólo les queda ahorrar más…
Publicado El Nuevo Siglo 07-04-2007
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31 de marzo de 2008

Seguridad en el entorno escolar

Más allá del debate político reciente sobre el estudio de victimización en escuelas y colegios, conviene, de manera serena y objetiva, entender que la cuestión de la seguridad en el entorno escolar debe ser objeto de un seguimiento sostenible por parte de toda la sociedad urbana y ello implica que cada uno asuma la parte que le toca, pero de manera coordinada.

El año pasado fue la muerte del rector del colegio Naciones Unidas y otros comportamientos violentos de algunos estudiantes, lo que había generado alarma. También existen fenómenos de intimidación a maestros, proxenetismo y prostitución, circulación de drogas duras y porte de armas blancas en algunos colegios, y no solamente de estratos bajos. Y ahora se constata la victimización de los jóvenes escolarizados frente a las agresiones y robos, según analiza el estudio reciente de la Secretaria de Gobierno y el Dane.

No hay que poner en discusión que la vulnerabilidad de la comunidad académica ha aumentado y que los factores de riesgo están latentes. ¿Cómo responder de manera estructural y sostenida al reto de brindar seguridad ciudadana a estudiantes y profesores? ¿Cómo construir un ambiente escolar sin violencias? La respuesta no es única y tiene varias caras. Por ello mismo, se requiere una respuesta integral, corresponsable, por parte de todos los actores del entorno escolar: gobierno distrital, gobierno nacional, fuerza pública, padres de familia, rectores, profesores, organizaciones sociales, empresarios, transportadores, comerciantes vecinos a los colegios, actores políticos, Personería, Cámara de Comercio, etc.

El estudio en cuestión debería servir menos para un debate político clásico y más para construir soluciones y coordinaciones durables entre todos los actores involucrados. No será la primera vez que desde esta columna se plantea la necesidad de un “Pacto de convivencia y seguridad ciudadana para el entorno escolar”, que facilite la necesaria discusión pública sobre el tema y la concepción de una estrategia de acción integral.

El pacto debe orientarse a establecer acciones específicas de prevención de la violencia y la agresión contra y entre escolares, o hacia profesores. Debe abordar la prevención de la violencia en las familias de los estudiantes, la protección a la entrada y salida del colegio con la policía comunitaria. En Rio de Janeiro por ejemplo la guardia urbana, sin armas, es responsable de la convivencia en el entorno escolar. Habrá que desarrollar programas para estimular el buen uso del tiempo libre de los estudiantes, acciones de seguridad vial para el transporte escolar, así como de prevención de la drogadicción y la prostitución en el entorno escolar.

El reto es prevenir en los colegios y en su entorno toda forma de violencia y toda amenaza sobre estudiantes y profesores. No podemos darnos el lujo de escatimar esfuerzos para reducir la vulnerabilidad de los que son el futuro de nuestra sociedad. La próxima generación no puede estar marcada por la intolerancia.

Publicado El Nuevo Siglo 31-03-2007
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22 de marzo de 2008

Sarkozy sancionado

Acaban de pasar las elecciones locales francesas. El partido del presidente francés fue derrotado por la oposición del Partido Socialista, diez meses después de haber ganado la elección presidencial. Esta derrota, relativizada por el entorno del presidente, seguramente obligará a Sarkozy a reorganizar su esquema de gobierno en varios aspectos. La gran pregunta, en todo caso, para Colombia, gira en torno al efecto que dicha derrota local puede tener sobre el manejo del tema Ingrid Betancur.

Para la elección presidencial de 2007 Sarkozy había encarnado el cambio, paradójicamente proviniendo del mismo partido del ex -presidente Chirac. Pero la realidad es que Sarkozy introdujo en Francia una nueva forma de hacer política concentrada en una muy desarrollada estrategia de marketing político, por supuesto con una componente mediática grande. Terminada la elección, Sarkozy asumió un esquema de gobierno del tipo “campaña permanente”, que también ha explotado al máximo las posibilidades de los medios de comunicación. Sin embargo, una opinión pública poco francesa acostumbrada a este tipo de política supremamente mediatizada, más propia de la cultura política de los Estados Unidos, comenzó a reaccionar de manera contraria a lo esperado. Y ello explica en parte que las elecciones locales hayan sido vividas como una especie de sanción al estilo de gobierno de Sarkozy. No solamente el partido socialista mantuvo el poder en Paris y Lyon, sino que más de cuarenta ciudades francesas pasaron de la derecha a la izquierda.

El presidente francés sigue teniendo retos importantes para producir cambios profundos en muchos aspectos de la vida institucional y económica francesa. Pero también aparece la pregunta sobre cómo el desempeño en los asuntos internos franceses puede influenciar sus posiciones frente al caso de Ingrid Betancourt. Para nadie es un secreto que un éxito en relación con la liberación de Ingrid puede ser un hito que ayude a mitigar los problemas del presidente frente a la opinión francesa. Pero, ¿Puede esta necesidad política interior llevar al gobierno de Francia a inducir acciones precipitadas o equivocadas en el actual y complejo panorama geopolítico de la región andina? Es la pregunta que se hacen no pocos analistas en Francia. No es un mero detalle el comentario de Piedad Córdoba en entrevista reciente para la Revista Cambio según el cual una llamada a Raúl Reyes desde Panamá, tres días antes de su muerte, por parte del emisario francés designado de tiempo atrás para interlocutar con las FARC, habría sido el origen de la posibilidad de ubicar al mimbro del Secretariado con mayor precisión. Difícil decir si este comentario reviste algo de realidad o no, lo cierto es que cada vez más los hechos imponen la mayor prudencia posible, en particular al gobierno de un Sarkozy en búsqueda de un hecho político que le dé un aire en la política interna francesa. Las FARC no son tan predecibles como el análisis cartesiano podría insinuarlo.

Publicado El Nuevo Siglo 24-03-2008
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15 de marzo de 2008

Ciudadanía o barbarie

No es inverosímil un escenario en el que las FARC, entre su crisis actual, su lucha por controlar el enemigo interno y la tendencia centrífuga que parece instalarse entre los mandos medios, lleve al país a vivir episodios de exacerbación de la guerra en las zonas urbanas. Lo deseable es esperar es que dicho escenario no tengan lugar. Lo responsable es considerarlo como un escenario más, entre muchos, para el cual habría que tener una forma de respuesta. Autoridades, ciudadanía y líderes políticos, de izquierda como de derecha, harían bien en hacer análisis guiados por las preguntas: ¿Qué pasa si…? Y ¿Cómo responder a…?

Ya se ha dicho en esta columna, y lo propio han hecho otros analistas políticos, que el fortalecimiento de las fuerzas armadas en capacidad táctica y, sobretodo, de inteligencia, ha llevado a dar los mayores golpes en cuarenta años a las FARC. Con esa situación, lo procedente sería allanar el camino que brinde al Secretariado la alternativa de una salida política. No es estratégico que un guerrerismo exacerbado lleve al traste la solución ideal que debe combinar por una parte, el fortalecimiento de la capacidad militar oficial, con, por otra parte, una ventana de negociación política siempre abierta. Habría que analizar si el pronunciamiento de Rosemberg Pabón se inscribe en esa lógica.

La otra alternativa es que, sin posibilidades reales de salida política “monolítica”, la dinámica centrífuga de los mandos medios de las FARC comiencen a trazar caminos y estrategias de consolidación autónomos. Para estos es un incentivo saber que consolidar un poder territorial en determinadas zonas del país, resulta práctico siempre que exista la posibilidad de ponerse al servicio del narcotráfico. Y en esas condiciones, la evidencia ha mostrado suficientemente las consecuencias que pueden tener las disputas de mandos medios en proceso de reacomodamiento para la seguridad ciudadana en las zonas urbanas.

Como nadie puede asegurar que el gobierno superará la aversión a la salida negociada, correspondería a los líderes de las grandes ciudades construir los imaginarios y las dinámicas de ciudadanía que puedan actuar como antídoto frente a la barbarie, bien para prevenir, o bien para desarrollar la capacidad de recuperación (de resiliencia dicen los expertos) frente a cualquier crisis eventual. Y en ello no hay que improvisar. Ya existen los ejemplos recientes de la “cultura ciudadana” de Mockus, de la “ciudad sin indiferencia” de Garzón o del “compromiso ciudadano” de Fajardo.

El dilema de las ciudades frente a las crisis potenciales no debe ser el de mano dura o barbarie, ni el de socialismo o barbarie. El dilema verdadero es ciudadanía o barbarie, porque como lo ha escrito Jordi Borja, desarrollar la ciudadanía es transformar el mundo y construir espacios políticos que hagan posible una vida más amable, cordial y justa para todos. Aquí está el verdadero antídoto contra la amenaza de la barbarie.


Publicado El Nuevo Siglo 17-03-2008
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8 de marzo de 2008

El frente interior de la crisis

No es exageración decir que estamos en la peor crisis de los últimos cien años. Se trata de una crisis que requiere soluciones imaginativas, generosas y de largo plazo tanto en su frente exterior como en su frente interior. En el frente exterior, como lo ha dicho Posada Carbó, “se debe buscar evitar una confrontación militar con nuestros vecinos y encontrar al tiempo fórmulas que permitan fortalecer la posición internacional del Estado colombiano en su lucha contra las organizaciones armadas ilegales”. No será fácil, dado que nuestra diplomacia aún dista de ser una diplomacia profesional y de carrera. Pero hay que lograrlo recurriendo también al respaldo de la experiencia acumulada en el Partido Liberal (Cesar Gaviria), el Polo (Maria Emma) y el Partido Conservador (Fernandez de Soto).

También debe preocupar el frente interior de la crisis, que tiene diferentes caras. La gran mayoría de colombianos respaldamos la acción militar contra las FARC. Muchos pensamos además que hay que combinarla con la negociación política. En la medida en que la primera sea eficaz, la segunda será más verosímil. Pero hay que seguir imaginando los escenarios para, llegado el momento, buscar la salida política. Incluso, el duro golpe de la baja de Raúl Reyes debe permitir a las FARC también comenzar a imaginar nuevos escenarios de negociación política.

Consolidar definitivamente el frente interno de esta crisis tiene dos condiciones cruciales: 1) Que el Presidente, por una vez, convoque en torno a una estrategia diplomática orientada a desestimular la condescendencia de los países vecinos con las FARC o a que al menos les resulte más costoso. Ello requiere generosidad del presidente con la propuesta de un consenso político nacional por la paz.

2) Que el gobierno nacional decida, de una vez por todas, liderar una política seria de soberanía institucional y social sobre los territorios ocupados históricamente por organizaciones armadas ilegales. Colombia es más territorio que sociedad y más sociedad que Estado, dijo Luis Carlos Galán, y sigue siendo cierto. Donde no hay sociedad ni Estado, van a seguir apareciendo, por la inercia de la violencia y del narcotráfico, nuevos grupos armados dispuestos enfrentar a la sociedad y a prestar servicios a las actividades ilegales. La única solución sostenible es aquella que se ocupe de manera integral de la soberanía territorial en los departamentos del suroriente colombiano. Para ello se requiere algo más que la capacidad de movilización del ejército y de la fuerza aérea. Se requiere una verdadera política pública de ordenamiento territorial, de asentamientos humanos, de movilidad y transporte y de presencia de otras agencias del Estado. Y no ayuda en nada la perspectiva de enclaves económicos privados que sugiere la visión del Ministro de Agricultura en el caso Carimagua. Se requiere además una forma distinta de seguridad, asumida por una fuerza de policía rural polivalente, capaz de asumir la seguridad ciudadana y entrenada también en táctica militar contraguerrilla y contraparamilitar.

Publicado El Nuevo Siglo 10-03-2008
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