El debate sobre los temas urbanos y de vivienda en la región ha evolucionado en los últimos años desde la perspectiva técnica. Se han podido diagnosticar las áreas de dificultad de la región en la materia: déficits de planeación urbana, segregación socioespacial, infraestructura con problemas de adaptabilidad a cambio climático y de vulnerabilidad a crisis naturales, economías urbanas subóptimas en términos de su potencial, además de desafíos en gobernanza urbana y en materia de confianza en las instituciones locales.
La propuesta del Derecho a la Ciudad se ha promovido con fuerza desde las redes latinoamericanas y ha permeado incluso la perspectiva de la Nueva Agenda Urbana global gracias al impulso latinoamericano. El Derecho a la Ciudad propende porque todos los habitantes urbanos tengan acceso a los servicios básicos y a la vivienda en la ciudad, así como a las oportunidades del desarrollo sostenible, sin distingo de su condición social, étnica, económica, o de sus preferencias sexuales, políticas o religiosas, y todo en un marco de inclusión, convivencia y tolerancia.
Se ha abordado igualmente la necesidad de avanzar en los marcos legales, en los sistemas de planificación urbana y en las estrategias de financiamiento para hacer realidad las políticas urbanas nacionales o subnacionales y la implementación local a través, por ejemplo, de operaciones urbanas integrales y de operaciones de mejoramiento integral de barrios, entre otros instrumentos de acción integrada.
Frente a lo anterior, el ángulo que interesa aquí es analizar cómo se ha desarrollado la acción regional en ámbitos como la definición de marcos regionales para apoyar la Nueva Agenda Urbana y las políticas de vivienda, o, en la coyuntura actual, para facilitar el trabajo de recuperación en el marco de la pandemia del Covid-19.
Inicialmente se debe resaltar la construcción de una posición general latinoamericana en las discusiones previas a la Conferencia Habitat III de Quito. Una instancia regional como MINURVI (Foro de Ministros y Altas Autoridades en Desarrollo Urbano y Vivienda de América Latina) mantuvo una discusión permanente para defender una posición en Hábitat III. En abril de 2016, la reunión regional Rumbo a Habitat III de Toluca, permitió establecer posiciones regionales concretas para contribuir a la discusión global. En Toluca se dieron cita no sólo los gobiernos nacionales, sino también las redes regionales de gobiernos locales (FLACMA, Mercociudades, Red Allas, etc) y las redes regionales de actores interesados y temáticas (red mujer y hábitat, red de instituciones financieras, redes sobre espacios públicos, redes sobre movilidad, redes de jóvenes, redes del sector inmobiliario, redes de representantes del sector de servicios básicos, redes comunitarias, etc). Esta multiplicidad de actores discutió e intercambió en un diálogo horizontal para cumplir el objetivo de alcanzar una posición regional. Por supuesto, en el proceso también participaron diplomáticos de la región.
La implementación de la Nueva Agenda Urbana a partir de 2017 se ha beneficiado de esta dinámica positiva de Toluca y, con la facilitación de ONU-Hábitat y de CEPAL, un grupo de unas 200 personas representando un colectivo de redes regionales, incluyendo a MINURVI, federaciones regionales de gobiernos locales, redes profesionales y temáticas y redes ciudadanas, desarrolló un Plan de Acción Regional para la implementación de la Nueva Agenda Urbana. Este proceso de diálogo entre actores regionales permitió acordar acciones regionales y contrastar ideas y experiencias sobre un tema como el desarrollo urbano, que puede tener expresiones y representaciones sociales diferentes en cada territorio.
El contexto de COVID-19 también ha contribuido a un diálogo regional urbano. América Latina es la región más afectada hasta el momento por la crisis sistémica de COVID-19. Además de la tragedia de miles de vidas humanas perdidas, los impactos de la pandemia en la región son enormes en términos de destrucción de empleos, afectaciones en educación, movilidad, actividad económica, prestación de servicios, y desarrollo humano en todos los países y en sus territorios. Esta disrupción ha puesto en riesgo el efectivo ejercicio de los derechos económicos, sociales y culturales, el logro de los principios de las agendas globales y ha obligado a cuestionar de forma contundente los modelos de desarrollo vigentes. La crisis ha hecho evidente igualmente la interconexión entre diversas esferas de la vida en la ciudad: la protección social, la economía, la libertad y los derechos, para mencionar pilares de la vida en sociedad. Esta interacción ha puesto en relieve la necesidad de pensar en estrategias multidimensionales urbanas de recuperación socio-económica en el contexto de la pandemia.
En este proceso, la discusión regional también está mostrando sus ventajas. Los órganos intergubernamentales regionales han generado importantes espacios de colaboración e intercambio de experiencias de respuesta y planeación de la fase de recuperación. Se ha activado una conversación regional fluida tanto entre niveles nacionales (a través de MINURVI), como entre niveles locales de gobierno (principalmente en torno a FLACMA y Mercociudades). Igualmente, una convergencia de redes regionales temáticas y ciudadanas están construyendo y co-creando soluciones y propuestas.
Es posible constatar que ha existido conversación y acción regional integrada en el aporte de América Latina a la Nueva Agenda Urbana, también en torno a su proceso de implementación y, ahora, en torno a las estrategias de intervención en el contexto de covid-19. Hay conciencia de que el propósito de esta integración regional para construir y promover soluciones a la crisis cae en el ámbito de la integración para la construcción de bienes públicos regionales. Esto abre un espacio para profundizar en las posibilidades del proceso y de los resultados para lograr una “nueva y mejor normalidad”.
Queda la pregunta de si estas acciones regionales permiten derivar y catalizar una forma de contribución a la construcción de un multilateralismo regional en áreas de interés común del desarrollo sostenible como las ciudades y la vivienda. Una integración regional que parte de problemas concretos y que arroja resultados específicos, contribuyendo a la construcción de bienes públicos regionales, en temas que no son los tradicionalmente tratados en el mundo de las relaciones internacionales.
En un momento en el que muchos observan una crisis en varios aspectos del multilateralismo, vale la pena observar cómo actores multi-país y diferentes a los gobiernos nacionales, tales como redes regionales de gobiernos locales, de instituciones académicas y de organizaciones ciudadanas, interactúan en torno a temas periféricos para las relaciones internacionales. Esta acción ha permitido no sólo mantener una conversación y un intercambio permanente, sino también acordar reglas de juego y llegar a nuevos resultados frente a los problemas específicos que se proponen enfrentar, en este caso en el ámbito del desarrollo urbano y de las estrategias de vivienda. Se trata de formas concretas de integración regional y multilateral, desde otros ángulos, que tal vez inspiren a los actores y a las partes tradicionales de la discusión multilateral y de la integración de América Latina.
Celebrar el Día Mundial del Hábitat durante Octubre Urbano es también celebrar la posibilidad de aportar desde el desarrollo urbano, el hábitat y la vivienda a la integración regional y a un nuevo multilateralismo, para no dejar a nadie atrás.
Rio de Janeiro, Octubre 7 de 2020
Publicado en www.paradiplomacia.org
Mis opiniones sobre temas territoriales, urbanos, sociales, políticos e institucionales.
20 de octubre de 2020
2 de marzo de 2020
Después del Foro Urbano Mundial de Abu Dhabi: Anotaciones desde América Latina
Acaba de terminar el Foro Urbano Mundial 10 de Abu Dhabi, el primero de la Década de Acción para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y, por eso mismo, la oportunidad para discutir e identificar nuevos compromisos y nuevas perspectivas para su logro a nivel global a través de las ciudades.
El FUM es la más importante conferencia global sobre desarrollo urbano. En esta ocasión acogió, del 8 al 13 de febrero, a más de 13,000 participantes, con cerca de 170 países representados. El foro permitió conversaciones y debates en más de 500 eventos sobre el espectro de oportunidades y desafíos presentes en las ciudades. La discusión general tuvo una coherencia en torno a la idea de la ciudad como un espacio de oportunidades, conectando cultura e innovación.
Para América Latina y el Caribe, el Foro fue una oportunidad para fortalecer su articulación con redes e iniciativas globales en áreas clave para los desafíos de la región. Y vale la pena destacar algunos de los puntos y experiencias planteados desde la región.
Desigualdad y exclusión urbana siguen siendo temas cruciales para la región. Por ejemplo, el Estado de Alagoas, Brasil, mostró cómo es posible aplicar nuevas metodologías de trabajo a nivel micro-territorial para identificar y caracterizar a las familias más pobres en barrios precarios, para facilitar su acceso a la oferta social del estado como paso necesario hacia su inclusión social y económica. Lideresas latinoamericanas plantearon en la Asamblea de Mujeres formas concretas para planear ciudades con perspectiva de género y para identificar y superar las barreras que impiden su empoderamiento en los procesos de desarrollo urbano. Más y mejor comunicación sobre paridad de género, formación de nuevos liderazgos femeninos y dar centralidad a la economía del cuidado, han sido planteamientos clave hechos por las mujeres latinoamericanas en el FUM.
La red de trabajo de personas con discapacidad también avanzó, con buena representación de América Latina desde donde se sostuvo que las ciudades inclusivas deben eliminar toda forma de discriminación e integrar la accesibilidad universal como un principio básico de la gestión local, recordando que personas con discapacidad representan un 15% de la población mundial.
Otro hecho de gran interés para América Latina y el Caribe ha sido la serie de eventos que han propuesto una mayor participación del sector privado en la implementación de la Nueva Agenda Urbana y de los ODS. La Asamblea del sector privado exploró cuatro formas en las cuales este puede participar en el logro de una urbanización sostenible a escala: Inversión, co-creación, abogacía conjunta y adopción de normas y estándares de sostenibilidad. La Unión Interamericana para la Vivienda-UNIAPRAVI y la Alianza Smart Latam, representadas en Abu Dhabi, portaron la voz de la región en ese sentido.
En el mismo sentido, uno de los asuntos más novedosos del foro fue el lanzamiento de la Plataforma de Inversión en Ciudades (Cities Investment Platform), la cual en su versión inicial cumplió con la propuesta de conectar inversionistas con proyectos urbanos integrados propuestos desde las ciudades. Sendos proyectos de México y Brasil fueron presentados, mientras que representantes de Ecuador, Colombia, Argentina y otros países vieron en las Operaciones Urbanas Integrales propuestas por ONU-Habitat, un modelo apropiado para promover nuevos esquemas de finanzas combinadas (públicas y privadas) en el sector del desarrollo urbano sostenible.
Gobiernos locales de América Latina y el Caribe estuvieron representados a través de asociaciones como Mercociudades y Metrópolis, además de participaciones destacadas como las de Bogotá, Montevideo, Acapulco, Sao Paulo, Tandil (Provincia de Buenos Aires), entre otras. En la asamblea de gobiernos locales y regionales, América Latina contribuyó con la perspectiva del derecho a la ciudad, y a la vez planteó la necesidad de combinar aspectos de la transformación digital con aspectos tradicionales de la ciudad, para lograr una ciudad integrada y sostenible.
Igualmente, a través de San Justo, Tandil (Argentina) y Acapulco (México), las ciudades de América Latina estuvieron representadas en los nuevos compromisos para desarrollar Revisiones Voluntarias Locales sobre el avance de los ODS a nivel local. Sería de esperar que a través de las asociaciones regionales (Mercociudades, FLACMA, etc), este ejemplo se pueda incrementar geométricamente en los próximos años.
La asamblea de ministros de vivienda y desarrollo urbano, MINURVI, también tuvo una reunión informal liderada por la presidencia de Colombia, con el objetivo de avanzar en su plan de trabajo de 2020 hacia la implementación de la Nueva Agenda Urbana en la región. En paralelo, varias entidades de la región dieron pasos en la promoción de un nuevo acuerdo urbanistico latinoamericano que apoye la implementación legal de la NAU.
Ha sido destacable igualmente el lanzamiento de cinco programas bandera de ONU-Habitat para acelerar el apoyo a gobiernos nacionales y locales en sus procesos de urbanización sostenible y en el logro de los ODS. Se trata de:
- Barrios y comunidades vibrantes e inclusivas
- Ciudades inteligentes enfocadas en las personas
- Asentamientos resilientes para los más pobres en las ciudades
- ODS Ciudades
- Ciudades incluyentes: El impacto positivo de la migración urbana
Actores de América Latina tuvieron participación fundamental en las discusiones de todos los programas bandera. Cabe destacar aquí el involucramiento de instituciones de México para promover ODS Ciudades, así como el impulso desde Mercociudades. Ambas instancias han visto el programa ODS ciudades como una pieza clave para acelerar el logro de los ODS en toda la región durante la Década de Acción que inicia.
Igualmente, dada la coyuntura regional que incluye importantes procesos y retos de movilidad humana, tanto en América del Sur (la migración venezolana) como en América Central (la migración centroamericana a USA vía México), el programa de Ciudades Incluyentes ha despertado el mayor de los intereses en los países de la región, ya que puede ser una sombrilla internacional para promover mayor apoyo de la comunidad internacional a los gobiernos locales que reciben migrantes o que ven partir a su población dadas las condiciones limitantes al desarrollo sostenible que las aquejan.
Como comentario final vale resaltar que se ha consolidado la perspectiva de una Nueva Agenda Urbana aceleradora de los ODS. Esta perspectiva ha sido muy bienvenida desde América Latina y el Caribe dada la necesidad de crear sinergias prácticas y optimizar recursos a través de pasarelas y conexiones entre las agendas globales de desarrollo. En el FUM11 de Katowice, Polonia, en 2022 sabremos qué tanto habremos avanzado en este y todos los temas…
Río de Janeiro, Febrero 28 de 2019
El FUM es la más importante conferencia global sobre desarrollo urbano. En esta ocasión acogió, del 8 al 13 de febrero, a más de 13,000 participantes, con cerca de 170 países representados. El foro permitió conversaciones y debates en más de 500 eventos sobre el espectro de oportunidades y desafíos presentes en las ciudades. La discusión general tuvo una coherencia en torno a la idea de la ciudad como un espacio de oportunidades, conectando cultura e innovación.
Para América Latina y el Caribe, el Foro fue una oportunidad para fortalecer su articulación con redes e iniciativas globales en áreas clave para los desafíos de la región. Y vale la pena destacar algunos de los puntos y experiencias planteados desde la región.
Desigualdad y exclusión urbana siguen siendo temas cruciales para la región. Por ejemplo, el Estado de Alagoas, Brasil, mostró cómo es posible aplicar nuevas metodologías de trabajo a nivel micro-territorial para identificar y caracterizar a las familias más pobres en barrios precarios, para facilitar su acceso a la oferta social del estado como paso necesario hacia su inclusión social y económica. Lideresas latinoamericanas plantearon en la Asamblea de Mujeres formas concretas para planear ciudades con perspectiva de género y para identificar y superar las barreras que impiden su empoderamiento en los procesos de desarrollo urbano. Más y mejor comunicación sobre paridad de género, formación de nuevos liderazgos femeninos y dar centralidad a la economía del cuidado, han sido planteamientos clave hechos por las mujeres latinoamericanas en el FUM.
La red de trabajo de personas con discapacidad también avanzó, con buena representación de América Latina desde donde se sostuvo que las ciudades inclusivas deben eliminar toda forma de discriminación e integrar la accesibilidad universal como un principio básico de la gestión local, recordando que personas con discapacidad representan un 15% de la población mundial.
Otro hecho de gran interés para América Latina y el Caribe ha sido la serie de eventos que han propuesto una mayor participación del sector privado en la implementación de la Nueva Agenda Urbana y de los ODS. La Asamblea del sector privado exploró cuatro formas en las cuales este puede participar en el logro de una urbanización sostenible a escala: Inversión, co-creación, abogacía conjunta y adopción de normas y estándares de sostenibilidad. La Unión Interamericana para la Vivienda-UNIAPRAVI y la Alianza Smart Latam, representadas en Abu Dhabi, portaron la voz de la región en ese sentido.
En el mismo sentido, uno de los asuntos más novedosos del foro fue el lanzamiento de la Plataforma de Inversión en Ciudades (Cities Investment Platform), la cual en su versión inicial cumplió con la propuesta de conectar inversionistas con proyectos urbanos integrados propuestos desde las ciudades. Sendos proyectos de México y Brasil fueron presentados, mientras que representantes de Ecuador, Colombia, Argentina y otros países vieron en las Operaciones Urbanas Integrales propuestas por ONU-Habitat, un modelo apropiado para promover nuevos esquemas de finanzas combinadas (públicas y privadas) en el sector del desarrollo urbano sostenible.
Gobiernos locales de América Latina y el Caribe estuvieron representados a través de asociaciones como Mercociudades y Metrópolis, además de participaciones destacadas como las de Bogotá, Montevideo, Acapulco, Sao Paulo, Tandil (Provincia de Buenos Aires), entre otras. En la asamblea de gobiernos locales y regionales, América Latina contribuyó con la perspectiva del derecho a la ciudad, y a la vez planteó la necesidad de combinar aspectos de la transformación digital con aspectos tradicionales de la ciudad, para lograr una ciudad integrada y sostenible.
Igualmente, a través de San Justo, Tandil (Argentina) y Acapulco (México), las ciudades de América Latina estuvieron representadas en los nuevos compromisos para desarrollar Revisiones Voluntarias Locales sobre el avance de los ODS a nivel local. Sería de esperar que a través de las asociaciones regionales (Mercociudades, FLACMA, etc), este ejemplo se pueda incrementar geométricamente en los próximos años.
La asamblea de ministros de vivienda y desarrollo urbano, MINURVI, también tuvo una reunión informal liderada por la presidencia de Colombia, con el objetivo de avanzar en su plan de trabajo de 2020 hacia la implementación de la Nueva Agenda Urbana en la región. En paralelo, varias entidades de la región dieron pasos en la promoción de un nuevo acuerdo urbanistico latinoamericano que apoye la implementación legal de la NAU.
Ha sido destacable igualmente el lanzamiento de cinco programas bandera de ONU-Habitat para acelerar el apoyo a gobiernos nacionales y locales en sus procesos de urbanización sostenible y en el logro de los ODS. Se trata de:
- Barrios y comunidades vibrantes e inclusivas
- Ciudades inteligentes enfocadas en las personas
- Asentamientos resilientes para los más pobres en las ciudades
- ODS Ciudades
- Ciudades incluyentes: El impacto positivo de la migración urbana
Actores de América Latina tuvieron participación fundamental en las discusiones de todos los programas bandera. Cabe destacar aquí el involucramiento de instituciones de México para promover ODS Ciudades, así como el impulso desde Mercociudades. Ambas instancias han visto el programa ODS ciudades como una pieza clave para acelerar el logro de los ODS en toda la región durante la Década de Acción que inicia.
Igualmente, dada la coyuntura regional que incluye importantes procesos y retos de movilidad humana, tanto en América del Sur (la migración venezolana) como en América Central (la migración centroamericana a USA vía México), el programa de Ciudades Incluyentes ha despertado el mayor de los intereses en los países de la región, ya que puede ser una sombrilla internacional para promover mayor apoyo de la comunidad internacional a los gobiernos locales que reciben migrantes o que ven partir a su población dadas las condiciones limitantes al desarrollo sostenible que las aquejan.
Como comentario final vale resaltar que se ha consolidado la perspectiva de una Nueva Agenda Urbana aceleradora de los ODS. Esta perspectiva ha sido muy bienvenida desde América Latina y el Caribe dada la necesidad de crear sinergias prácticas y optimizar recursos a través de pasarelas y conexiones entre las agendas globales de desarrollo. En el FUM11 de Katowice, Polonia, en 2022 sabremos qué tanto habremos avanzado en este y todos los temas…
Río de Janeiro, Febrero 28 de 2019
5 de junio de 2019
Y qué tal un “gran impulso” urbano para América Latina?
Uno de los planteamientos más importante de la Nueva Agenda Urbana ha sido que la urbanización, cuando está bien planificada, impacta positivamente el crecimiento económico, el desarrollo social y la adaptación al cambio climático. América Latina está llena de buenas intervenciones realizadas puntualmente en momentos y espacios específicos de algunas ciudades: Curitiba, Quito, Montevideo, Buenos Aires, Guayaquil, Medellín, Bogotá, Montería, Zapopan, Aguascalientes, Ciudad Juárez, Sao Paulo, Maringá, Recife, etc. Muchos de estos ejemplos en realidad materializan los planteamientos de la Nueva Agenda Urbana.
Las bases de datos globales de ONU-Habitat sobre buenas prácticas han mostrado por mucho tiempo a la región contribuyendo de manera importante, y en algunos casos llegando a un impresionante 40% de los casos. Un dato para imaginar que la realidad urbana de la región conoce momentos de apogeo. Pero un caminante desprevenido al pasar por ciudades de la región, podrá rápidamente notar que las buenas prácticas, no han sido suficientes para transformar estructuralmente la realidad. Falta mucho por hacer en nuestras ciudades. Falta mucho para ir a escala y para que las buenas prácticas urbanas se multipliquen en la región y podamos constatar un impacto positivo extendido y durable de la política, la gestión y la financiación de intervenciones urbanas en las cerca de 17.000 municipalidades y niveles subnacionales de la región. Al fin y al cabo, de lo que se trata con la Nueva Agenda Urbana es de lograr una revolución de pequeñas transformaciones, cotidianas y efectivas, en todas nuestras comunidades y barrios. Y me refiero a transformaciones integrales: de territorios, de economías y de vidas.
Hay mucho potencial, pero no está potenciado. Hay que construir sobre lo construido y avanzar de manera estructurada y robusta en la implementación de la Nueva Agenda Urbana, así como de la Agenda 2030 en las ciudades. Y un camino potencial es crear las condiciones para un “gran impulso urbano” en la región.
Desde la Cepal, su Secretaria Ejecutiva Alicia Bárcena y Jose Luis Samaniego han propuesto a la región avanzar hacia un Gran Impulso Ambiental. Y tiene sentido. Paul Rosenstein-Rodan propuso en 1943 la teoría del “gran impulso” (“big push”) pensando en la necesidad de dedicar una concentración de recursos de diferente tipo a sectores y objetivos bien estructurados, como condición necesaria para que pudiera darse un salto importante en los niveles de desarrollo en un país o una región determinados. En palabras simples, para tener éxito en impulsar el desarrollo, muchas cosas tienen que ocurrir al mismo tiempo y de manera articulada. En términos más formales, se requiere una trayectoria convergente de multiplicidad de actores, sectores e inversiones, producto de una reorientación coordinada de políticas públicas, inversiones, regulaciones, régimen de impuestos, etc., todo apoyado por sistemas de incentivos apropiada y con cantidad de acciones positivas y alineadas.
Lo anterior también puede inspirar al sector territorial y urbano. En ese sentido, por qué no pensar en un “gran impulso urbano” para América Latina y el Caribe? Es posible. Contamos con los elementos y sabemos muchas cosas.
Contamos con la Nueva Agenda Urbana y con la Agenda 2030. Contamos un Plan de Acción Regional para su implementación. Contamos con multiplicidad de actores y redes participativas regionales muy comprometidas en diferentes temas urbanos (vivienda, mejoramiento de barrios, jóvenes por la ciudad, empoderamiento de mujeres, seguridad urbana, desarrollo económico local, personas con discapacidad, tercera edad, cambio climático, movilidad, ciudades fronterizas, ciudades inteligentes, etc.). Contamos con la sensibilidad de muchos actores estatales, de la sociedad civil y de la academia.
Además, sabemos que una intervención urbana bien diseñada tiene impactos positivos en vidas cotidianas, en adaptación al cambio climático y en economías. Sabemos de los impactos multidimensionales cuando trabajamos con aproximación urbana integrada. Sabemos que las operaciones urbanas mixtas son más rentables. Sabemos que tenemos no pocos y muy buenos ejemplos inspiradores. Sabemos que las ciudades son complementarias y funcionan como sistema de ciudades, que son centrales en la economía, que albergan alrededor de 80% de la población latinoamericana. Sabemos que existe un nexo urbano-rural muy claro.
Y sabemos algo de lo que no sabemos. Por ejemplo, sabemos que la urbanización en América Latina y el Caribe no ha estado acompañada de incrementos en la productividad (a comparación de Asia) y no sabemos bien por qué. Sabemos que podemos disminuir pobreza como en la década de 2000, pero que no sabemos hacerlo generando valor agregado urbano.
Sabemos que la situación urbana actual en la región resulta ineficiente y que se debe romper el círculo vicioso de la urbanización insostenible.
Cabe buscar un cambio progresivo en la región sobre la base de un impulso urbano que realmente contribuya simultáneamente al crecimiento económico y la productividad, aumente la incorporación de conocimiento en la producción de la ciudad, garantice inclusión social, permita superar la segregación socio-espacial y prepare a los territorios urbanos para contribuir menos al cambio climático y ser más resilientes.
Se trata de un gran impulso urbano que lance una nueva tendencia de desarrollo urbano sostenible en América Latina y el Caribe, a través de un conjunto de claras, coherentes y continuadas políticas públicas, sin las cuales las inversiones, tasas, regulaciones, precios, estándares, entrenamientos, decisiones y otros componentes del gran impulso no van a seguir una trayectoria de innovaciones, transformaciones y logros a escala. Hay motivos para ser optimisa con ello. Manos a la obra!.
Río de Janeiro, junio 1ro de 2019
Las bases de datos globales de ONU-Habitat sobre buenas prácticas han mostrado por mucho tiempo a la región contribuyendo de manera importante, y en algunos casos llegando a un impresionante 40% de los casos. Un dato para imaginar que la realidad urbana de la región conoce momentos de apogeo. Pero un caminante desprevenido al pasar por ciudades de la región, podrá rápidamente notar que las buenas prácticas, no han sido suficientes para transformar estructuralmente la realidad. Falta mucho por hacer en nuestras ciudades. Falta mucho para ir a escala y para que las buenas prácticas urbanas se multipliquen en la región y podamos constatar un impacto positivo extendido y durable de la política, la gestión y la financiación de intervenciones urbanas en las cerca de 17.000 municipalidades y niveles subnacionales de la región. Al fin y al cabo, de lo que se trata con la Nueva Agenda Urbana es de lograr una revolución de pequeñas transformaciones, cotidianas y efectivas, en todas nuestras comunidades y barrios. Y me refiero a transformaciones integrales: de territorios, de economías y de vidas.
Hay mucho potencial, pero no está potenciado. Hay que construir sobre lo construido y avanzar de manera estructurada y robusta en la implementación de la Nueva Agenda Urbana, así como de la Agenda 2030 en las ciudades. Y un camino potencial es crear las condiciones para un “gran impulso urbano” en la región.
Desde la Cepal, su Secretaria Ejecutiva Alicia Bárcena y Jose Luis Samaniego han propuesto a la región avanzar hacia un Gran Impulso Ambiental. Y tiene sentido. Paul Rosenstein-Rodan propuso en 1943 la teoría del “gran impulso” (“big push”) pensando en la necesidad de dedicar una concentración de recursos de diferente tipo a sectores y objetivos bien estructurados, como condición necesaria para que pudiera darse un salto importante en los niveles de desarrollo en un país o una región determinados. En palabras simples, para tener éxito en impulsar el desarrollo, muchas cosas tienen que ocurrir al mismo tiempo y de manera articulada. En términos más formales, se requiere una trayectoria convergente de multiplicidad de actores, sectores e inversiones, producto de una reorientación coordinada de políticas públicas, inversiones, regulaciones, régimen de impuestos, etc., todo apoyado por sistemas de incentivos apropiada y con cantidad de acciones positivas y alineadas.
Lo anterior también puede inspirar al sector territorial y urbano. En ese sentido, por qué no pensar en un “gran impulso urbano” para América Latina y el Caribe? Es posible. Contamos con los elementos y sabemos muchas cosas.
Contamos con la Nueva Agenda Urbana y con la Agenda 2030. Contamos un Plan de Acción Regional para su implementación. Contamos con multiplicidad de actores y redes participativas regionales muy comprometidas en diferentes temas urbanos (vivienda, mejoramiento de barrios, jóvenes por la ciudad, empoderamiento de mujeres, seguridad urbana, desarrollo económico local, personas con discapacidad, tercera edad, cambio climático, movilidad, ciudades fronterizas, ciudades inteligentes, etc.). Contamos con la sensibilidad de muchos actores estatales, de la sociedad civil y de la academia.
Además, sabemos que una intervención urbana bien diseñada tiene impactos positivos en vidas cotidianas, en adaptación al cambio climático y en economías. Sabemos de los impactos multidimensionales cuando trabajamos con aproximación urbana integrada. Sabemos que las operaciones urbanas mixtas son más rentables. Sabemos que tenemos no pocos y muy buenos ejemplos inspiradores. Sabemos que las ciudades son complementarias y funcionan como sistema de ciudades, que son centrales en la economía, que albergan alrededor de 80% de la población latinoamericana. Sabemos que existe un nexo urbano-rural muy claro.
Y sabemos algo de lo que no sabemos. Por ejemplo, sabemos que la urbanización en América Latina y el Caribe no ha estado acompañada de incrementos en la productividad (a comparación de Asia) y no sabemos bien por qué. Sabemos que podemos disminuir pobreza como en la década de 2000, pero que no sabemos hacerlo generando valor agregado urbano.
Sabemos que la situación urbana actual en la región resulta ineficiente y que se debe romper el círculo vicioso de la urbanización insostenible.
Cabe buscar un cambio progresivo en la región sobre la base de un impulso urbano que realmente contribuya simultáneamente al crecimiento económico y la productividad, aumente la incorporación de conocimiento en la producción de la ciudad, garantice inclusión social, permita superar la segregación socio-espacial y prepare a los territorios urbanos para contribuir menos al cambio climático y ser más resilientes.
Se trata de un gran impulso urbano que lance una nueva tendencia de desarrollo urbano sostenible en América Latina y el Caribe, a través de un conjunto de claras, coherentes y continuadas políticas públicas, sin las cuales las inversiones, tasas, regulaciones, precios, estándares, entrenamientos, decisiones y otros componentes del gran impulso no van a seguir una trayectoria de innovaciones, transformaciones y logros a escala. Hay motivos para ser optimisa con ello. Manos a la obra!.
Río de Janeiro, junio 1ro de 2019
4 de marzo de 2019
2019: Para seguir avanzando en la implementación de la Nueva Agenda Urbana en América Latina
En 2018 la región avanzó. Desde una mirada a 18 mil pies de altura, la región cuenta ya con un proceso de articulación que cubre todo el continente y que está liderado por la ONU y por MINURVI, la asamblea regional de ministras y ministros de vivienda y desarrollo urbano. Además, se está construyendo una plataforma regional para el seguimiento de las transformaciones socio-económicas que genere la implementación y, lo que es importante para las instituciones nacionales y locales, se está integrando cada vez más la Nueva Agenda Urbana-NAU con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Lo anterior es loable y ha generado procesos conscientes y concretos de apropiación de la NAU a nivel nacional en países como Chile, Argentina, Paraguay, Ecuador, Bolivia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, México, Haití y República Dominicana entre otros. MINURVI como foro de cooperación regional espacio regional jugó un papel crucial en 2018 bajo la presidencia de Argentina. Y ya en 2018 con la presidencia de Costa Rica está desarrollando pasos concretos para avanzar: Consolidando bases de indicadores clave, iniciando un proceso de negociación de un acuerdo regional vinculante sobre temas urbanos, articulando con los ODS, etc. Todo apunta a que el próximo Octubre Urbano, durante la Asamblea de MINURVI y la Conferencia de las Ciudades de CEPAL/ONU-Habitat, será posible constatar un buen avance regional.
Dicho lo anterior, hay que seguir bajando a nivel de la “trinchera” y constatar que los niveles de implementación local de la NAU aún tienen mucho por avanzar. Durante 2019 debería poder trabajarse en los temas clave para que en los próximos años sea posible una transformación a escala:
1) Mas comunicación y sensibilización sobre la NAU. Que todos los municipios sepan que existe. Que todos conozcan porqué es importante. Que todos queden motivados para integrarla en su gestión. Que todos conozcan el Plan de Acción Regional para la implementación. En esta tarea la alianza con las asociaciones regionales de municipios y ciudades es crítica: FLACMA, Mercociudades, Red ALLAS, UCCI.
2) Mayor disponibilización de herramientas para la implementación local. Entidades regionales y nacionales deben avanzar en poner a disposición de metodologías y posibilidades de capacitación y de intercambio sobre buenas prácticas que muestren la relevancia de una cadena de valor de la urbanización sostenible.
3) Desarrollar el “business model” de la NAU y movilizar más fondos públicos y privados para apoyar operaciones e iniciativas urbanas integrales que materialicen la NAU. El mayor esfuerzo para 2019 está en apoyar y consolidar equipos capaces de estructurar operaciones e iniciativas urbanas integrales a escala y con diferentes niveles de complejidad. Para ir a escala, es necesaria una especie de revolución de procesos pequeños y efectivos en comunidades, barrios y ciudades diversas.
4) Desarrollar más mecanismos de seguimiento de la NAU a nivel local. El Indice de Prosperidad Urbana es una de las herramientas disponibles para ello y amerita una mayor promoción y divulgación.
5) Comunicar, comunicar y comunicar. Hay que hacer todos los esfuerzos posibles este 2019 para contar mejor las historias de impacto transformador de la NAU. Y esto a diferentes públicos y audiencias, utilizando todas las herramientas y recursos técnicos disponibles para el mejor “storytelling” posible.
Este es el esfuerzo técnico que debe estar contextualizado y tener en cuenta las realidades y dinámicas propias de América Latina y el Caribe en un 2019 en el que se prevén crecimientos económicos mediocres a moderados, si bien comprensibles por la coyuntura mundial. Todo esto marcado por acelerados procesos de movilidad humana principalmente desde Venezuela hacia Suramérica y desde Centroamérica hacia Norteamérica. Y con un telón de fondo ya conocido en esta región: Las trampas de la renta media que incluyen la baja productividad urbana; la integración social incompleta en las ciudades con un saldo además de violencias urbanas y exclusiones; y las asimetrías y debilidades en las instituciones locales. Que la implementación de la Nueva Agenda Urbana aparece como un proceso que puede ayudar a hacer frente a estos desafíos a la vez que se aprovechan las oportunidades de nuestra región. Tal es el desafío en 2019.
Rio de Janeiro, febrero 27 de 2019
Lo anterior es loable y ha generado procesos conscientes y concretos de apropiación de la NAU a nivel nacional en países como Chile, Argentina, Paraguay, Ecuador, Bolivia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, México, Haití y República Dominicana entre otros. MINURVI como foro de cooperación regional espacio regional jugó un papel crucial en 2018 bajo la presidencia de Argentina. Y ya en 2018 con la presidencia de Costa Rica está desarrollando pasos concretos para avanzar: Consolidando bases de indicadores clave, iniciando un proceso de negociación de un acuerdo regional vinculante sobre temas urbanos, articulando con los ODS, etc. Todo apunta a que el próximo Octubre Urbano, durante la Asamblea de MINURVI y la Conferencia de las Ciudades de CEPAL/ONU-Habitat, será posible constatar un buen avance regional.
Dicho lo anterior, hay que seguir bajando a nivel de la “trinchera” y constatar que los niveles de implementación local de la NAU aún tienen mucho por avanzar. Durante 2019 debería poder trabajarse en los temas clave para que en los próximos años sea posible una transformación a escala:
1) Mas comunicación y sensibilización sobre la NAU. Que todos los municipios sepan que existe. Que todos conozcan porqué es importante. Que todos queden motivados para integrarla en su gestión. Que todos conozcan el Plan de Acción Regional para la implementación. En esta tarea la alianza con las asociaciones regionales de municipios y ciudades es crítica: FLACMA, Mercociudades, Red ALLAS, UCCI.
2) Mayor disponibilización de herramientas para la implementación local. Entidades regionales y nacionales deben avanzar en poner a disposición de metodologías y posibilidades de capacitación y de intercambio sobre buenas prácticas que muestren la relevancia de una cadena de valor de la urbanización sostenible.
3) Desarrollar el “business model” de la NAU y movilizar más fondos públicos y privados para apoyar operaciones e iniciativas urbanas integrales que materialicen la NAU. El mayor esfuerzo para 2019 está en apoyar y consolidar equipos capaces de estructurar operaciones e iniciativas urbanas integrales a escala y con diferentes niveles de complejidad. Para ir a escala, es necesaria una especie de revolución de procesos pequeños y efectivos en comunidades, barrios y ciudades diversas.
4) Desarrollar más mecanismos de seguimiento de la NAU a nivel local. El Indice de Prosperidad Urbana es una de las herramientas disponibles para ello y amerita una mayor promoción y divulgación.
5) Comunicar, comunicar y comunicar. Hay que hacer todos los esfuerzos posibles este 2019 para contar mejor las historias de impacto transformador de la NAU. Y esto a diferentes públicos y audiencias, utilizando todas las herramientas y recursos técnicos disponibles para el mejor “storytelling” posible.
Este es el esfuerzo técnico que debe estar contextualizado y tener en cuenta las realidades y dinámicas propias de América Latina y el Caribe en un 2019 en el que se prevén crecimientos económicos mediocres a moderados, si bien comprensibles por la coyuntura mundial. Todo esto marcado por acelerados procesos de movilidad humana principalmente desde Venezuela hacia Suramérica y desde Centroamérica hacia Norteamérica. Y con un telón de fondo ya conocido en esta región: Las trampas de la renta media que incluyen la baja productividad urbana; la integración social incompleta en las ciudades con un saldo además de violencias urbanas y exclusiones; y las asimetrías y debilidades en las instituciones locales. Que la implementación de la Nueva Agenda Urbana aparece como un proceso que puede ayudar a hacer frente a estos desafíos a la vez que se aprovechan las oportunidades de nuestra región. Tal es el desafío en 2019.
Rio de Janeiro, febrero 27 de 2019
6 de febrero de 2019
El legado brasilero en la Nueva Agenda Urbana
En 2016 se promulgó en la reunión de Habitat III en Quito, Ecuador, la Nueva Agenda Urbana. Fue un documento de referencia para darle marco a la acción. Hoy cuenta ya con un Plan Regional, liderado desde CEPAL y ONU-Habitat a solicitud de los Ministros de Desarrollo Urbano y Vivienda de América Latina y el Caribe agrupados en MINURVI. Cuenta también con la iniciativa de plataformas a la Nueva Agenda Urbana que permitirá hacer seguimiento y al mismo tiempo apoyar su implementación. En la construcción de dicha carta de navegación urbana, América Latina contribuyó de manera importante a partir de sus experiencias, de sus logros en algunas ciudades, de sus avances en política pública nacional y en sistemas de referencia legal e institucional, de sus impulsos en política pública. También contribuyó con sus aspiraciones y sueños, muchos de ellos aún por escalar.
Ciudades como Curitiba, Buenos Aires, Montevideo, Rosario, Quito, Guayaquil, Bogotá, Medellín, Aguascalientes y muchas más, cuentan todas con ejemplos y casos “piloto” que han sido considerados como inspiraciones y contribuciones sólidas a la discusión que permitió llegar a la Nueva Agenda Urbana global. Esto es cierto en áreas como planificación urbana, espacios públicos, gestión de la pobreza urbana, mejoramiento integral de barrios, etc.
Pero en el campo de marcos institucionales y legales de política pública, es donde tal vez más contribuyó la experiencia latinoamericana a la concepción de la estructura y contenidos de la Nueva Agenda Urbana. Y en ello, Brasil ha sido un referente.
En las últimas dos décadas Brasil construyó un marco legal y normativo robusto orientado a sustentar la implementación efectiva de sus reformas urbanas. De esa manera pudo avanzar en temas como la regularización de tierras, con gran impacto en la posibilidad de brindar oportunidad de mejoramiento a las favelas y asentamientos precarios.
El avance normativo brasilero también permitió implementar instrumentos importantes, como las zonas especiales de interés social (Zeis) que permitieron un marco específico en materia de uso y gestión del suelo para apoyar el desarrollo de vivienda social y por ende un impacto positivo en la reducción de los déficits cuantitativo y cualitativo de vivienda en las ciudades brasileras.
Y hay varios hitos brasileros que han sido ampliamente reconocidos por América Latina y que han contribuido a forjar un imaginario sobre lo que debe ser la implementación de la Nueva Agenda Urbana. Esto incluye la aprobación del Estatuto de la Ciudad en 2001, la creación de una institucionalidad para las ciudades, en este caso el Ministerio de las Ciudades, en 2003; y la constitución de un órgano plural para facilitar la dialéctica, el intercambio de visiones y la concertación de diferentes actores sobre los temas urbanos, esto es el Consejo de las Ciudades, en 2004. Estos hitos facilitaron el desarrollo de políticas para acompañar a las ciudades en sus desafíos y oportunidades, estableciendo metas en sus planes y previendo importantes inversiones inicialmente en los sectores de saneamiento básico y movilidad urbana, y luego desde 2009 en vivienda social a través del Programa Mi Casa, Mi Vida. Todas estas experiencias han sido objeto de evaluaciones y análisis que han arrojado un acervo importante de orientaciones y lecciones aprendidas. Este activo también contribuye hoy como referente para algunos países en la implementación de la Nueva Agenda Urbana.
Finalmente, Brasil a través de sus instituciones y organizaciones ha impulsado el marco del Derecho a la Ciudad como concepto central de la Nueva Agenda Urbana. El Derecho a la Ciudad propende por una ciudad en la que todos puedan tener acceso a los servicios básicos y el goce de las oportunidades del desarrollo, y disfrutar de ello en libertad. En el leguaje más contemporáneo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el Derecho a la Ciudad propende por No Dejar a Nadie Atrás en las Ciudades. Si bien el concepto de Derecho a la Ciudad fue objeto de amplias discusiones durante los trabajos preliminares de Habitat III, logró ser incorporado ya que varios países que lo aceptaron como sinónimo de “Ciudades para todos” .
Será importante que la nueva institucionalidad brasilera en torno al Ministerio de Desarrollo Regional, que integrará las funciones del antiguo Ministerio de las Ciudades, pueda construir sobre lo construido y dar un paso nuevo en acciones, marcos de referencia y aspiraciones para las ciudades brasileras. América Latina toda podría seguir inspirándose de las futuras experiencias brasileras.
Rio de Janeiro, enero 30 de 2019
Ciudades como Curitiba, Buenos Aires, Montevideo, Rosario, Quito, Guayaquil, Bogotá, Medellín, Aguascalientes y muchas más, cuentan todas con ejemplos y casos “piloto” que han sido considerados como inspiraciones y contribuciones sólidas a la discusión que permitió llegar a la Nueva Agenda Urbana global. Esto es cierto en áreas como planificación urbana, espacios públicos, gestión de la pobreza urbana, mejoramiento integral de barrios, etc.
Pero en el campo de marcos institucionales y legales de política pública, es donde tal vez más contribuyó la experiencia latinoamericana a la concepción de la estructura y contenidos de la Nueva Agenda Urbana. Y en ello, Brasil ha sido un referente.
En las últimas dos décadas Brasil construyó un marco legal y normativo robusto orientado a sustentar la implementación efectiva de sus reformas urbanas. De esa manera pudo avanzar en temas como la regularización de tierras, con gran impacto en la posibilidad de brindar oportunidad de mejoramiento a las favelas y asentamientos precarios.
El avance normativo brasilero también permitió implementar instrumentos importantes, como las zonas especiales de interés social (Zeis) que permitieron un marco específico en materia de uso y gestión del suelo para apoyar el desarrollo de vivienda social y por ende un impacto positivo en la reducción de los déficits cuantitativo y cualitativo de vivienda en las ciudades brasileras.
Y hay varios hitos brasileros que han sido ampliamente reconocidos por América Latina y que han contribuido a forjar un imaginario sobre lo que debe ser la implementación de la Nueva Agenda Urbana. Esto incluye la aprobación del Estatuto de la Ciudad en 2001, la creación de una institucionalidad para las ciudades, en este caso el Ministerio de las Ciudades, en 2003; y la constitución de un órgano plural para facilitar la dialéctica, el intercambio de visiones y la concertación de diferentes actores sobre los temas urbanos, esto es el Consejo de las Ciudades, en 2004. Estos hitos facilitaron el desarrollo de políticas para acompañar a las ciudades en sus desafíos y oportunidades, estableciendo metas en sus planes y previendo importantes inversiones inicialmente en los sectores de saneamiento básico y movilidad urbana, y luego desde 2009 en vivienda social a través del Programa Mi Casa, Mi Vida. Todas estas experiencias han sido objeto de evaluaciones y análisis que han arrojado un acervo importante de orientaciones y lecciones aprendidas. Este activo también contribuye hoy como referente para algunos países en la implementación de la Nueva Agenda Urbana.
Finalmente, Brasil a través de sus instituciones y organizaciones ha impulsado el marco del Derecho a la Ciudad como concepto central de la Nueva Agenda Urbana. El Derecho a la Ciudad propende por una ciudad en la que todos puedan tener acceso a los servicios básicos y el goce de las oportunidades del desarrollo, y disfrutar de ello en libertad. En el leguaje más contemporáneo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el Derecho a la Ciudad propende por No Dejar a Nadie Atrás en las Ciudades. Si bien el concepto de Derecho a la Ciudad fue objeto de amplias discusiones durante los trabajos preliminares de Habitat III, logró ser incorporado ya que varios países que lo aceptaron como sinónimo de “Ciudades para todos” .
Será importante que la nueva institucionalidad brasilera en torno al Ministerio de Desarrollo Regional, que integrará las funciones del antiguo Ministerio de las Ciudades, pueda construir sobre lo construido y dar un paso nuevo en acciones, marcos de referencia y aspiraciones para las ciudades brasileras. América Latina toda podría seguir inspirándose de las futuras experiencias brasileras.
Rio de Janeiro, enero 30 de 2019
28 de octubre de 2018
Implementación de la Nueva Agenda Urbana en América Latina: Quo vadis?
En 2016 se promulgó en la reunión de Habitat III en Quito, Ecuador, la Nueva Agenda Urbana. Este documento de referencia es un marco para la acción. Esta acción ha comenzado y hay importantes avances en América Latina y el Caribe. También queda un gran trabajo por hacer para ir a escala en el número de iniciativas y acciones que permiten materializar su potencial.En 2016 se promulgó en la reunión de Habitat III en Quito, Ecuador, la Nueva Agenda Urbana. Este documento de referencia es un marco para la acción. Esta acción ha comenzado y hay importantes avances en América Latina y el Caribe. También queda un gran trabajo por hacer para ir a escala en el número de iniciativas y acciones que permiten materializar su potencial.
Un primer punto a rescatar es que la región “picó en punta” y fue la primera a nivel global en dotarse de un Plan de Acción Regional para la implementación de la Nueva Agenda Urbana. En efecto, MINURVI (la Asamblea Regional de Ministros de Desarrollo Urbano y Vivienda) solicitó a agencias de la ONU (ONU-Habitat y CEPAL) liderar un proceso para su configuración. Con más de 200 expertos participando, el plan fue lanzado inicialmente en 2017 y validado durante el Foro Urbano Mundial de Kuala Lumpur, Malasia, al inicio de 2018. Además, el Caribe tomo la iniciativa para realizar un plan sub-regional y más recientemente Centro América ha anunciado que va por el mismo camino.
En este marco, varios países han emprendido Políticas Nacionales Urbanas de Nueva Generación (Ej. Argentina y Bolivia), revisiones de sus marcos legales urbanos (Ej. México y Ecuador), fortalecimiento del marco de planificación urbana y territorial (Ej. Costa Rica, Cuba), adaptaciones del marco de inversiones en el territorio (Ej. Costa Rica, El Salvador, República Dominicana apoyados por el Banco Centroamericano de Integración Económica). Y una cantidad importante de ciudades han avanzado en la elaboración de planes explícitos para aplicar la nueva agenda urbana a nivel local (Ej. Zapopan, Querétaro, Mérida, San Salvador, San José, Santo Domingo, Bucaramanga, Cuenca, etc.). Se cuentan además iniciativas tendientes a consolidar el proceso de implementación: Ecosistema de Fondos para el Desarrollo Urbano Sostenible (Mercociudades), Plataforma Urbana y de las Ciudades para monitorear la implementación (CEPAL, ONU-Habitat, MINURVI), diálogo regional sobre Nueva Agenda Urbana y accesibilidad universal (colectivo World Enabled, GAATES); plataforma de jóvenes por la Nueva Agenda Urbana (Techo et al), entre otras.
En suma, la Nueva Agenda Urbana ya ha generado una dinámica nueva en la región y en general conectada a la Agenda 2030. Por ello, no pocos han adoptado la idea de utilizar la NAU como un acelerador de los ODSs en las ciudades. Esta perspectiva no solo es innovadora, sino también eficiente en la medida en que las ciudades podrán obtener resultados en la aplicación de ambas agendas globales y orientar mejor tanto su desarrollo y como la inversión pública. Ahora bien, todo esto debe ser consolidado y desarrollado exponencialmente si se quiere tener efecto y resultados a escala en la transformación real de ciudades y barrios. No hay que olvidar que América Latina sigue presentando niveles inaceptables de desigualdad que afectan el desarrollo sostenible de sus cerca de 18.000 municipios. El reto sigue siendo ir a escala, involucrar a todos los actores de la sociedad y poder financiar una diversidad de programas, iniciativas y operaciones de la NAU. Para esto se requiere más innovación que permita enfrentar las trampas propias de las economías en transición propias de América Latina: La trampa de la baja productividad urbana, la trampa de la integración social incompleta en las ciudades, la trampa de las asimetrías y debilidades en las instituciones locales.
Un nuevo marco de trabajo propuesto por CEPAL, Unión Europea y OCDE ha aparecido para relanzar las modalidades de cooperación internacional con economías en transición latinoamericanas que presentan estas patologías. La perspectiva de la implementación de la Nueva Agenda Urbana aparece como una que puede ayudar a acelerar la adaptación de la región a su nueva realidad de renta media al tiempo que se impulsa la innovación urbana.
Al día de hoy también cabe decir que esto podrá funcionar en la medida en que se proyecte para ser construido con, y apropiado por, la ciudadanía. Esto es condición sine qua non. Y como todo cambia, también es necesario que la Nueva Agenda Urbana se pueda adaptar para absorber la nueva ola migratoria regional producto de las crisis políticas de última generación en algunos países. Queda también por esperar que la vida en las ciudades no se vea afectada por los nuevos tiempos políticos de la región que parecen querer revivir viejos autoritarismos superados 30-40 años atrás.
Río de Janeiro, Octubre 26 2018
Un primer punto a rescatar es que la región “picó en punta” y fue la primera a nivel global en dotarse de un Plan de Acción Regional para la implementación de la Nueva Agenda Urbana. En efecto, MINURVI (la Asamblea Regional de Ministros de Desarrollo Urbano y Vivienda) solicitó a agencias de la ONU (ONU-Habitat y CEPAL) liderar un proceso para su configuración. Con más de 200 expertos participando, el plan fue lanzado inicialmente en 2017 y validado durante el Foro Urbano Mundial de Kuala Lumpur, Malasia, al inicio de 2018. Además, el Caribe tomo la iniciativa para realizar un plan sub-regional y más recientemente Centro América ha anunciado que va por el mismo camino.
En este marco, varios países han emprendido Políticas Nacionales Urbanas de Nueva Generación (Ej. Argentina y Bolivia), revisiones de sus marcos legales urbanos (Ej. México y Ecuador), fortalecimiento del marco de planificación urbana y territorial (Ej. Costa Rica, Cuba), adaptaciones del marco de inversiones en el territorio (Ej. Costa Rica, El Salvador, República Dominicana apoyados por el Banco Centroamericano de Integración Económica). Y una cantidad importante de ciudades han avanzado en la elaboración de planes explícitos para aplicar la nueva agenda urbana a nivel local (Ej. Zapopan, Querétaro, Mérida, San Salvador, San José, Santo Domingo, Bucaramanga, Cuenca, etc.). Se cuentan además iniciativas tendientes a consolidar el proceso de implementación: Ecosistema de Fondos para el Desarrollo Urbano Sostenible (Mercociudades), Plataforma Urbana y de las Ciudades para monitorear la implementación (CEPAL, ONU-Habitat, MINURVI), diálogo regional sobre Nueva Agenda Urbana y accesibilidad universal (colectivo World Enabled, GAATES); plataforma de jóvenes por la Nueva Agenda Urbana (Techo et al), entre otras.
En suma, la Nueva Agenda Urbana ya ha generado una dinámica nueva en la región y en general conectada a la Agenda 2030. Por ello, no pocos han adoptado la idea de utilizar la NAU como un acelerador de los ODSs en las ciudades. Esta perspectiva no solo es innovadora, sino también eficiente en la medida en que las ciudades podrán obtener resultados en la aplicación de ambas agendas globales y orientar mejor tanto su desarrollo y como la inversión pública. Ahora bien, todo esto debe ser consolidado y desarrollado exponencialmente si se quiere tener efecto y resultados a escala en la transformación real de ciudades y barrios. No hay que olvidar que América Latina sigue presentando niveles inaceptables de desigualdad que afectan el desarrollo sostenible de sus cerca de 18.000 municipios. El reto sigue siendo ir a escala, involucrar a todos los actores de la sociedad y poder financiar una diversidad de programas, iniciativas y operaciones de la NAU. Para esto se requiere más innovación que permita enfrentar las trampas propias de las economías en transición propias de América Latina: La trampa de la baja productividad urbana, la trampa de la integración social incompleta en las ciudades, la trampa de las asimetrías y debilidades en las instituciones locales.
Un nuevo marco de trabajo propuesto por CEPAL, Unión Europea y OCDE ha aparecido para relanzar las modalidades de cooperación internacional con economías en transición latinoamericanas que presentan estas patologías. La perspectiva de la implementación de la Nueva Agenda Urbana aparece como una que puede ayudar a acelerar la adaptación de la región a su nueva realidad de renta media al tiempo que se impulsa la innovación urbana.
Al día de hoy también cabe decir que esto podrá funcionar en la medida en que se proyecte para ser construido con, y apropiado por, la ciudadanía. Esto es condición sine qua non. Y como todo cambia, también es necesario que la Nueva Agenda Urbana se pueda adaptar para absorber la nueva ola migratoria regional producto de las crisis políticas de última generación en algunos países. Queda también por esperar que la vida en las ciudades no se vea afectada por los nuevos tiempos políticos de la región que parecen querer revivir viejos autoritarismos superados 30-40 años atrás.
Río de Janeiro, Octubre 26 2018
3 de enero de 2018
Por una cultura positiva y de esperanza
En 2009 interrumpí uno de los ejercicios que más me gustan: Escribir regularmente un blog, a manera de columna, para compartir ideas y pareceres, para aventurar propuestas y proyectar perspectivas surgidas de mis actividades, principalmente locales. El ejercicio duró unos tres años y me permitió intercambiar con personas cercanas y menos cercanas, sobre todo con aquellos que piensan diferente. Lo interrumpí al comenzar mi nueva vida en el servicio público internacional que es la ONU. Consideré que era momento de una pausa para dedicar más tiempo a las nuevas tareas y escenarios. Además pensé que era un acto de responsabilidad escribir menos sobre mi entorno cuando iba a estar alejado de la adrenalina del día a día.
Llegada la abstinencia bloguera al inicio de 2018, he decidido retomar el ejercicio, para volver a compartir ideas y pareceres por esta vía, para seguir aventurando propuestas y proyectando perspectivas, seguramente muy influenciadas por casi diez años de recorrido por muchos países y de constatar que las ciudades del mundo cada vez más están ganando nuevos espacios en la mesa de las decisiones globales. Lo que se decide (o no) y se hace (o no) en las ciudades, tiene cada vez más incidencia en el debate y en las agendas globales y regionales. Serán clave, aún sin advertirlo, no solamente las vivencias de estos años, sino también las conversaciones con líderes locales y con ciudadanos de a pie de América Latina y del mundo.
Y para completar el marco que me moverá, también estaré más influenciado por mis logros y mis frustraciones; por la creciente curiosidad por los misterios del comportamiento humano y por la indeclinable convicción de que el futuro personal, familiar y de la sociedad, depende al final del día de tres capacidades: De nuestra capacidad de hacer, de nuestra capacidad de dar significado a nuestros fracasos y de nuestra capacidad de llenarnos de razones para impulsar posiciones positivas y activas frente a los retos y las oportunidades de nuestra sociedad.
Y retomaré donde dejé. En diciembre de 2009 escribí sobre la necesidad (el deseo) de una cultura de esperanza en medio de un orden mundial en proceso de cambio. El cambio climático se ha confirmado como marco. Las guerras han cambiado de intensidad y ligeramente su geografía, pero siguen. Acabamos de pasar un período de recesión y seguimos esperanzados en el comportamiento de las economías emergentes, más allá de Brasil, México, Nigeria, Suráfrica, India y China. Peto tal vez, lo que más se ha confirmado de mi escrito de 2009, es que el motor del cambio, local o global, siguen siendo las emociones y la explotación de estas emociones. Emociones que, como el colesterol, las hay buenas y malas.
Las emociones y los sentimientos han seguido motivando decisiones nacionales y locales. Brexit, elecciones estadounidenses, votaciones catalanas, plebiscito de paz en Colombia, etc. Las sociedades siguen preguntándose por su identidad y por su futuro. Y los medios de comunicación y las redes, siguen no solamente difundiendo, sino acelerando y dando impulso a sentimientos y emociones. Seguimos constatando que muchos comportamientos colectivos e individuales que explican conflictos, se sustentan en sentimientos de humillación y o de miedo. Quien ha experimentado humillación, pierde confianza e identidad y es más propenso a alienarse con movimientos que promueven la venganza, la rabia y la intolerancia. Quien ha experimentado el miedo es más propenso a apoyar propuestas que promueven la desconfianza, la represión o el aislamiento.
No hay que bajar los brazos para pasar la página y construir escenarios locales, nacionales y globales donde la esperanza y el pensamiento positivo sean la esencia. Es necesario acabar con el pesimismo reinante y contribuir a la construcción de esperanza de manera sistemática y sistémica. Y eso no se logra sólo con la sola idea del optimista naif que piensa simplemente espera que mañana sea mejor. Se logra con la acción del positivo que piensa que mañana puede ser mejor y que hay que actuar en consecuencia para ello. Mi invitación, que no sólo mi deseo, para América Latina y el Caribe en 2018 es que actuemos en consecuencia y hagamos cosas concretas en las ciudades y las regiones que hagan posible esa cultura positiva y de esperanza. Seguimos.
Rio de Janeiro, Enero 3 de 2018
Llegada la abstinencia bloguera al inicio de 2018, he decidido retomar el ejercicio, para volver a compartir ideas y pareceres por esta vía, para seguir aventurando propuestas y proyectando perspectivas, seguramente muy influenciadas por casi diez años de recorrido por muchos países y de constatar que las ciudades del mundo cada vez más están ganando nuevos espacios en la mesa de las decisiones globales. Lo que se decide (o no) y se hace (o no) en las ciudades, tiene cada vez más incidencia en el debate y en las agendas globales y regionales. Serán clave, aún sin advertirlo, no solamente las vivencias de estos años, sino también las conversaciones con líderes locales y con ciudadanos de a pie de América Latina y del mundo.
Y para completar el marco que me moverá, también estaré más influenciado por mis logros y mis frustraciones; por la creciente curiosidad por los misterios del comportamiento humano y por la indeclinable convicción de que el futuro personal, familiar y de la sociedad, depende al final del día de tres capacidades: De nuestra capacidad de hacer, de nuestra capacidad de dar significado a nuestros fracasos y de nuestra capacidad de llenarnos de razones para impulsar posiciones positivas y activas frente a los retos y las oportunidades de nuestra sociedad.
Y retomaré donde dejé. En diciembre de 2009 escribí sobre la necesidad (el deseo) de una cultura de esperanza en medio de un orden mundial en proceso de cambio. El cambio climático se ha confirmado como marco. Las guerras han cambiado de intensidad y ligeramente su geografía, pero siguen. Acabamos de pasar un período de recesión y seguimos esperanzados en el comportamiento de las economías emergentes, más allá de Brasil, México, Nigeria, Suráfrica, India y China. Peto tal vez, lo que más se ha confirmado de mi escrito de 2009, es que el motor del cambio, local o global, siguen siendo las emociones y la explotación de estas emociones. Emociones que, como el colesterol, las hay buenas y malas.
Las emociones y los sentimientos han seguido motivando decisiones nacionales y locales. Brexit, elecciones estadounidenses, votaciones catalanas, plebiscito de paz en Colombia, etc. Las sociedades siguen preguntándose por su identidad y por su futuro. Y los medios de comunicación y las redes, siguen no solamente difundiendo, sino acelerando y dando impulso a sentimientos y emociones. Seguimos constatando que muchos comportamientos colectivos e individuales que explican conflictos, se sustentan en sentimientos de humillación y o de miedo. Quien ha experimentado humillación, pierde confianza e identidad y es más propenso a alienarse con movimientos que promueven la venganza, la rabia y la intolerancia. Quien ha experimentado el miedo es más propenso a apoyar propuestas que promueven la desconfianza, la represión o el aislamiento.
No hay que bajar los brazos para pasar la página y construir escenarios locales, nacionales y globales donde la esperanza y el pensamiento positivo sean la esencia. Es necesario acabar con el pesimismo reinante y contribuir a la construcción de esperanza de manera sistemática y sistémica. Y eso no se logra sólo con la sola idea del optimista naif que piensa simplemente espera que mañana sea mejor. Se logra con la acción del positivo que piensa que mañana puede ser mejor y que hay que actuar en consecuencia para ello. Mi invitación, que no sólo mi deseo, para América Latina y el Caribe en 2018 es que actuemos en consecuencia y hagamos cosas concretas en las ciudades y las regiones que hagan posible esa cultura positiva y de esperanza. Seguimos.
Rio de Janeiro, Enero 3 de 2018
19 de diciembre de 2009
Por una cultura de la esperanza
El orden mundial del siglo XXI está en proceso de cambio. Pero no a causa del cambio climático, tan de moda por estos días, ni de las guerras en Irak y Afganistán. Tampoco se debe al crecimiento económico y demográfico de los “big six” (Brasil, México, Nigeria, Suráfrica, India, China). Son las emociones el motor de este cambio. En realidad, inclusive en la vida cotidiana, no es posible entender al ser humano, ni a la humanidad sin integrar sus emociones, que como el colesterol, pueden las hay buenas y malas.
El siglo XX fue el siglo de la razón y de la ideología. Entre 1917 y 1989 las decisiones geopolíticas fueron fáciles en un mundo bipolar. El siglo XXI es el siglo de las emociones. Los argumentos y los cálculos racionales, propios de un juego de ajedrez, primaron en las decisiones geopolíticas del siglo XX. Las emociones y los sentimientos están direccionando las decisiones de las naciones y las subregiones en este siglo XXI. Hoy muchos más pueblos se están preguntando por su identidad y por su futuro. Y los medios de comunicación están allí para difundir los sentimientos y emociones de estos pueblos.
Son numerosas las emociones de los pueblos: resentimiento, rabia, honor, solidaridad, amor, desespero, etc. Pero la noción de confianza, necesaria para la evolución de una nación, parece estar atada principalmente a tres emociones: miedo, humillación y esperanza. El miedo es la ausencia de confianza al interior de una nación. La esperanza, por el contrario, es la expresión de esta confianza. La humillación es la confianza y la dignidad maltratadas, situación propia de aquellos que han perdido la esperanza de un mejor futuro. Cuando el pasado idealizado contrasta con la frustración del presente, el resultado es la humillación.
Muchos de los conflictos actuales, mundiales, nacionales y locales, pudieran encontrar una nueva explicación en estos términos. Cuando se ha experimentado humillación, y se ha perdido la confianza y la identidad, prevalecen las condiciones necesarias para un conflicto. También el miedo, utilizado en muchos países como herramienta de gobierno, consolida la desconfianza entre unos y otros miembros de la misma sociedad, es decir, la latencia de un conflicto.
Según Dominique Moisi, en “Geopolitics of Emotions”, son las culturas del miedo, la humillación y la esperanza las que están moldeando el nuevo orden mundial. Demasiado miedo, demasiada humillación e insuficiente esperanza constituyen la más peligrosa de todas las combinaciones sociales en el siglo XXI. Para prevenir este coctel, habría que desarrollar más capacidad para entender esta ecuación de emociones sociales. Tarea para Napoleón Franco y cia.
Muchos quisiéramos que fuera la esperanza la que dominara y que todas las naciones pudieran actuar en función de su confianza en el futuro. Muchos quisiéramos ser capaces de sobrevivir a la cultura dominante de miedo y humillación para comenzar a enseñar la esperanza. Ese es mi deseo para Colombia en 2010.
Publicado El Nuevo Siglo 21-12-2009
El siglo XX fue el siglo de la razón y de la ideología. Entre 1917 y 1989 las decisiones geopolíticas fueron fáciles en un mundo bipolar. El siglo XXI es el siglo de las emociones. Los argumentos y los cálculos racionales, propios de un juego de ajedrez, primaron en las decisiones geopolíticas del siglo XX. Las emociones y los sentimientos están direccionando las decisiones de las naciones y las subregiones en este siglo XXI. Hoy muchos más pueblos se están preguntando por su identidad y por su futuro. Y los medios de comunicación están allí para difundir los sentimientos y emociones de estos pueblos.
Son numerosas las emociones de los pueblos: resentimiento, rabia, honor, solidaridad, amor, desespero, etc. Pero la noción de confianza, necesaria para la evolución de una nación, parece estar atada principalmente a tres emociones: miedo, humillación y esperanza. El miedo es la ausencia de confianza al interior de una nación. La esperanza, por el contrario, es la expresión de esta confianza. La humillación es la confianza y la dignidad maltratadas, situación propia de aquellos que han perdido la esperanza de un mejor futuro. Cuando el pasado idealizado contrasta con la frustración del presente, el resultado es la humillación.
Muchos de los conflictos actuales, mundiales, nacionales y locales, pudieran encontrar una nueva explicación en estos términos. Cuando se ha experimentado humillación, y se ha perdido la confianza y la identidad, prevalecen las condiciones necesarias para un conflicto. También el miedo, utilizado en muchos países como herramienta de gobierno, consolida la desconfianza entre unos y otros miembros de la misma sociedad, es decir, la latencia de un conflicto.
Según Dominique Moisi, en “Geopolitics of Emotions”, son las culturas del miedo, la humillación y la esperanza las que están moldeando el nuevo orden mundial. Demasiado miedo, demasiada humillación e insuficiente esperanza constituyen la más peligrosa de todas las combinaciones sociales en el siglo XXI. Para prevenir este coctel, habría que desarrollar más capacidad para entender esta ecuación de emociones sociales. Tarea para Napoleón Franco y cia.
Muchos quisiéramos que fuera la esperanza la que dominara y que todas las naciones pudieran actuar en función de su confianza en el futuro. Muchos quisiéramos ser capaces de sobrevivir a la cultura dominante de miedo y humillación para comenzar a enseñar la esperanza. Ese es mi deseo para Colombia en 2010.
Publicado El Nuevo Siglo 21-12-2009
8 de diciembre de 2009
Las preguntas existenciales de María
María es una española de clase alta. Vive en Ibiza. Le gusta viajar. Le gusta el jet-set y vive en él. También es empresaria. Ha logrado una articulación comercial global exitosa entre artesanos en Malindi, en la costa Este de Kenia, y la costa española. Desde hace 10 años produce kikoi, especie de chal multiuso para los locales kenianos, a costos muy bajos, es decir, en el lenguaje global, a costos muy competitivos. Y los distribuye a los almacenes de productos de clase alta en España. Por supuesto que venderlos en los almacenes de clase alta en España es fundamental para el negocio: no solamente se puede multiplicar el precio por más de diez, sino que se vuelve un producto aspiracional para la clase media. María es una pequeña empresaria exitosa.
María llegó por casualidad a esta “buena plaza”. La primera vez llegó a visitar a un médico amigo que se había instalado allí. Y María, que siempre ha tenido aquella facilidad que manifiestan algunas mujeres de clase alta para crear la moda con prendas normales, se imaginó el kikoi semicubriendo las caderas de las europeas refinadas en la playa. Desde ese momento comenzó a trabajar con un keniano indio (los indios suelen dominar el comercio y la pequeña industria en las ex colonias inglesas), quien por ocho años ha asegurado desde su microempresa la producción artesanal que María necesita para su pequeño mercado de lujo en la costa española.
María viaja seis semanas al año a Malindi, tiempo durante el cual trabaja duro. También, al finalizar cada sesión anual de seis semanas de trabajo, suele hacerse preguntas cruciales. Su última pregunta fue sobre el salario de los empleados del señor indio, que reciben unos sesenta dólares al mes. Para estos empleados locales, tener este trabajo es un privilegio, si se les compara con muchos otros kenianos.
¿Cómo es posible que el precio de un exclusivo cereal que María lleva desde España para sus desayunos equivalga a lo que gana uno de sus trabajadores al mes? Esta pregunta surgió la misma noche reciente en la que, contrariada, escuchó al conserje de su apartamento en Malindi explicarle que no moriría de calor por no tener aire acondicionado esa noche. Él mismo no había muerto de lo mismo en sus treinta años de existencia.
María se está haciendo preguntas globales y existenciales. Está percibiendo que tal vez hay algo que no debería ser como es, en términos de equidad global. Probablemente no pueda hacer mucho, pero no está mal que en el inicio de su edad madura entienda que algo anda mal en el mundo. No importa si tal vez lo olvide en su siguiente viaje, para navidad, a Santa Lucía en el Caribe, donde la espera su marido y varios amigos en su velero, para ir a Cartagena y luego a Bocas del Toro.
Publicado El Nuevo Siglo, 30-11-2009
María llegó por casualidad a esta “buena plaza”. La primera vez llegó a visitar a un médico amigo que se había instalado allí. Y María, que siempre ha tenido aquella facilidad que manifiestan algunas mujeres de clase alta para crear la moda con prendas normales, se imaginó el kikoi semicubriendo las caderas de las europeas refinadas en la playa. Desde ese momento comenzó a trabajar con un keniano indio (los indios suelen dominar el comercio y la pequeña industria en las ex colonias inglesas), quien por ocho años ha asegurado desde su microempresa la producción artesanal que María necesita para su pequeño mercado de lujo en la costa española.
María viaja seis semanas al año a Malindi, tiempo durante el cual trabaja duro. También, al finalizar cada sesión anual de seis semanas de trabajo, suele hacerse preguntas cruciales. Su última pregunta fue sobre el salario de los empleados del señor indio, que reciben unos sesenta dólares al mes. Para estos empleados locales, tener este trabajo es un privilegio, si se les compara con muchos otros kenianos.
¿Cómo es posible que el precio de un exclusivo cereal que María lleva desde España para sus desayunos equivalga a lo que gana uno de sus trabajadores al mes? Esta pregunta surgió la misma noche reciente en la que, contrariada, escuchó al conserje de su apartamento en Malindi explicarle que no moriría de calor por no tener aire acondicionado esa noche. Él mismo no había muerto de lo mismo en sus treinta años de existencia.
María se está haciendo preguntas globales y existenciales. Está percibiendo que tal vez hay algo que no debería ser como es, en términos de equidad global. Probablemente no pueda hacer mucho, pero no está mal que en el inicio de su edad madura entienda que algo anda mal en el mundo. No importa si tal vez lo olvide en su siguiente viaje, para navidad, a Santa Lucía en el Caribe, donde la espera su marido y varios amigos en su velero, para ir a Cartagena y luego a Bocas del Toro.
Publicado El Nuevo Siglo, 30-11-2009
29 de noviembre de 2009
La ilusión de Kamau
Gitau Kamau es un joven keniano. No es de los famosos maratonistas que se conocen en todo el mundo y que han forjado su gran resistencia en el Valle del Rift, al occidente de Kenia, recorriendo desde pequeño unos dieciséis para ir de la casa a la escuela y regresar. La escuela de Kamau estaba mucho más cerca de su casa. Y por ello, en lugar de correr, Kamau dedicaba más tiempo de niño a jugar al futbol en las calles polvorientas de su pueblo Kitui. Y resultó ser un gran jugador, como tantos muchachos de las favelas de Rio de Janeiro, de Pescadito en Santa Marta o de Tumaco. Y de allí nació la ilusión que se convirtió en problema.
Kamau no escapó a los ojos de tantos “cazadores de talentos” que viajan por los pueblos africanos en busca de prospectos para el futbol internacional. Uno de esos cazatalentos identificó a Kamau cuando tenía trece años. Un día, a los catorce, Kamau recibió del cazatalentos la invitación a llevarlo a Europa. Y se fue con la ilusión del Barcelona, del Ajax o del Arsenal. Pero sólo había logrado entrar en la red de trata de personas que también lleva a jóvenes africanos a Europa, con los propósitos más disímiles y por supuesto ninguno de ellos bueno para un adolescente. Kamau logró afortunadamente escapar y fue acogido, gracias a alguien que en su refugio lo orientó, por una ONG que atiende adolescentes llevados a Europa con fines de explotación.
¿Además de la ilusión de ser un gran jugador de futbol hubo algo más que hiciera a Kamau una víctima fácil de esta red de trata de personas? Muchos de los jóvenes, hombres y mujeres, víctimas de estas redes tienen en común una serie de rasgos de vulnerabilidad social y económica. Uno de los intereses actuales de diferentes organismos internacionales es identificar estos elementos de vulnerabilidad en las ciudades origen de estos jóvenes. Si las características son semejantes y fueran agrupables, habría la posibilidad de intervenir de manera integrada en comunidades o barrios específicos de las ciudades origen, para reducir la vulnerabilidad económica y social que los hace presa fácil de la emigración ilegal inducida.
La emigración es un fenómeno propio de la dinámica de las sociedades. La emigración inducida por la coacción o el engaño para fines de explotación económica, es un delito. Sin embargo esta última ocurre con bastante frecuencia entre los países del sur y los países del norte. Más allá de las posiciones conservadores de algunos países del norte que ven en la inmigración uno de los mayores problemas, lo que el mundo necesita es mayor cooperación entre las ciudades origen y las ciudades de acogida de los migrantes. De esta manera los migrantes como Kamau serán menos objeto de explotación y no verán sus derechos abusados.
Publicado El Nuevo Siglo 23-11-2009
Kamau no escapó a los ojos de tantos “cazadores de talentos” que viajan por los pueblos africanos en busca de prospectos para el futbol internacional. Uno de esos cazatalentos identificó a Kamau cuando tenía trece años. Un día, a los catorce, Kamau recibió del cazatalentos la invitación a llevarlo a Europa. Y se fue con la ilusión del Barcelona, del Ajax o del Arsenal. Pero sólo había logrado entrar en la red de trata de personas que también lleva a jóvenes africanos a Europa, con los propósitos más disímiles y por supuesto ninguno de ellos bueno para un adolescente. Kamau logró afortunadamente escapar y fue acogido, gracias a alguien que en su refugio lo orientó, por una ONG que atiende adolescentes llevados a Europa con fines de explotación.
¿Además de la ilusión de ser un gran jugador de futbol hubo algo más que hiciera a Kamau una víctima fácil de esta red de trata de personas? Muchos de los jóvenes, hombres y mujeres, víctimas de estas redes tienen en común una serie de rasgos de vulnerabilidad social y económica. Uno de los intereses actuales de diferentes organismos internacionales es identificar estos elementos de vulnerabilidad en las ciudades origen de estos jóvenes. Si las características son semejantes y fueran agrupables, habría la posibilidad de intervenir de manera integrada en comunidades o barrios específicos de las ciudades origen, para reducir la vulnerabilidad económica y social que los hace presa fácil de la emigración ilegal inducida.
La emigración es un fenómeno propio de la dinámica de las sociedades. La emigración inducida por la coacción o el engaño para fines de explotación económica, es un delito. Sin embargo esta última ocurre con bastante frecuencia entre los países del sur y los países del norte. Más allá de las posiciones conservadores de algunos países del norte que ven en la inmigración uno de los mayores problemas, lo que el mundo necesita es mayor cooperación entre las ciudades origen y las ciudades de acogida de los migrantes. De esta manera los migrantes como Kamau serán menos objeto de explotación y no verán sus derechos abusados.
Publicado El Nuevo Siglo 23-11-2009
22 de noviembre de 2009
Volver a la Policía en las ciudades
Cuando fundó Scotland Yard en 1828, Sir Robert Peel propuso que un policía debería ser nada distinto a un ciudadano dedicado las 24 horas del día a las tareas básicas del ciudadano: velar porque los demás miembros de la comunidad pudieran gozar de la mayor tranquilidad posible. Se puede ir más allá y plantear que en las ciudades la Policía debe también considerarse como un actor del desarrollo social urbano. Esto es lo que plantea la Plataforma de Policía para el Desarrollo Urbano que acaba de lanzarse en Barcelona por parte de Naciones Unidas Hábitat, el Instituto de la Seguridad del Gobierno de Cataluña y la Policía Nacional Sueca.
La plataforma PPDU quiere servir de espacio de intercambio y articulación entre las policías y los responsables del desarrollo económico y social en las ciudades del mundo. También pretende desarrollar una doctrina complementaria para facilitar la articulación de las policías en las políticas urbanas, más allá de las políticas de seguridad urbana, y al mismo tiempo la incorporación de criterios policiales y de prevención del delito en el diseño urbano, en la gobernanza de la ciudad y en el desarrollo social y económico.
Muchas sociedades urbanas siguen contemplando la seguridad y la convivencia como uno de los mayores problemas, al lado del problema socioeconómico. Pero también en muchas ciudades del mundo las políticas de seguridad urbana siguen siendo un asunto tradicional de policía, en el cual poco o nada participan los gobiernos locales. Algunos mandatarios locales han incorporado el discurso, pero en realidad no inciden en la política de seguridad.
Algunos líderes del tema en el mundo planteaban desde hace rato la necesidad de esta plataforma para intercambiar ideas y experiencias entre ciudades, para desarrollar nuevas herramientas de aplicación y para construir un espacio de intercambio entre dos mundos y dos visiones tradicionalmente antagónicos.
Experiencias de ciudades como Barcelona y Medellín, la primera planeada, la segunda empírica en la comuna nororiental, muestran que es posible obtener resultados cuando la planeación integral urbana incorpora el tema de policía. Experiencias de Torino en Italia y de Kuwait también dejan entender que el manejo del espacio público es una gran oportunidad para la articulación de policía con actores sociales, en la primera, como para el trabajo de seguridad y convivencia en la ciudad multicultural. Incluso ciudades con problemas de violencia críticos como Rio de Janeiro en algunas de sus favelas o como Abuja en Nigeria, están demostrando en trabajos piloto que cuando la policía tiene el reflejo de acercarse a los actores del desarrollo social y económico, los resultados obtenidos en seguridad pueden tener un carácter más sostenible. Para Colombia, el programa Departamentos y Municipios Seguros de la Policía Nacional pudiera dar un salto en el sentido que plantea esta plataforma y dar mayor iniciativa a los actores del desarrollo económico y social municipal.
Publicado El Nuevo Siglo 09-11-2009
La plataforma PPDU quiere servir de espacio de intercambio y articulación entre las policías y los responsables del desarrollo económico y social en las ciudades del mundo. También pretende desarrollar una doctrina complementaria para facilitar la articulación de las policías en las políticas urbanas, más allá de las políticas de seguridad urbana, y al mismo tiempo la incorporación de criterios policiales y de prevención del delito en el diseño urbano, en la gobernanza de la ciudad y en el desarrollo social y económico.
Muchas sociedades urbanas siguen contemplando la seguridad y la convivencia como uno de los mayores problemas, al lado del problema socioeconómico. Pero también en muchas ciudades del mundo las políticas de seguridad urbana siguen siendo un asunto tradicional de policía, en el cual poco o nada participan los gobiernos locales. Algunos mandatarios locales han incorporado el discurso, pero en realidad no inciden en la política de seguridad.
Algunos líderes del tema en el mundo planteaban desde hace rato la necesidad de esta plataforma para intercambiar ideas y experiencias entre ciudades, para desarrollar nuevas herramientas de aplicación y para construir un espacio de intercambio entre dos mundos y dos visiones tradicionalmente antagónicos.
Experiencias de ciudades como Barcelona y Medellín, la primera planeada, la segunda empírica en la comuna nororiental, muestran que es posible obtener resultados cuando la planeación integral urbana incorpora el tema de policía. Experiencias de Torino en Italia y de Kuwait también dejan entender que el manejo del espacio público es una gran oportunidad para la articulación de policía con actores sociales, en la primera, como para el trabajo de seguridad y convivencia en la ciudad multicultural. Incluso ciudades con problemas de violencia críticos como Rio de Janeiro en algunas de sus favelas o como Abuja en Nigeria, están demostrando en trabajos piloto que cuando la policía tiene el reflejo de acercarse a los actores del desarrollo social y económico, los resultados obtenidos en seguridad pueden tener un carácter más sostenible. Para Colombia, el programa Departamentos y Municipios Seguros de la Policía Nacional pudiera dar un salto en el sentido que plantea esta plataforma y dar mayor iniciativa a los actores del desarrollo económico y social municipal.
Publicado El Nuevo Siglo 09-11-2009
Lecciones cariocas (2)
Siguiendo con el análisis del problema de seguridad urbana de Rio de Janeiro, aquí van otras seis verdades analizadas por la revista Veja de Octubre 28. Estas verdades dicen de la complejidad del problema y suscitan preguntas y reflexiones globales que pueden inspirar políticas de prevención en otros países y ciudades.
1) El problema de combatir el crimen con más crimen. En Río se crearon grupos que actuaron por cuenta propia contra las organizaciones criminales. Ex policías, bomberos y civiles conformaron estas especies de convivir. El resultado era obvio. Se transformaron en milicias que donde ganaron impusieron su ley y sus propios monopolios en la economía informal. ¿Hará falta más evidencia para entender que la única forma de combatir el crimen es desde la legalidad? Tendrían que analizar más la experiencia pasada de países como Colombia.
2) Algunos líderes de estas milicias se convirtieron en líderes comunitarios y luego incidieron en la orientación electoral de “sus” comunidades. El trabajo reciente de Lucas Jaramillo en una ciudad del norte de Colombia ya mostró las dificultades del “paramilitarismo comunitario” que llevó el poder que les daban las armas a otros ámbitos: la política y la organización social.
3) La corrupción que torna a la policía más ineficaz. Este planteamiento de la Revista Veja se sustenta en el análisis de la tasa de resolución de homicidios: En Rio este indicador está en 4% mientras que en Sao Paulo es de 60%. En muchos países no existen datos suficientes para determinar la tasa de esclarecimiento de delitos. Este parecería ser un indicador clave para determinar qué tan eficientes son en un país la policía y la justicia.
4) Las comunidades sirven de escudos humanos. En Río las organizaciones criminales han usado a la población para dificultar la acción de la fuerza pública. La vulnerabilidad de la población en los sitios donde actúa el crimen organizado puede ser extremadamente alta. ¿Y qué tanto algunas comunidades en diferentes zonas urbanas del mundo son también víctimas de su permisividad con integrantes de estas organizaciones?
5) Falta inversión pública en la seguridad urbana. ¿Qué tanto se debe invertir en seguridad urbana desde los diferentes niveles de gobierno? ¿Cuánto se debe invertir en coerción y cuanto en prevención? Estas son preguntas claves que deberían tener una respuesta objetiva en todos los países del mundo.
6) Las favelas no producen drogas ni armas. La acción de la fuerza pública, según Veja, está focalizada en las favelas, pero habría que redoblar esfuerzos en los sitios de ingreso y tráfico de armas y drogas a este país. ¿Por qué siempre las cámaras y la atención sobre lo criminal están en los sitios de los más pobres y vulnerables? ¿Por qué no están en los ámbitos en los que la corrupción permite el fácil ingreso de los ilícitos? Esa es la pregunta de las comunidades locales en todo el mundo.
Publicado El Nuevo Siglo 16-11-2009
1) El problema de combatir el crimen con más crimen. En Río se crearon grupos que actuaron por cuenta propia contra las organizaciones criminales. Ex policías, bomberos y civiles conformaron estas especies de convivir. El resultado era obvio. Se transformaron en milicias que donde ganaron impusieron su ley y sus propios monopolios en la economía informal. ¿Hará falta más evidencia para entender que la única forma de combatir el crimen es desde la legalidad? Tendrían que analizar más la experiencia pasada de países como Colombia.
2) Algunos líderes de estas milicias se convirtieron en líderes comunitarios y luego incidieron en la orientación electoral de “sus” comunidades. El trabajo reciente de Lucas Jaramillo en una ciudad del norte de Colombia ya mostró las dificultades del “paramilitarismo comunitario” que llevó el poder que les daban las armas a otros ámbitos: la política y la organización social.
3) La corrupción que torna a la policía más ineficaz. Este planteamiento de la Revista Veja se sustenta en el análisis de la tasa de resolución de homicidios: En Rio este indicador está en 4% mientras que en Sao Paulo es de 60%. En muchos países no existen datos suficientes para determinar la tasa de esclarecimiento de delitos. Este parecería ser un indicador clave para determinar qué tan eficientes son en un país la policía y la justicia.
4) Las comunidades sirven de escudos humanos. En Río las organizaciones criminales han usado a la población para dificultar la acción de la fuerza pública. La vulnerabilidad de la población en los sitios donde actúa el crimen organizado puede ser extremadamente alta. ¿Y qué tanto algunas comunidades en diferentes zonas urbanas del mundo son también víctimas de su permisividad con integrantes de estas organizaciones?
5) Falta inversión pública en la seguridad urbana. ¿Qué tanto se debe invertir en seguridad urbana desde los diferentes niveles de gobierno? ¿Cuánto se debe invertir en coerción y cuanto en prevención? Estas son preguntas claves que deberían tener una respuesta objetiva en todos los países del mundo.
6) Las favelas no producen drogas ni armas. La acción de la fuerza pública, según Veja, está focalizada en las favelas, pero habría que redoblar esfuerzos en los sitios de ingreso y tráfico de armas y drogas a este país. ¿Por qué siempre las cámaras y la atención sobre lo criminal están en los sitios de los más pobres y vulnerables? ¿Por qué no están en los ámbitos en los que la corrupción permite el fácil ingreso de los ilícitos? Esa es la pregunta de las comunidades locales en todo el mundo.
Publicado El Nuevo Siglo 16-11-2009
Lecciones cariocas (1)
Hace dos semanas el mundo se vio sorprendido por la imagen de un helicóptero derribado por grupos de criminalidad organizada en las favelas de Rio de Janeiro. Esta imagen mostrada por todos los noticieros del mundo puso de manifiesto el gran reto de Rio sede de los olímpicos de 2016: prevenir la criminalidad y la violencia.
La revista Veja, referencia periodística en Brasil, destacó en su edición reciente quince verdades a tener en cuenta para analizar el problema. Esos puntos suscitan una serie de preguntas que el mundo en general debe responder. Aquí van los seis primeros:
1. La relación entre consumo y violencia. ¿Cómo habría que considerar la relación entre quien consume droga y la violencia que el tráfico del mismo consumo genera? Una pista para esta respuesta es analizar lo realizado en otros ámbitos: Por ejemplo en el mundo ecológico ya se ha hablado de la responsabilidad ambiental de los consumidores de bienes y servicios.
2. La ceguera del Narcolirismo. ¿Hasta dónde el consumo de droga por miembros de ciertas élites sociales en privado, legitima socialmente la actividad criminal? Habría también lugar para hablar de la responsabilidad del consumidor.
3. El culto al malandro. ¿Hasta dónde existe permisividad social con los antihéroes que son los capos y las cabezas de las organizaciones criminales? La teoría del atajo de Mockus plantean una reflexión interesante al respecto. El éxito de series de televisión o de cine sobre los narcotraficantes permite volver a viejas preguntas sobre el papel de los criminales en el imaginario social.
4. El estímulo populista de la “favelización”. Según Veja, muchos políticos se beneficiaron electoralmente de la existencia de las favelas. El populismo en las zonas más pobres parece ser el pan de cada día en muchos países del mundo. ¿Será que por ley transitiva una parte de la responsabilidad de la violencia en las zonas marginales de nuestras ciudades hay que buscarla en los políticos populistas que alentaron el crecimiento urbano precario o que callaron frente a ello? Cabría revisar la cuestión.
5. El miedo a remover las favelas. La pregunta es ¿qué hacer con los barrios informales en América Latina? ¿Relocalizar o remover son la única alternativa, así sea políticamente un suicidio? Ejemplos como el de la Comuna Nororiental de Medellín demuestran que existen soluciones posibles mezclando mejoramiento integral, intervenciones en infraestructura social y algo de relocalización que facilite la construcción de espacios públicos democráticos. No es fácil hacerlo pero es urgente.
6. Fingir que los bandidos no mandan. Para Veja, el discurso oficial insiste en que el Estado controla el territorio. Pero la realidad en muchos barrios informales, como en pequeñas y hasta grandes ciudades, es la captura o cooptación del Estado y de la sociedad por las organizaciones criminales. Este es tal vez uno de los mayores retos en la lucha contra la criminalidad organizada: recuperar el imperio de la ley en muchos barrios y ciudades.
Publicado El Nuevo Siglo 02-11-2009
La revista Veja, referencia periodística en Brasil, destacó en su edición reciente quince verdades a tener en cuenta para analizar el problema. Esos puntos suscitan una serie de preguntas que el mundo en general debe responder. Aquí van los seis primeros:
1. La relación entre consumo y violencia. ¿Cómo habría que considerar la relación entre quien consume droga y la violencia que el tráfico del mismo consumo genera? Una pista para esta respuesta es analizar lo realizado en otros ámbitos: Por ejemplo en el mundo ecológico ya se ha hablado de la responsabilidad ambiental de los consumidores de bienes y servicios.
2. La ceguera del Narcolirismo. ¿Hasta dónde el consumo de droga por miembros de ciertas élites sociales en privado, legitima socialmente la actividad criminal? Habría también lugar para hablar de la responsabilidad del consumidor.
3. El culto al malandro. ¿Hasta dónde existe permisividad social con los antihéroes que son los capos y las cabezas de las organizaciones criminales? La teoría del atajo de Mockus plantean una reflexión interesante al respecto. El éxito de series de televisión o de cine sobre los narcotraficantes permite volver a viejas preguntas sobre el papel de los criminales en el imaginario social.
4. El estímulo populista de la “favelización”. Según Veja, muchos políticos se beneficiaron electoralmente de la existencia de las favelas. El populismo en las zonas más pobres parece ser el pan de cada día en muchos países del mundo. ¿Será que por ley transitiva una parte de la responsabilidad de la violencia en las zonas marginales de nuestras ciudades hay que buscarla en los políticos populistas que alentaron el crecimiento urbano precario o que callaron frente a ello? Cabría revisar la cuestión.
5. El miedo a remover las favelas. La pregunta es ¿qué hacer con los barrios informales en América Latina? ¿Relocalizar o remover son la única alternativa, así sea políticamente un suicidio? Ejemplos como el de la Comuna Nororiental de Medellín demuestran que existen soluciones posibles mezclando mejoramiento integral, intervenciones en infraestructura social y algo de relocalización que facilite la construcción de espacios públicos democráticos. No es fácil hacerlo pero es urgente.
6. Fingir que los bandidos no mandan. Para Veja, el discurso oficial insiste en que el Estado controla el territorio. Pero la realidad en muchos barrios informales, como en pequeñas y hasta grandes ciudades, es la captura o cooptación del Estado y de la sociedad por las organizaciones criminales. Este es tal vez uno de los mayores retos en la lucha contra la criminalidad organizada: recuperar el imperio de la ley en muchos barrios y ciudades.
Publicado El Nuevo Siglo 02-11-2009
Gerardo el re-inmigrante
Gerardo nació en Palmira. A los 45 años se quedó sin trabajo. Decidió irse a Londres a probar suerte. En su mente estaba la idea de enviar dinero para que sus hijos de 16, 14 y 5 continuaran los estudios. Ocho años después, la crisis económica ha hecho más dura la competencia por el trabajo informal para los inmigrantes ilegales en Londres. La revaluación del peso ha hecho que las libras que enviaba a su familia tengan hoy menos poder adquisitivo en Colombia. Gerardo ha decidido regresar a su país y no sabe qué suerte le espera.
Cuando llegó a Londres trabajaba dieciocho horas diarias. Tenía el entusiasmo del recién llegado, animado por el sentimiento de responsabilidad para con su familia. Consiguió un trabajo como limpiador de baños. No hablaba inglés. En realidad, no se necesita mucho inglés para entender lo que es la mierda en Londres. Recibía cinco libras esterlina por hora. Con esto pagaba su estadía, resumida a una habitación y mala comida, y por supuesto ninguna seguridad social. Lo que le quedaba lo enviaba a su familia en Palmira. Cuando la libra esterlina llegó a estar entre cuatro y cinco mil pesos, lo que enviaba alcanzaba también para hacer algunos ahorros.
Los años pasaron y Gerardo no aprendió mas inglés que el mínimo necesario para saludar y responder preguntas de si o no. En cambio, el conocimiento de Londres y de sus calles le permitió conseguir un trabajo como repartidor de correo postal. Ahora cobraba entre siete y ocho libras esterlinas por hora. Entonces comenzó a trabajar menos. El tiempo restante lo dedicaba esencialmente a compartir con otros miembros de la comunidad latina que estaban más o menos en su misma situación.
Gerardo nunca visitó a su familia durante estos ocho años como inmigrante ilegal en Londres. Solo pudo seguir el crecimiento de sus hijos a través de fotografías y de las imágines que le llegaban a su correo electrónico últimamente.
En los últimos años, con la revaluación del peso, Gerardo pensó en volver a los ritmos de trabajo de su época de recién llegado. Pero ya no tenía la misma energía. Tampoco había las mismas oportunidades. Incluso para limpiar baños comenzaron a pedirle documentos legales. La decisión de regresar no tardó en ser tomada y ahora está de viaje de regreso pensando que tal vez ahora es distinto y que podrá encontrar la oportunidad de trabajo que ocho años atrás no tuvo.
La crisis ha hecho que los inmigrantes colombianos consideren el retorno. Pero tal vez muchos de ellos se encuentren con que la realidad laboral en el país les sigue siendo esquiva. Y que durante los años que estuvieron afuera no ocurrieron mayores cambios en la superación de la pobreza y la creación de nuevas oportunidades. Les quedará, si les toca, como también está en la mente de Gerardo, buscar oportunidades en mercados ilegales.
Publicado El Nuevo Siglo 26-10-2009
Cuando llegó a Londres trabajaba dieciocho horas diarias. Tenía el entusiasmo del recién llegado, animado por el sentimiento de responsabilidad para con su familia. Consiguió un trabajo como limpiador de baños. No hablaba inglés. En realidad, no se necesita mucho inglés para entender lo que es la mierda en Londres. Recibía cinco libras esterlina por hora. Con esto pagaba su estadía, resumida a una habitación y mala comida, y por supuesto ninguna seguridad social. Lo que le quedaba lo enviaba a su familia en Palmira. Cuando la libra esterlina llegó a estar entre cuatro y cinco mil pesos, lo que enviaba alcanzaba también para hacer algunos ahorros.
Los años pasaron y Gerardo no aprendió mas inglés que el mínimo necesario para saludar y responder preguntas de si o no. En cambio, el conocimiento de Londres y de sus calles le permitió conseguir un trabajo como repartidor de correo postal. Ahora cobraba entre siete y ocho libras esterlinas por hora. Entonces comenzó a trabajar menos. El tiempo restante lo dedicaba esencialmente a compartir con otros miembros de la comunidad latina que estaban más o menos en su misma situación.
Gerardo nunca visitó a su familia durante estos ocho años como inmigrante ilegal en Londres. Solo pudo seguir el crecimiento de sus hijos a través de fotografías y de las imágines que le llegaban a su correo electrónico últimamente.
En los últimos años, con la revaluación del peso, Gerardo pensó en volver a los ritmos de trabajo de su época de recién llegado. Pero ya no tenía la misma energía. Tampoco había las mismas oportunidades. Incluso para limpiar baños comenzaron a pedirle documentos legales. La decisión de regresar no tardó en ser tomada y ahora está de viaje de regreso pensando que tal vez ahora es distinto y que podrá encontrar la oportunidad de trabajo que ocho años atrás no tuvo.
La crisis ha hecho que los inmigrantes colombianos consideren el retorno. Pero tal vez muchos de ellos se encuentren con que la realidad laboral en el país les sigue siendo esquiva. Y que durante los años que estuvieron afuera no ocurrieron mayores cambios en la superación de la pobreza y la creación de nuevas oportunidades. Les quedará, si les toca, como también está en la mente de Gerardo, buscar oportunidades en mercados ilegales.
Publicado El Nuevo Siglo 26-10-2009
Seguridad urbana y hábitat
Se presenta esta semana el libro de ONU-Habitat “Seguridad urbana y hábitat: tendencias, prevención y gobernanza de la seguridad” editado por este columnista y por Fabio Giraldo. Es la ocasión para recordar a alcaldes, a planificadores, funcionarios nacionales y comandantes de policía, que la seguridad en las ciudades del mundo está íntimamente ligada a las intervenciones que buscan el desarrollo urbano. No hay seguridad sin una perspectiva integral del hábitat y de la ciudad.
Lo más importante de una perspectiva de seguridad asumida desde lo urbano es la integralidad. Una buena política de seguridad urbana y convivencia debe combinar aspectos como: fortalecimiento institucional, política de espacio público físico, integración del concepto de cultura ciudadana, mayor participación de la ciudadanía, territorialización de la política pública y corresponsabilidad. Esto debe sumarse a los aspectos tradicionales de la concepción de la seguridad que en este país asumieron el eslogan de “zanahoria y garrote”.
El ciudadano urbano mejor informado está aumentando la demanda por una política de seguridad urbana más eficaz. Frente a esto, se requieren nuevos desarrollos, nuevas capacidades de análisis, todo orientado a una nueva visión política de seguridad urbana y la convivencia para el largo plazo que surja de los diálogos y debates políticos y ciudadanos sobre los retos que cada ciudad debe enfrentar y estar en capacidad de anticipar. La prevención efectiva de los problemas de delincuencia y convivencia en las ciudades, significará mayores exigencias a las autoridades locales y la policía urbana. Por ello, las ciudades deben fortalecer sus capacidades para: a) administrar y gerenciar los temas de convivencia y seguridad urbana, b) garantizar el ejercicio de los derechos a la seguridad y las libertades públicas por parte de los ciudadanos; c) medir la criminalidad, la violencia y la percepción de inseguridad; d) abordar integralmente todos los problemas de civismo y convivencia ciudadana, las manifestaciones de la violencia y la delincuencia, además de prepararse para rechazar los impactos de la criminalidad organizada; y e) concebir y fortalecer una política de orden social que permita construir una sociedad urbana más justa, en donde prime la cohesión social.
Los gobiernos nacionales, tradicionalmente reacios a la participación de los gobiernos locales en las políticas de seguridad urbana, deben comprender que la importancia de la tarea de las ciudades en las políticas de seguridad está la prevención. Aunque resulta obvio, no sobra insistir en que es en el ámbito local donde se materializan las políticas públicas y las intervenciones sociales. En esta medida, el acceso y el derecho a otros bienes públicos en la ciudad favorece el derecho al bien público de la seguridad.
En este escenario, la obligación de las autoridades locales es asumir el liderazgo, la de las nacionales, permitirlo, y la de la policía, integrarse activamente a las políticas integrales de desarrollo urbano. Será lo único que funcione en el futuro.
Publicado El Nuevo Siglo 19-10-2009
Lo más importante de una perspectiva de seguridad asumida desde lo urbano es la integralidad. Una buena política de seguridad urbana y convivencia debe combinar aspectos como: fortalecimiento institucional, política de espacio público físico, integración del concepto de cultura ciudadana, mayor participación de la ciudadanía, territorialización de la política pública y corresponsabilidad. Esto debe sumarse a los aspectos tradicionales de la concepción de la seguridad que en este país asumieron el eslogan de “zanahoria y garrote”.
El ciudadano urbano mejor informado está aumentando la demanda por una política de seguridad urbana más eficaz. Frente a esto, se requieren nuevos desarrollos, nuevas capacidades de análisis, todo orientado a una nueva visión política de seguridad urbana y la convivencia para el largo plazo que surja de los diálogos y debates políticos y ciudadanos sobre los retos que cada ciudad debe enfrentar y estar en capacidad de anticipar. La prevención efectiva de los problemas de delincuencia y convivencia en las ciudades, significará mayores exigencias a las autoridades locales y la policía urbana. Por ello, las ciudades deben fortalecer sus capacidades para: a) administrar y gerenciar los temas de convivencia y seguridad urbana, b) garantizar el ejercicio de los derechos a la seguridad y las libertades públicas por parte de los ciudadanos; c) medir la criminalidad, la violencia y la percepción de inseguridad; d) abordar integralmente todos los problemas de civismo y convivencia ciudadana, las manifestaciones de la violencia y la delincuencia, además de prepararse para rechazar los impactos de la criminalidad organizada; y e) concebir y fortalecer una política de orden social que permita construir una sociedad urbana más justa, en donde prime la cohesión social.
Los gobiernos nacionales, tradicionalmente reacios a la participación de los gobiernos locales en las políticas de seguridad urbana, deben comprender que la importancia de la tarea de las ciudades en las políticas de seguridad está la prevención. Aunque resulta obvio, no sobra insistir en que es en el ámbito local donde se materializan las políticas públicas y las intervenciones sociales. En esta medida, el acceso y el derecho a otros bienes públicos en la ciudad favorece el derecho al bien público de la seguridad.
En este escenario, la obligación de las autoridades locales es asumir el liderazgo, la de las nacionales, permitirlo, y la de la policía, integrarse activamente a las políticas integrales de desarrollo urbano. Será lo único que funcione en el futuro.
Publicado El Nuevo Siglo 19-10-2009
14 de octubre de 2009
La revolución celular
Hace apenas diez años era imposible llegar a una cita sin tener completamente memorizado o muy bien escrito en un papel, el camino para llegar a la dirección de la misma. Hoy ya no es necesario. Con el celular en la mano, no es imposible ver a dos personas que, para encontrarse, se marcan al celular, así estén a diez metros de distancia. También era necesario prever mejor las llegadas, las salidas, los itinerarios, pues no había celular a la mano para confirmar. Las hijas, para hablar de una reciente publicidad de radio, no tenían que responder por celular a su padre que preocupado llama hoy cada dos minutos para saber cómo está. No era común la comunicación en tiempo real.
Comunicarse en tiempo real es hoy una revolución. Y es “bien público” en la medida en que todo ciudadano debería tener acceso a ello. Pero ese acceso puede ser afectada por la posibilidad de “tener minutos” para llamar o por la cobertura de la red.
Durante mucho tiempo, tener una línea de teléfono fija constituyó parte de algunos indicadores económicos de desarrollo social. Esta variable ya no significa lo que antes. Podría incluso pensarse que tener línea fija es un lastre, cuando algunas empresas públicas hacen hasta lo imposible para que los usuarios no las entreguen. Es el resultado de la falta de visión de sus dirigentes en tiempos anteriores.
Los ciudadanos más beneficiados son los más pobres. Tienen acceso a comunicación. Y esto quiere decir acceso a información cotidiana. Los ciudadanos rurales están pasando, de manera masiva, del aislamiento a la posibilidad de comunicarse en tiempo real, de resolver problemas cotidianos con mayor facilidad, de impulsar sus tareas sociales o sus actividades económicas en tiempo real. Y esto en países con zonas rurales pobres, es muy importante.
Los decisores y sus grupos de trabajo deben dar toda la atención a los aspectos de equidad y acceso al bien público que es la comunicación en tiempo real. Una gran cantidad de actividades y situaciones pueden beneficiarse del buen eso de los celulares. Y, para tocar un tema tradicional de esta columna, la seguridad ciudadana podría ser uno de estos temas. En algunos países por ejemplo se ha puesto de moda que los ciudadanos se convocan por mensaje de texto, el famoso SMS, para sus citas urbanas: bien una cena de blanco en Paris, bien una actividad juvenil en Madrid. ¿Por qué no utilizar el mecanismo para por ejemplo mejorar la relación entre la policía y la comunidad?, ¿o para informar a los ciudadanos sobre situaciones de riesgo?, ¿o para brindar orientaciones preventivas, por ejemplo teniendo información de primera mano sobre los taxis?
En fin, la comunicación por celular es una revolución y aún se puede aprovechar mucho en beneficio del ciudadano para facilitar su acceso a las oportunidades del desarrollo o para disminuir sus riesgos.
Publicado El Nuevo Siglo 12-10-2009
Comunicarse en tiempo real es hoy una revolución. Y es “bien público” en la medida en que todo ciudadano debería tener acceso a ello. Pero ese acceso puede ser afectada por la posibilidad de “tener minutos” para llamar o por la cobertura de la red.
Durante mucho tiempo, tener una línea de teléfono fija constituyó parte de algunos indicadores económicos de desarrollo social. Esta variable ya no significa lo que antes. Podría incluso pensarse que tener línea fija es un lastre, cuando algunas empresas públicas hacen hasta lo imposible para que los usuarios no las entreguen. Es el resultado de la falta de visión de sus dirigentes en tiempos anteriores.
Los ciudadanos más beneficiados son los más pobres. Tienen acceso a comunicación. Y esto quiere decir acceso a información cotidiana. Los ciudadanos rurales están pasando, de manera masiva, del aislamiento a la posibilidad de comunicarse en tiempo real, de resolver problemas cotidianos con mayor facilidad, de impulsar sus tareas sociales o sus actividades económicas en tiempo real. Y esto en países con zonas rurales pobres, es muy importante.
Los decisores y sus grupos de trabajo deben dar toda la atención a los aspectos de equidad y acceso al bien público que es la comunicación en tiempo real. Una gran cantidad de actividades y situaciones pueden beneficiarse del buen eso de los celulares. Y, para tocar un tema tradicional de esta columna, la seguridad ciudadana podría ser uno de estos temas. En algunos países por ejemplo se ha puesto de moda que los ciudadanos se convocan por mensaje de texto, el famoso SMS, para sus citas urbanas: bien una cena de blanco en Paris, bien una actividad juvenil en Madrid. ¿Por qué no utilizar el mecanismo para por ejemplo mejorar la relación entre la policía y la comunidad?, ¿o para informar a los ciudadanos sobre situaciones de riesgo?, ¿o para brindar orientaciones preventivas, por ejemplo teniendo información de primera mano sobre los taxis?
En fin, la comunicación por celular es una revolución y aún se puede aprovechar mucho en beneficio del ciudadano para facilitar su acceso a las oportunidades del desarrollo o para disminuir sus riesgos.
Publicado El Nuevo Siglo 12-10-2009
6 de octubre de 2009
Viva Río
Tal vez una de las mejores noticias para América Latina en la última semana fue la elección de Rio de Janeiro como sede de los juegos olímpicos de 2016. El presidente Lula bien manifestó, con emotivas lágrimas, que era uno de los grandes acontecimientos que había recibido en su vida. Eso lo mostraron bien las pantallas de televisión. No era para menos por lo que significa realizar un evento de esta magnitud. Ahora, el punto central de análisis es entender lo que significa para una ciudad como Río prepararse para los juegos. No son pocos los retos que esto implica: preparar la infraestructura, preparar la acogida, preparar la seguridad, preparar el ambiente. En muchos de estos temas esta ciudad puede tener la preparación necesaria. Es una ciudad acostumbrada al turismo y a acoger a grandes cantidades de turistas. Cada año lo hace para su famoso carnaval. Tampoco es un secreto que en materia de ingeniería las firmas brasileras compiten entre las mejores de la región. No deberían tener inconveniente para adaptar la ya importante infraestructura. Y ni se diga del ambiente. Rio es tal vez la ciudad con mejor ambiente en todo el continente. El punto neurálgico de la preparación de los juegos en Rio será la seguridad y la convivencia. Desde ahora, las autoridades como las organizaciones internacionales deben comenzar a planear las respuestas que Rio necesita en materia de seguridad ciudadana y convivencia.
El marco geográfico de Rio de Janeiro combina zonas planas, principalmente cercanas a las playas, con laderas y vertientes, en muchas de las cuales se han desarrollado los asentamientos humanos vulnerables conocidos como favelas y en las que la planeación urbana ha sido la gran ausente. Allí, la informalidad en el desarrollo del hábitat ha incidido de manera importante en los límites al desarrollo económico y social, en los problemas de convivencia y también en el desarrollo de diferentes manifestaciones de la criminalidad.
No han sido pocos los esfuerzos de organismos internacionales y de ONGs para acompañar a Rio en los intentos de manejar y solucionar el problema. Las inversiones han sido cuantiosas en proyectos de mejoramiento integral de barrios. Queda por evaluar el impacto real de las mismas. Lo cierto es que para Río será importante trabajar en una estrategia que permita convertirla en una ciudad más segura, que pueda, en los años que quedan antes de sus juegos olímpicos, darle una oportunidad de desarrollo a sus favelas y al mismo tiempo prevenir los problemas de criminalidad y violencia. Se trata de un gran reto para esta ciudad que casi todo el mundo aprecia.
Río podría inspirarse de lo que ciudades colombianas como Medellín han desarrollo en los años más recientes. Y, definitivamente, lo que pueda desarrollar Río en la construcción de entornos urbanos más seguros será inspirador para las demás ciudades del continente. Las ciudades colombianas deberín estar atentas a dichos desarrollos.
Publicado El Nuevo Siglo 05-10-2009
El marco geográfico de Rio de Janeiro combina zonas planas, principalmente cercanas a las playas, con laderas y vertientes, en muchas de las cuales se han desarrollado los asentamientos humanos vulnerables conocidos como favelas y en las que la planeación urbana ha sido la gran ausente. Allí, la informalidad en el desarrollo del hábitat ha incidido de manera importante en los límites al desarrollo económico y social, en los problemas de convivencia y también en el desarrollo de diferentes manifestaciones de la criminalidad.
No han sido pocos los esfuerzos de organismos internacionales y de ONGs para acompañar a Rio en los intentos de manejar y solucionar el problema. Las inversiones han sido cuantiosas en proyectos de mejoramiento integral de barrios. Queda por evaluar el impacto real de las mismas. Lo cierto es que para Río será importante trabajar en una estrategia que permita convertirla en una ciudad más segura, que pueda, en los años que quedan antes de sus juegos olímpicos, darle una oportunidad de desarrollo a sus favelas y al mismo tiempo prevenir los problemas de criminalidad y violencia. Se trata de un gran reto para esta ciudad que casi todo el mundo aprecia.
Río podría inspirarse de lo que ciudades colombianas como Medellín han desarrollo en los años más recientes. Y, definitivamente, lo que pueda desarrollar Río en la construcción de entornos urbanos más seguros será inspirador para las demás ciudades del continente. Las ciudades colombianas deberín estar atentas a dichos desarrollos.
Publicado El Nuevo Siglo 05-10-2009
Reality de candidatos
A esta hora ya hay candidatos del Polo y del Partido Liberal que, con Uribe o sin Uribe en el partidor, ya son vistos por algunos camino a una consulta interpartidista. Pareciera que se va aclarando el panorama. Pero no es así. La semana pasada fue particularmente inesperada para dos candidatos: Lucho y Uribito.
La borrachera de Lucho le ha salido cara, de eso no hay duda. Está por verse qué tanto. Pero el precedente es que este país es más sensible a las debilidades individuales, que a los crímenes de lesa humanidad. La opinión pública le podría cobrar a Lucho su borrachera más que a otros las masacres, los asesinatos o los robos al Estado. Sería una lástima que borraran a Lucho del escenario, poniéndolo al mismo nivel de otros políticos. De todas formas, lo suyo fue un error grande, como él mismo lo reconoció. La gran pregunta es qué pensarán Mockus y Peñalosa a esta hora. Una salida que ya han debido considerar es hacer de este error una oportunidad pedagógica sobre la responsabilidad individual y la responsabilidad pública. Mockus tiene la palabra.
Por su parte, Uribito mostró el cobre, dirán algunos. Los auxilios o incentivos, como púdicamente se han llamado en el lenguaje oficial, otorgados a las familias tradicionales de varias regiones del país, desde ya anticipan lo que quiere representar el novel precandidato conservador. Pero haber mostrado el cobre ya lo pone en dura competencia con Noemi y Marta Lucía, las que ya le llevan mucha ventaja en capacidad política y capacidad técnica respectivamente.
Mientras tanto Uribe sigue con su encrucijada el alma entre el miedo “formal” a cambiar la constitución y el miedo “real” a volver a épocas de control territorial amplio por parte de la guerrilla. Su estrategia está clara: mantener latente el miedo como arma para aglutinar. Y él sabe utilizarla de manera muy hábil. No es la primera vez que eso se hace en política, más Uribe ha sido un innovador al adaptar el arma del miedo a la situación colombiana.
Una vieja enseñanza de las estrategias de cabildeo y de lobby dice que “todos tienen jefe”, para referirse a que, teóricamente, en la política racional siempre hay alguien o algo susceptible de controlar o motivar las decisiones individuales. En física o matemáticas se hablaría, en sentido inverso, de los grados de libertad. Uribe depende de otros actores y no tiene todos grados de libertad que quisiera. Muy seguramente no se presentará a una tercera elección. Pero ello no impide que haga todo lo posible para generar temor con la segunda reelección. De esta manera puede mantener desorientados a sus opositores y al mismo tiempo preparar el terreno para su posible sucesora o sucesor.
Addenda. En adelante esta columna se ocupará de temas globales o internacionales fundamentalmente. No es riguroso opinar sobre los temas nacionales sin estar allí presente.
Publicado El Nuevo Siglo 28-09-2009
La borrachera de Lucho le ha salido cara, de eso no hay duda. Está por verse qué tanto. Pero el precedente es que este país es más sensible a las debilidades individuales, que a los crímenes de lesa humanidad. La opinión pública le podría cobrar a Lucho su borrachera más que a otros las masacres, los asesinatos o los robos al Estado. Sería una lástima que borraran a Lucho del escenario, poniéndolo al mismo nivel de otros políticos. De todas formas, lo suyo fue un error grande, como él mismo lo reconoció. La gran pregunta es qué pensarán Mockus y Peñalosa a esta hora. Una salida que ya han debido considerar es hacer de este error una oportunidad pedagógica sobre la responsabilidad individual y la responsabilidad pública. Mockus tiene la palabra.
Por su parte, Uribito mostró el cobre, dirán algunos. Los auxilios o incentivos, como púdicamente se han llamado en el lenguaje oficial, otorgados a las familias tradicionales de varias regiones del país, desde ya anticipan lo que quiere representar el novel precandidato conservador. Pero haber mostrado el cobre ya lo pone en dura competencia con Noemi y Marta Lucía, las que ya le llevan mucha ventaja en capacidad política y capacidad técnica respectivamente.
Mientras tanto Uribe sigue con su encrucijada el alma entre el miedo “formal” a cambiar la constitución y el miedo “real” a volver a épocas de control territorial amplio por parte de la guerrilla. Su estrategia está clara: mantener latente el miedo como arma para aglutinar. Y él sabe utilizarla de manera muy hábil. No es la primera vez que eso se hace en política, más Uribe ha sido un innovador al adaptar el arma del miedo a la situación colombiana.
Una vieja enseñanza de las estrategias de cabildeo y de lobby dice que “todos tienen jefe”, para referirse a que, teóricamente, en la política racional siempre hay alguien o algo susceptible de controlar o motivar las decisiones individuales. En física o matemáticas se hablaría, en sentido inverso, de los grados de libertad. Uribe depende de otros actores y no tiene todos grados de libertad que quisiera. Muy seguramente no se presentará a una tercera elección. Pero ello no impide que haga todo lo posible para generar temor con la segunda reelección. De esta manera puede mantener desorientados a sus opositores y al mismo tiempo preparar el terreno para su posible sucesora o sucesor.
Addenda. En adelante esta columna se ocupará de temas globales o internacionales fundamentalmente. No es riguroso opinar sobre los temas nacionales sin estar allí presente.
Publicado El Nuevo Siglo 28-09-2009
20 de septiembre de 2009
Difícil desarrollo urbano
Las ciudades colombianas están en un proceso de consolidación. Pero aún tienen muchos retos por resolver. Siguen afrontando con dificultades muchos de los problemas que las afectan. Y si bien hay casos exitosos e importantes, también hay recaídas. Dos ejemplos recientes son la corrupción y la inseguridad. La corrupción que surge donde hay grandes debilidades institucionales frente a grandes apetitos. La inseguridad que se está alimentando de la carencia de una estrategia nacional de seguridad urbana.
El último ejemplo de dudas sobre gran corrupción lo han develado los medios y el Concejo de Bogotá. Se trata de las actuaciones difíciles de entender de funcionarios de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos. Al parecer, la puja de grandes grupos de contratación por el control de un millonario contrato para operar el moribundo relleno de Doña Juana, no se ha dado sin consecuencias en la actuación errada, y quién sabe si interesada en el propio pecunio, de algunos funcionarios. No sería difícil de entender que una entidad débil, con una mayoría de funcionarios contratistas, sea altamente vulnerable a eventuales capturas por grupos privados. Los problemas de fondo son dos: la debilidad estructural de esta entidad y el gran interés que representa para los grupos de contratistas y sus aliados políticos, el que la situación se mantenga así. Así es más fácil capturar el estado. Sería bueno escuchar lo que piensa el Alcalde de Bogotá sobre esto, pues el día del próximo escándalo por corrupción o emergencia ambiental no es imposible que su popularidad regrese a niveles cercanos al 20%.
En cuanto a la inseguridad, la ciudadanía urbana sigue manifestando gran preocupación por el fenómeno. El ejemplo de la última encuesta de Medellín Cómo Vamos, ha mostrado la sensibilidad del tema. Allí, sin embargo, un funcionario dio muestra de gallardía. El Secretario de Gobierno Jesús Ramírez en su carta de renuncia asumió el costo político de dicha situación, que como lo muestran los análisis, no depende solamente del gobierno local, sino también, y en mucho, del gobierno y los organismos del orden nacional. Si no hay una estrategia nacional de seguridad ciudadana que sirva de telón de fondo para articularse con los gobiernos locales, no es imposible que en medio de luchas mafiosas que no controla un gobierno local y que articulan gran cantidad de grupos de criminalidad organizada, la seguridad urbana se degrade.
Estos ejemplos muestran la debilidad y la vulnerabilidad de nuestras ciudades. Vamos a necesitar mayores liderazgos, mejores coordinaciones interinstitucionales, más control y mayor responsabilidad para la solución de los problemas del desarrollo urbano. Y esto obliga a volver a mirar las capacidades de las administraciones municipales, que ha venido francamente en claro deterioro y cuando más se ha estancado. Y por otra parte, hay que volver a revisar la pertinencia de las políticas nacionales para los territorios urbanos y cómo se articulan con la política local.
Publicado El Nuevo Siglo 21-09-2009
El último ejemplo de dudas sobre gran corrupción lo han develado los medios y el Concejo de Bogotá. Se trata de las actuaciones difíciles de entender de funcionarios de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos. Al parecer, la puja de grandes grupos de contratación por el control de un millonario contrato para operar el moribundo relleno de Doña Juana, no se ha dado sin consecuencias en la actuación errada, y quién sabe si interesada en el propio pecunio, de algunos funcionarios. No sería difícil de entender que una entidad débil, con una mayoría de funcionarios contratistas, sea altamente vulnerable a eventuales capturas por grupos privados. Los problemas de fondo son dos: la debilidad estructural de esta entidad y el gran interés que representa para los grupos de contratistas y sus aliados políticos, el que la situación se mantenga así. Así es más fácil capturar el estado. Sería bueno escuchar lo que piensa el Alcalde de Bogotá sobre esto, pues el día del próximo escándalo por corrupción o emergencia ambiental no es imposible que su popularidad regrese a niveles cercanos al 20%.
En cuanto a la inseguridad, la ciudadanía urbana sigue manifestando gran preocupación por el fenómeno. El ejemplo de la última encuesta de Medellín Cómo Vamos, ha mostrado la sensibilidad del tema. Allí, sin embargo, un funcionario dio muestra de gallardía. El Secretario de Gobierno Jesús Ramírez en su carta de renuncia asumió el costo político de dicha situación, que como lo muestran los análisis, no depende solamente del gobierno local, sino también, y en mucho, del gobierno y los organismos del orden nacional. Si no hay una estrategia nacional de seguridad ciudadana que sirva de telón de fondo para articularse con los gobiernos locales, no es imposible que en medio de luchas mafiosas que no controla un gobierno local y que articulan gran cantidad de grupos de criminalidad organizada, la seguridad urbana se degrade.
Estos ejemplos muestran la debilidad y la vulnerabilidad de nuestras ciudades. Vamos a necesitar mayores liderazgos, mejores coordinaciones interinstitucionales, más control y mayor responsabilidad para la solución de los problemas del desarrollo urbano. Y esto obliga a volver a mirar las capacidades de las administraciones municipales, que ha venido francamente en claro deterioro y cuando más se ha estancado. Y por otra parte, hay que volver a revisar la pertinencia de las políticas nacionales para los territorios urbanos y cómo se articulan con la política local.
Publicado El Nuevo Siglo 21-09-2009
13 de septiembre de 2009
Narcotráfico democrático
En Colombia se ha abusado hasta el cansancio del adjetivo “democrático(a)” y no falta ahora quien hable del “narcotráfico democrático”. Que no se trata de un sablazo a Palacio por si alguno de sus miembros y amigos ya se ha prevenido al leer estas primeras líneas. Esta nueva expresión más bien parece nombrar la forma que encontró el negocio del narcotráfico para solucionar dos obstáculos que les preocupan: el alto perfil y la aversión social. La solución encontrada parece obvia: que muchos más obtengan una parte de la renta.
Algunos pasos de la cadena del narcotráfico siguen buscando una perspectiva mayorista: El transporte de grandes cargamentos de droga por el Pacífico o por el Caribe y la introducción de pacas de dólares del negocio de una sola vez por aire o por mar. Pero ahora, muchos están entrando dólares en múltiples operaciones de pequeñas cantidades o en especie (contrabando).
Lo nuevo es que hay una mayor participación de grupos y personas distintos en las rentas de la logística del transporte como del lavado de los dineros.
El transporte de una lancha rápida desde el Pacífico colombiano cuenta con la participación de aventureros de Juradó en Colombia o de Jaqué en Panamá. Y en su viaje a México o a barcos intermedios, las necesidades en mantenimiento y abastecimiento permiten actividad económica y rentas a muchas comunidades sobre las costas centroamericanas. Son particularmente activas comunidades de las fronteras Panamá-Costa Rica y Costa Rica-Nicaragua. Muchas comunidades y grupos allí viven de la economía informal derivada de suministros, servicios, provisiones y a veces protección a este transporte. Cuando hay naufragios, ellos mismos pueden recuperar la droga y distribuirla en mercados locales.
En Colombia, la droga que no cumple con la calidad exigida por compradores será destinada al mercado local, principalmente en las grandes ciudades, donde está creciendo el microtráfico. Este microtráfico requiere una gran red de distribución, conformada fundamentalmente por grupos delincuenciales barriales y por familias que entran a la actividad. El mercado son principalmente los jóvenes de clase media o media baja. La elección del expendedor tiene en cuenta muchas veces la proximidad a sitios que facilitan el atraco callejero, esto es, recursos para los eventuales compradores. Nuevos actores locales están percibiendo rentas del negocio.
Muchos dólares del narcotráfico se están convirtiendo en contenedores de mercancías chinas, pagadas en Panamá, y están inundando la distribución al detal en el mar de la informalidad callejera de nuestras ciudades. Las cantidades de dólares lavados por esta vía son, además de socialmente aceptadas, bastante consecuentes.
La lucha contra los capos, a lo que se dedica tanto recurso y discurso, no solucionará el problema por sí sola. El problema de fondo está en la alta vulnerabilidad de un sistema de ciudadanos con bajos ingresos, en una sociedad donde el ejemplo ha sido conseguir plata y poder a cualquier precio. ¡Bienvenidos al mundo del narcotráfico democrático!
Publicado El Nuevo Siglo 14-09-2009
Algunos pasos de la cadena del narcotráfico siguen buscando una perspectiva mayorista: El transporte de grandes cargamentos de droga por el Pacífico o por el Caribe y la introducción de pacas de dólares del negocio de una sola vez por aire o por mar. Pero ahora, muchos están entrando dólares en múltiples operaciones de pequeñas cantidades o en especie (contrabando).
Lo nuevo es que hay una mayor participación de grupos y personas distintos en las rentas de la logística del transporte como del lavado de los dineros.
El transporte de una lancha rápida desde el Pacífico colombiano cuenta con la participación de aventureros de Juradó en Colombia o de Jaqué en Panamá. Y en su viaje a México o a barcos intermedios, las necesidades en mantenimiento y abastecimiento permiten actividad económica y rentas a muchas comunidades sobre las costas centroamericanas. Son particularmente activas comunidades de las fronteras Panamá-Costa Rica y Costa Rica-Nicaragua. Muchas comunidades y grupos allí viven de la economía informal derivada de suministros, servicios, provisiones y a veces protección a este transporte. Cuando hay naufragios, ellos mismos pueden recuperar la droga y distribuirla en mercados locales.
En Colombia, la droga que no cumple con la calidad exigida por compradores será destinada al mercado local, principalmente en las grandes ciudades, donde está creciendo el microtráfico. Este microtráfico requiere una gran red de distribución, conformada fundamentalmente por grupos delincuenciales barriales y por familias que entran a la actividad. El mercado son principalmente los jóvenes de clase media o media baja. La elección del expendedor tiene en cuenta muchas veces la proximidad a sitios que facilitan el atraco callejero, esto es, recursos para los eventuales compradores. Nuevos actores locales están percibiendo rentas del negocio.
Muchos dólares del narcotráfico se están convirtiendo en contenedores de mercancías chinas, pagadas en Panamá, y están inundando la distribución al detal en el mar de la informalidad callejera de nuestras ciudades. Las cantidades de dólares lavados por esta vía son, además de socialmente aceptadas, bastante consecuentes.
La lucha contra los capos, a lo que se dedica tanto recurso y discurso, no solucionará el problema por sí sola. El problema de fondo está en la alta vulnerabilidad de un sistema de ciudadanos con bajos ingresos, en una sociedad donde el ejemplo ha sido conseguir plata y poder a cualquier precio. ¡Bienvenidos al mundo del narcotráfico democrático!
Publicado El Nuevo Siglo 14-09-2009
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